Por Ramón Flores el 30-Nov-2007 |
Inmersos en la vorágine de la pasada Champions, se nos pasó de modo imperdonable una obligada conmemoración del 75º aniversario del Real Zaragoza, uno de los grandes históricos de nuestro fútbol. Aprovechando la camiseta conmemorativa que estos días ha sacado el club maño, intentamos reparar la omisión dándonos un paseo por los orígenes de esta veterana institución. Tan veterana, que no sería descabellado considerar que es un club centenario.
Y es que el germen del Zaragoza nació hace ya más de un siglo. Como en tantas otras ocasiones, hubo un pionero que se puso manos a la obra y plantó la semilla que luego daría los frutos que han llegado hasta hoy; en nuestro caso se trató del conde de Sobradiel, don José Cavero y Alzíbar. Este joven aristócrata y algunos amigos suyos, poseídos todos ellos por la fiebre del nuevo juego fundaron en 1903 el Zaragoza Football Club, considerado como el primer club de Aragón y precedente del actual equipo. Conseguidos unos terrenos para jugar cerca de la estación de Sepulcro y concertado el primer partido contra otro equipo montado aquellos días, el Foot-Ball Oscense, este paleo-Zaragoza disputó su primer encuentro el día de Navidad de 2003, y el honor del primer gol correspondió al propio Sobradiel. Cuentan las crónicas que fue un tanto de bastante dificultad, realizado con fortísimo viento en contra, que incluso mereció la felicitación del árbitro. Era tal el entusiasmo del pionero, que durante un tiempo, el fútbol fue conocido en la ciudad como ?el jueguecico del conde?.
La primera aventura del fútbol zaragozano duró poco: sólo se disputaron cinco partidos en el Sepulcro, ya que parece ser que entre los cientos de personas que se congregaban para disfrutar del espectáculo se encontraba un cierto número de indeseables que se dedicaban a tirar piedras a los jugadores, interrumpir continuamente el juego y organizar tumultos. Ante lo insostenible de la situación, el club acabó por disolverse a finales de 1904, según unas fuentes, y en 1906, según otras. Sin embargo, el fútbol ya había arraigado en la capital aragonesa, y los primeros años del siglo vieron el nacimiento de otros conjuntos amateurs como la Gimnástica, el Aragón, el Recreativo, el Athletic, el España o la Agrupación. Fueron clubes fundados y compuestos por estudiantes de diferentes procedencias ?fue famoso el Camerún FC, integrado exclusivamente por alemanes-, y su existencia, aunque efímera, fue fundamental para mantener encendida la llama del balompié. Por estas fechas (1918) se disputó un primer campeonato local, que venció el España, y también se formó una selección aragonesa que se enfrentó, con bastante mala fortuna, a un combinado valenciano (0-8 entre los dos partidos).
A principios de los años veinte, dos clubes asumen el liderazgo en el fútbol zaragozano, dando origen a una enconada rivalidad que duraría una década. Por un lado, un grupo de estudiantes de Medicina liderado por Ricardo Arribas fundan el CD Zaragoza, equipo que en adelante sería conocido como ?los tomates? por el color de su camiseta y que ganaría potencial al absorber a dos clubes locales, el Fuenclara y el Stadium; de este último, por cierto, heredaría el Zaragoza actual su título de Real, muchos años más tarde. Por otro, el Iberia, que dominaba el fútbol de la ciudad desde hacía algunos años, amparado sobre todo en su feudo de Torrero, la ?catedral gualdinegra?, un gran campo para la época. La disputa entre ?tomates? y ?avispas? polarizó la ciudad, hasta el extremo de que incluso se fundaron periódicos como Zaragoza Deportivo y Semana Deportiva, que apoyaban preferentemente a unos o a otros.
Parecía casi imposible la fundación de un único club que representase a la ciudad y aspirase realmente a ser poderoso, pero cuando entran motivaciones de tipo económico, cualquier cosa puede ocurrir; ya se sabe que el dinero hace extraños compañeros de cama. He aquí, pues, que a principios de los años 30 el CD Zaragoza estaba en las últimas: tenía una enorme deuda, muchos jugadores se habían marchado, los antiguos rectores del club tampoco estaban, e incluso se habían quedado sin su antiguo campo de asalto. En estas circunstancias, no quedó más remedio que disolver la sociedad a finales de 1931. La batalla por la hegemonía la había ganado el Iberia, que mantenía varios millares de socios, el gran campo de Torrero, derechos federativos y un equipo prácticamente profesional donde destacaban futbolistas casi legendarios como Gayarre o Muniesa.
En esta tesitura, los rectores del Iberia parieron la gran idea que les acreditó como hombres con visión de futuro. Sabiendo que para crear un club que pudiera hacerse grande y competir al máximo nivel necesitaban de esa numerosa parte de la afición zaragozana que apoyaba al extinto Zaragoza. Así, en lo que podríamos calificar como una grandiosa operación de maquillaje, asumieron el nombre de la ciudad (y de su rival), cambiaron sus colores por el azul y blanquillo de la federación aragonesa y crearon un escudo donde al rojo del fondo bordeaba una franja amarilla y negra (que andando el tiempo desapareció) en homenaje a los colores de los dos rivales. Indumentarias ambas, por cierto, que ha vestido el Real Zaragoza en épocas modernas como segundo uniforme. Iba a cambiar la institución, pero el equipo, los directivos, el campo, todo, serían los del Iberia. Éste es, por tanto, el auténtico ascendiente del equipo actual.
Así, el 18 de Marzo de 1932 una comisión formada por representantes de los clubes recién disueltos acudió al Gobierno Civil de Zaragoza y constituyó la nueva sociedad. La presentación en sociedad del nuevo equipo llegaría dos días después en un partido contra el Valladolid, pactado por un traspaso ?ya se hacían estas cosas entonces- y que era la repetición de un encuentro disputado unos días antes en el que fue el último partido del Iberia. Fue un gran estreno, ya que el Zaragoza se impuso por 4-0, con el campo a reventar y el gesto simbólico en el descanso de arriar las banderas de los viejos clubes e izar la del nuevo. La alineación de este histórico partido (foto) fue Osés, Chomin, Chacártegui, Epelda, Salas, Orcolaga, Rolloso, Zorrozua, Anduiza, Tomás y Almandoz.
Fue el primer equipo del Zaragoza. Después llegarían muchos otros que alcanzaron renombre: los Alifantes, los Cinco Magníficos, los Zaraguayos, los Héroes de París? y esperemos que siga la lista, pues el Zaragoza, clásico, es uno de los clubes más simpáticos de nuestro fútbol; en particular, no creo que ningún gol de ningún equipo haya sido celebrado tan unánimemente en nuestra geografía como el de Nayim. Así pues, ¡larga vida!
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