Para mantener el interés de la audiencia, en un discurso o artículo, tienen que concurrir dos circunstancias importantes que cualquier escritor u orador debe plantearse. La primera premisa sería, el tema a tocar: el fondo. Es decir, la noticia, la crítica, el comentario ha de proporcionar, al oyente o al lector, la sensación de provecho, ventaja o utilidad. No hay otra cuestión más importante que esta, para persuadir a la persona de que el producto de gastar su tiempo va a obtener un buen fruto. La segunda, sería la forma, es decir, la habilidad en la comunicación del transmisor. Ahí, entran muchos factores determinantes, como son la elocuencia, el tono e incluso el gesto para hacer atractivo y/o divertido el mensaje que se quiere dar. Continuamente sabemos de muy buenos trabajos que no se les da la importancia debida y no se concluyen como buenos proyectos por no haber contado con una exposición exitosa, y esto se ve en todos los ámbitos. . Así pues, me atrevo hoy a abordar un tema, que en su fondo es de máxima importancia, pero lo hago con ciertos reparos hacía mis supuestas destrezas explicativas para mostrar un asunto de tanta envergadura. Aunque dicen que la intención es lo que vale, en este caso, ruego de ante mano, indulgencia para con el intento de esta difícil empresa. . Miren ustedes, no hace mucho tiempo en Holanda se hizo una curiosa encuesta con un alto porcentaje de muestra, la pregunta, aunque pueda, a algunos, parecer obsoleta, era la siguiente: ¿Cambiaría en algo su fé en Dios o en la Iglesia, si Dios fuera una sola persona, en lugar de tres?. Las respuestas, como cabe esperar y sobretodo con un amplio margen de población, fueron muy dispares; pero casi todas muy desesperanzadoras. Muchos, que se autodefinieron como ateos o agnósticos, mostraron su desprecio o indiferencia por tal asunto; mientras que otros, aun considerándose creyentes, practicantes o no, también confirmaron la despreocupación e importancia de la Trinidad. El argumento más común, entre estos, es que daba lo mismo, que fuera lo que fuera, lo que importaba era el mensaje. ¡Siendo este, como es, el misterio central de la vida de la Iglesia!. . Nunca este, ha sido un tema fácil y nunca lo llegaremos a entender en este mundo, pero es dogma de fé, es una verdad que debemos creer, si nos llamamos cristianos. Conocer el misterio de la Santísima Trinidad, nos involucra y compromete. Sabemos, por la revelación, que hay UN SOLO DIOS, en tres personas distintas entre sí, no por su naturaleza -que es la divinidad misma- sí por su obrar en la historia de la salvación. . Acabamos de pasar el domingo, donde especialmente la Iglesia nos pone delante este misterio. Todo el Evangelio nos presenta vigorosamente a un Dios único y al mismo tiempo distinto. Que Dios sea así, es algo que no está al alcance de nuestra inteligencia, pero una vez revelado por Jesús, resulta más fácil de asumir. La idea primordial, es que Dios es amor que se realiza en la comunicación continua y mutua entre las tres personas. Y la forma de comunicación entre Dios y los hombres, través de la Trinidad Santísima se encauza gracias a la Iglesia por Él fundada. La vida cristiana comienza en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: en el nombre de la Stma Trinidad hemos sido bautizados. También la Eucaristía comienza en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Cuando el sacerdote saluda a los fieles, lo hace generalmente con una fórmula trinitaria. Y así sucesivamente la Trinidad, está presente en cada momento de nuestra vida eclesial. Esta insistencia de Nuestra Madre la Iglesia llama al Misterio, un Misterio presente y eficaz para la salvación porque es el Misterio del Amor de Dios a los hombres. La sabiduría de Dios, nos dice que el Espíritu de Verdad, vendrá sobre nosotros. Por él entraremos en aquella relación de la cual salió el mundo: ?Todo lo que tiene el Padre es mío.? (Jn 16:15) El Espíritu Santo nos ?declarará? esta verdad y solo él puede traernos a la unión eterna del Padre e Hijo. . Dios nos ha revelado algo de su íntima naturaleza. Pero no lo ha hecho para que nosotros nos rompamos la cabeza, intentando comprender cómo es posible que las tres personas divinas no sean tres dioses, o intentando hurgar atrevidamente en la propia intimidad de Dios. Dios nos ha dicho como es, no para que nosotros sepamos cosas acerca de Él, sino para que nosotros le imitemos, en donación; en amor, en definitiva. Ya es tópico constatar que el misterio de la Trinidad suele ser visto por la generalidad de los cristianos como una especie de crucigrama sin solución ("no te metas en trinidades") o como una formulación catequética abstracta, lejana e inoperante. Así se la coloca entre las verdades que quizá hagan pensar pero que no hacen vivir. Con esto volvemos al principio, ¿Cambiaría en algo su fé en Dios o en la Iglesia, si Dios fuera una sola persona, en lugar de tres?, decía, la pregunta de la encuesta. Para mí, personalmente, y no sé, si me he sabido explicar, este misterio es una vivencia esencial. A mi, me conforta mucho, saber que Dios es mi Padre, es mi hermano, y que su Espíritu, me está continuamente infundiendo su Amor infinito. Así pues, concluyo, haciendo mio, el inicio de la oración a la Trinidad de nuestro querido Papa Juan Pablo II, ?Bendito seas, Padre, que en tu infinito amor nos has dado a tu Unigénito Hijo, hecho carne por obra del Espíritu Santo en el seno purísimo de la Virgen María? (Oración completa AQUÍ). . Tratar a la Santísima Trinidad.