Por José David López el 31-Mar-2008 |
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Con tan sugerente y a la vez respetuoso titular, una de las webs de mayor solera en Uruguay, evidenciaba su sentir ante el remolino de satisfacciones que está levantado River Plate. Sí, el fútbol charrúa también tiene su versión ?millonaria? aunque mucho más alejada del glamour bonaerense e instalado en la poblada Montevideo. Allí, en el coqueto Federico Omar Saroldi (en honor al primer goleador de la historia del club), unos 5.000 espectadores, disfrutan con un juego alegre, vistoso y ambicioso pero, desde luego, efectivo de cara al gol.
River es líder con 19 puntos en 7 fechas, suma 28 goles a favor y sólo 4 en contra, con lo que evidencia un impulso al fútbol total, muy alejado de la dinámica defensiva que promulga por decreto el fútbol charrúa. Cerca de alcanzar el ecuador del torneo y con una media superior a 4 goles por partido, el sueño de los darseneros está más cerca que nunca pues jamás han logrado título, reuniéndose toda su gloria en varios ascensos y la participación en la Conmebol de 1996.
De allí salió con destino a España, por ejemplo, el ?Petete? Correa, aunque los ídolos a día de hoy son bien distintos y responden al nombre de Urretaviscaya, Silva y, sobre todo, Giménez, máximo goleador. A pesar de todo, el poder de River está en el colectivo, un grupo armado en torno a una figura y con ideas claras.
El principal culpable de esta heroicidad es un absoluto icono del fútbol uruguayo, Juan Ramón Carrasco, ex seleccionador celeste y consumado ejemplo de ofensividad, una sella futbolística que le conlleva numerosas críticas aunque también elogios por su afán revolucionador. Suele jugar con tres puntas y varios hombres con mucha llegada e incluso los más extremistas recuerdan que en una lista para el preolímpico de Chile durante su mandato como técnico nacional, se llevó sólo a tres defensores de un total de 23 jugadores seleccionados. A pesar de eso, siempre se le recordará por romper los moldes retraídos que, sin ir más lejos, aparecen actualmente con Tabarez.
JR, como lo denominan en su país, es un personaje en sí mismo ya que nunca faltó a su carecer arrogante y perspicaz, lleno de segundas intenciones y declaraciones pedantes, pero igualmente ilusiona en la cancha. No especula jamás, siempre sale a por el contrario con las consecuencias que eso acarrea y, desde luego, es el extremo opuesto a la mezquindad predominante y al jugar pensando en los errores del contrario.
Con esa idea en la cabeza, sólo ha empatado con Peñarol, destrozando rivales por el camino a base de goles. 4 a Cerro, 5 a Danubio y Tacuarembó e incluso un ?siete? a Rampla Juniors. Registros sin igual, inútiles de comparación y que suponen un giro a la concepción predominante.
Dicen las lenguas que siguen diariamente al equipo que JR no trabaja la táctica, sino la técnica, obligando a sus pupilos a lidiar cuatro intensas horas practicando paredes, principal baza de su pensamiento sobre el césped. Con esos métodos, más o menos polémicos y con un juego eléctrico de raíz, son la sensación sudamericana. River (argentino) lo tocó para el post-Passarella y Racing puede ser su futuro (aunque conflictivo) destino.
Ese distanciamiento tan notable con respecto al conservadurismo uruguayo, se desgastó en la selección apenas a los diez meses de su llegada pero amenaza con una venganza en forma de secuela y vestido de darsenero. Puede que sólo se trate de un feliz capítulo pero si a base de brabuconadas llega el espectáculo al tedioso entorno charrúa, a buen seguro que una risueña resignación será el mejor de los desenlaces. Que siga la racha?
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