Hace unos meses leí la
interesantísima historia del Imperio Otomano escrita por
Jason Goodwin (
Los Señores del Horizonte, Alianza Editorial). Uno de los pasajes que más me gustó fue aquél en el que se hablaba de
Alí Bajá, el León de
Janina, gobernador del
bajanato de
Albania, que pese a estar nominalmente sujeto al sultán otomano, de
facto fue el monarca de la región durante largos años. Se dice que sus mensajes llevaban como s

ello cierta frase que decía ?
Haz lo que ordeno o la serpiente te devorará?.Se dice que el respeto que emanaba era tal que al asesinarle ¡tuvieron que disparar desde el piso de arriba! Lord
Byron hablaba de los albaneses caracterizándolos como fieras gentes, bandoleros, armados hasta los dientes y con rudos ropajes hechos de cuero y lana. Más allá de la importancia histórica del personaje, no deja de ser representativo que una de las etapas de mayor importancia de
Albania fuera aquella en que el León de
Janina imperaba a su libre albedrío por las balcánicas cumbres. Poca duda cabe de que, al igual que los pinzones de
Darwin, el hombre se hace al medio, y que precisamente pocos sitios tengan un ecosistema tan hostil como los
Balcanes.
Recuerdo cómo una de las cosas que más me impresionaron de mi pasado viaje a
Estambul fue cuando
sobrevolamos las montañas de los
Balcanes. Aún más presente tengo el oportuno comentario, de mi sabio compañero
enrogerado, que versaba sobre la incalculable cantidad de sangre que habían bebido tales cumbres. Ciertamente. El mayor de los infiernos linda con la Unión Europea y, en este caso, poca duda cabe de que la península balcánica sí forma parte del continente.
Los cambios producidos a finales del pasado siglos, con la caída del comunismo y el auge,
globalizado del capitalismo amparado por los
EEUU, ha practicado grandes experimentos en los más variopintos países. Si bien es cierto que China amaga con ser el próximo gran imperio gracias, en buena parte, a ello y que países como Polonia,
Hungría o la antigua
Checoslovaquia han podido entrar en la
UE, también es cierto, que como toda gran experimentación empírica, el ensayo, acaso inexcusablemente, lleva de la mano aparejado, en mayor o menor cuantía, el
adoctrinador fallo.
Aunque lo neguemos, mirando a otros países, otros conflictos y a otras guerras, el problema albanés nos afecta a todos, especialmente a los países ricos de la cuenca mediterránea. El caótico paso de la dictadura comunista de
Enver Hoxha a una economía, nominalmente, de mercado, no sólo no ayudó a la implantación de un pacífico y próspero país sino que motivó la concepción de una pesadilla de la que aún no ha despertado Europa.
Albania siempre fue un país despreciado por Europa. El hundimiento de dos barcos británicos, en octubre de 1946, en el canal de
Corfú debido a ciertas minas sembradas, presuntamente, por
Albania, motivó la exigencia británica de una
indemnización de 843.947 libras esterlinas a
Albania, cantidad que, con toda justicia, no se pagó. Como respuesta, el Reino Unido, confiscó los 7.100 kilos de oro que habían sido robados por los
nazis al gobierno albanés. Curiosidades de la Historia, parece ser que las minas fueron colocadas por Tito, es decir, el gobernante de
Yugoslavia, siendo más conveniente, con el eventual pragmatismo ?desinteresado? inglés, inculpar a la débil
Albania antes que al poderoso Estado Yugoslavo. El desencanto albanés no se hizo esperar, y al entrar los turistas al país se dice que existía un cartel que afirmaba: "
Aún
cuando tengamos que pasar sin pan, los albaneses no violamos principios, no traicionamos el Marxismo-lenninismo ", ello en base al desencanto albanés, no sólo con los yugoslavos, sino también con la
URSS.