Una vez leída casi al completo la saga del mago teenager más famoso de todos los tiempos después de Chespirito (que se mantuvo adolescente 80 años), me aburría tanto que he decidido a plagiar homenajear la idea que tuvo Wally Week en su día.
Admito que, si no has leído Harry Potter al menos hasta el sexto libro (que es donde se encuadra la historia), no lo pillarás del todo o nada. Admito también que es un tanto tocho (y tampoco, sólo 5 páginas Word + imágenes), pero ni mucho menos podría ser un "capítulo" en extensión de cualquier libro no coloreable.
Algo va mal en Hogwarts
La profesora Mcgonagall, Jefa de la casa de Gryffindor, había llamado a Harry Potter a su despacho a muy temprano aquella mañana. A Harry le habría encantado estar fuera, con todos sus amigos en aquellos primeros días de primavera, pero aquella mujer que miraba siempre con severidad no era como el tonto de Snape, al que faltarle al respeto estaba permitido en su fuero interno, pese a que en realidad le había salvado la vida alguna vez.
?Bien Harry, tenemos que hablar de algo serio ?dijo la mujer, mientras encendía con su varita el fuego de su chimenea, dándole a la habitación un aspecto mucho más acogedor.
?¿De qué se trata, profesora Mcgonagall?
La mujer, de fina cara y rasgos duros, se levantó y comenzó a andar por la habitación hasta detenerse en la ventana, por la que entraban los dorados rayos del sol.
?Como sabrás, desde que regresó Quien-tú-sabes...
?¿Voldemort?
?Sí, Quien-tú-sabes...
?No entiendo por qué todos lo llaman así. Ni siquiera entiendo por qué a la mitad de la Orden os dejan forman parte, si sólo Dumbledore y yo tenemos las pelotas cuadradas como para decir su nombre sin mearnos encima.
Durante unos segundos hubo un incómodo silencio, pero la profesora siguió hablando, como si no hubiera pasado nada.
?Bien. Desde su regreso, el Ministerio ha tenido que desviar muchos de sus fondos para capturarle y el presupuesto que iba destinado a Howarts se está reduciendo, por lo que tendremos que pedir a los alumnos que paguen unas tasas por permanecer aquí.
?Pensaba que todo esto era gratis, señora ?le contestó Harry, con aquella petulancia que había adquirido desde el tercer libro.
?Hombre, Harry. Podemos esclavizar a esos enanos elfos domésticos todo lo que nos de la gana, pero como comprenderás, yo no voy a aguantar a una pandilla de mocosos que podrían transformarme en un cubo de basura durante mis clases sin recibir un sueldo digno. Y por antigüedad, te aseguro que es un sueldo bastante grande.
?Bueno, no pasa nada ?dijo el chico, que se miraba la mano, recordando la herida que Dolores Umbridge, del ministerio, le había hecho en sus repetidos castigos, cuando el curso pasado daba clases allí?. Pagaré lo que haga falta, no es problema. En realidad me alegro que el ministerio no meta tanto sus narices aquí.
?Sé de sobra que para ti no es problema. Desde que Sirius murió... ?la profesora hizo una pausa, pues a Harry le cambió el semblante por un segundo, pero luego intentó disimularlo? sé que ahora eres más rico que todo lo rico que eras antes, pero el problema lo tendríamos con los Weasley.
?¿Qué sucede? ?preguntó Harry, haciéndose el tonto.
?Son pobres, Harry. Son miserablemente pobres desde el día que los conociste ¿no te habías dado cuenta?
Por supuesto, Harry disimuló un enorme «JA» que se le venía a la cabeza, arrugó el entrecejo y con la voz falsamente temblorosa, intentó cambiar de tema:
?¿Y Hermione?
?No habrá problema; sus padres son dentistas. Y por si no te habías dado cuenta, tampoco ?Mcgonagall le guiñó el ojo a Harry?, sus padres prácticamente pagan por no ver a la niña. ¿Recuerdas cuántas navidades ha vuelto a casa con sus padres desde que está aquí? (Creo que dos). Y desde hace unos años pasa más tiempo en verano en casa de los Weasley que en la suya propia. No, de Hermione no te preocupes.
?Verá, no olvido todas esas navidades que he pasado con ellos. Ni los regalos que me hacen, eso sí, mejor olvidando ese horrible jersey de mierda que me manda todos los años el día de navidad con una ?H? en el pecho, como si fuera subnormal y no recordara mi nombre... pero, ¿sabe qué le digo? Que se jodan, no pienso pagarles nada.
Mcgonagall se quedó paralizada y con la cara fruncida. Tenía tantas arrugas en aquel momento que, fácilmente, se podrían guardar todos los cromos de magos de las ranas de chocolate entre ellas.
?No me mire así ?repuso Harry al ver a su profesora estupefacta?. El señor Weasley, hasta que Voldemort volvió, trabajaba con artículos muggles; SABÍA que existen métodos para no tener tantos hijos. Pero el muy bastardo ha tenido un equipo de quidditch él solo. Bill, Charlie, Percy, Fred, George, Ron y Ginny. Joder, son siete. Desde que los conocí no me extrañó nada que tuvieran problemas para pagarse los libros, pero es que ni el señor ni la señora Weasley tienen cabeza...
Mcgonagall había vuelto a su sillón y, parecía por los leves movimientos de su cabeza, asintiendo, que le daba la razón al joven Potter.
?Ginny es la viva prueba de su estupidez y de lo puta que es?añadió Harry, sonriendo?. No le digo que yo no me imagine (y últimamente, lo hago mucho) tirándomela, porque se ha puesto de buena para eso. Pero esa mocosa ha tenido en dos años más novios que yo encontronazos con Snape. Y aunque Dumbledore me oculte el por qué confía tanto en Snape como giro argumental en el último libro, YO-ODIO-A-SNAPE-MUCHO.
En aquel momento llamaron a la puerta y Mcgonagall dio por finalizada la reunión.
?Bueno ?comenzó a decir la profesora? en tal caso creo que llamaré a los gemelos para ver si se hacen cargo. Espero que de verdad hayan ganado tanto dinero con su tienda de bromas, aunque tampoco entiendo cómo los mortífagos no se la han quemado ya, si han arrasado la mitad del callejón Diagón si todo el mundo sabe que le lamen el culo a Dumbledore.
Pero Harry ya no la escuchaba. Se había levantado para abrir la puerta del despacho, tras la que encontró a Remus Lupín, que buscaba al propio Harry. Cerró tras la puerta tras él y se quedó mirando a su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras un rato. SIEMPRE que Harry veía a Lupín iba MÁS ANDRAJOSO que antes, y eso era, en cada ocasión, más difícil. Vale que fuera un amargado y un hombre lobo, pero sólo tenía que preocuparse de transformarse un par de veces al mes. Harry tenía al maldito Señor Tenebroso tras él desde que recordaba, y conservaba su dignidad al vestir.
?Hola Harry, te he estado buscando ?dijo Lupin.
El profesor, en esta ocasión, tenía un aspecto más andrajoso que la vez anterior (¡claro!). En realidad Lupín sólo vestía unos calzoncillos llenos de mugre marrón y tenía el cuerpo entero lleno de arañazos que, posiblemente, él mismo se había hecho para dar más pena. Por todo su cuerpo desnudo llevaba restos de lo que posiblemente fuera mierda de centauro y echaba una gran peste.
?Mire, profesor, ahora no tengo tiempo ?se apresuró a disculparse Harry, que ya había salido corriendo por el bochorno que Lupín le ocasionaba frente al resto de sus molones y valientes compañeros de Gryffindorrrrrrrrr.
?¡Escucha, Harry! ¡Tengo algo importante que decirte! Sé que nunca nos hemos llevado tan bien como debería y que desde que dejé de ser tu profesor me tratas con más pena que otra cosa, pero me han dado el chivatazo de que Draco Malfoy prepara algo con nosequé armario evanescente en la séptima planta de Hogwarts...
Nadie prestó atención a sus palabras, pues todos sabían que los hombres lobo, pese a que Lupín era un hombre en aquel momento, eran, por lo general, deleznables porque sí.
Harry corría camino de la torre de Gryffindor para avanzar en sus estudios de pociones. Ahora que tenía el libro del Príncipe Mestizo en sus manos era el primero de la clase y dejar a Hermione en mal lugar era siempre un buen motivo para estudiar. Mientras avanzaba, al girar la vista por un pequeño pasillo, Harry vio a Ginny dándose el lote con Dean Thomas y le pareció que la niña le guiñaba el ojo.
?Pronto, puta pelirroja... ?susurró Harry, sin poder dejar de imaginarse metiéndole mano, como le llevaba pasando desde hacía varias semanas sin saber por qué. No obstante sospechaba que todo era debido a que el curso pasado no había podido acostarse con Cho Chang.
En aquel momento hubo un gran estruendo por todo el colegio y se oyó la voz de Snape, que aunque nadie podía ver, seguro lleva el pelo grasiento como cortinas y la piel cetrina:
?¡Sonorus! ¡Sonorus! ¡Sonorus! ?repitió en varias ocasiones el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. No se había enterado que el hechizo había funcionado y que se le podía escuchar por todo el colegio, puesto que debía de tener los oídos llenos del semen de Lord Voldemort. Pasados unos segundos de silencio, pareció comprender que sí había funcionado?. Ehem... avisamos a todos los alumnos que, por error, el director Albus Dumbledore ha tomado una poción que produce la locura transitoria, creyendo que era brandy. Si alguien se lo encuentra que no le diga nada y siga su camino sin hablarle y lo comunique a cualquier profesor.
Luego se oyó a Snape pronunciar el hechizo «Quietus», que contrarrestaba al anterior, y todo quedó en silencio por donde caminaba Harry, apresurado por chupar su ejemplar firmado por el Príncipe Mestizo. Al cruzar la siguiente esquina, para su sorpresa, se encontró con el director Dumbledore, que le sonreía con sus aires de mariposón habituales, por lo que no le dio importancia y siguió caminando, como había dicho Snape (al que odiaba).
?HOLA HARRY ?dijo gritando, con una voz muy aguda, inusual en él? ¿VAS A BUSCAR AL SEÑOR TENEBROSO?
El muchacho le miraba incrédulo.
?SI QUIERES PUEDO AYUDARTE.
?Mire, director, tengo mucha prisa. Quizá podamos hablar en una de nuestras clases particulares... cualquier otro día.
Harry dio unos cuantos pasos más, pero Dumbledore se puso en medio.
?¿NUNCA TE HE CONTADO QUE PODRIAMOS HABER SALVADO A TUS PADRES DE HABER QUERIDO, HARRY? SÓLO TENDRÍAMOS QUE HABER USADO UNO DE ESOS GIRATIEMPOS QUE LE DIMOS A HERMIONE EN SEGUNDO Y HABER ATACADO A VOLDEMORT POR LA ESPALDA ANTES DE QUE LOS MATARA, PERO EN EL MINISTERIO LLEVABAN MESES SIN COGER VACACIONES CON EL ASUNTO DE VOLDEMORT. SABIENDO EL ESCONDITE SECRETO DE TUS PADRES TRAS HABER MUERTO NO HABRÍA NINGÚN PROBLEMA EN ENCONTRARLOS Y PONERLOS A SALVO PERO... ?Dumbledore juntó el dedo pulgar y el índice, formando un círculo y a continuación sacó la lengua a través de éste, profiriéndole a Harry un horrible gesto.
Aquello era asqueroso para Harry, no solo por el gesto, sino también porque Dumbledore llevaba una mano negra, como putrefacta, y la estaba tocando con su lengua. Pero el director se percató de esto.
?¿NO TE GUSTA MI MANO, HARRY? ?le preguntó el director, que se llevó el dedo meñique a la boca y lo relamió lentitud y descaro? ¿NO TE GUSTA?
El director, demostrando otra vez su agilidad inusual en un hombre tan viejo, le metió el dedo chorreante a Harry por la oreja. El chico no pudo contener las lágrimas. Dumbledore, que medía alrededor de dos metros, tumbó a Harry con facilidad y comenzó a restregarle la mano putrefacta por toda la cara, mientras le repetía entre risas «¡SI TE MOLESTA DÍMELO HARRY PORQUE NO TE OIGOOOO!». Debajo de la túnica del director éste no llevaba nada y salía un olor a sudor horrible, por lo que la situación era, cuanto menos, incómoda.
?¡Déjeme en paz! ?gritó el chico, que consiguió zafarse del director metiéndole los dedos en los ojos, por encima de sus gafas de media luna.
Entonces Harry se apresuró a correr, mientras Dumbledore trataba de incorporarse. Giró a la izquierda y luego a la derecha en esos pasillos inventados que surgían al gusto de quien escribía la historia apoyándose en que Hogwarts era mágico. A sus espaldas podía oír como perfectamente Dumbledore le gritaba:
?¡TUS PADRES ESTÁN MUERTOS, HARRY, PERO LOS MÍOS TAMBIEN Y NO VOY POR AHÍ HACIENDO UN DRAMA. SI NO TE CUENTO NINGUNO DE LOS SECRETOS QUE ME TRAIGO CON SNAPE ES PORQUE ÉL LA CHUPA MEJOR. Y HERMIONE GRANGER TAMBIÉN LA CHUPA MEJOR, POR ESO LE DIMOS EL GIRATIEMPO!
Cuando Harry por fin llegó al marco de la señora gorda iba bañado en lágrimas, sudor de viejo rancio y mierda de hombre lobo. El chico gritaba la contraseña sin parar varios metros antes de llegar hasta el cuadro, que también era puerta de la Torre de Gryffindor.
?¡Señora Gorda «TODAS PUTAS», Señora Gorda, la contraseña es «TODAS PUTAS»!
?Puta tu madre, Potter. PUTA TU MADRE y para gorda la mierda que llevas en la cara?le respondió el cuadro enojado, que no le dejó pasar.
Harry Potter se desmayó entonces, sobrepasado por la situación. Aquel, sin lugar a dudas, había sido el peor día de su vida. Peor que cuando su padrino, Sirius, le abandonó atravesando una puerta mágica. Peor que cuando sus padres murieron porque, en el fondo, nadie quería salvar al engreído de su padre. Pero él jamás lo recordaría. Al día siguiente, cuando la situación estaba controlada y Dumbledore seguía emborrachándose con brandy en su despacho, Snape tuvo la amabilidad de hacerle un encantamiento desmemorizante al pobre muchacho, cuya única secuela fue un extraño dolor en el culo con el que se había despertado, tras pasar varias horas durmiendo en la mazmorra del Jefe de Slytherin.
Nunca entendió por qué Snape olisqueaba su varita con tanto placer cuando él andaba cerca.


Leído 2 veces

|