Por pocote el 13-Jan-2009 | A pocos días de realizarse las elecciones para diputados y concejos municipales, así como a escasos dos meses de las presidenciales, vale la pena hacerse unas reflexiones ¿qué le han dejado los cuatro gobiernos de Arena a El Salvador? ¿por qué la insistencia de ese partido a perpetuarse en el poder? ¿por qué los salvadoreños tendrían que aceptar sus promesas y votar por ellos? La actual fórmula presidencial de Arena formada por el policía fracasado Rodrigo Ávila y el tránsfuga Arturo Zablah, en sus planteamientos demagógicos admiten que el modelo neoliberal fue un rotundo fracaso, que el mercantilismo y los monopolios impusieron su ley, que la agricultura fue abandonada totalmente, no se generaron empleos, la delincuencia y el crimen organizado, rebasaron la mínima capacidad de la PNC y, en fin, la corrupción, el contrabando y la evasión fiscal han sido temas pendientes de ésta y las anteriores administraciones areneras. ¿En qué quedamos entonces? Por lo tanto, su slogan lo resume todo: ¡hay que construir un país más justo! Es decir lo que no hicieron en veinte años, lo ofrecen ahora como anzuelo de la campaña electoral. Lo hemos dicho en anteriores comentarios y lo reiteramos ahora: las encuestas son una muestra puntual de lo que siente y piensa la gente. Por lo tanto, para rebatir tales resultados es necesario resolver los angustiantes problemas del alto costo de la vida, el injusto sistema económico y la depresión social. Ahora ya es demasiado tarde y nada más preparan las maletas para salir en desbandada como ratas del barco naufragando. En tal panorama nos encontramos en el presente. Un país donde el desempleo es altísimo (siete de cada diez salvadoreños), donde la capacidad adquisitiva de amplios sectores de la población es desconsoladoramente baja, donde la agricultura está en crisis y la pequeña y mediana industrias, que son las nacionales, llegan al borde mismo de la bancarrota, el progreso o eso de ?construir un país más justo, con más empleos y mejores salarios?, está muy lejos de hacerse realidad, el desarrollo lo tarda, cuando no se paraliza. Y aquí debemos ser claros y justos: los banqueros y los capitalistas no son obreros ni campesinos, ni pequeños burócratas, ni artesanos menores. Los gobiernos de Arena única y exclusivamente han servido a un grupo reducido de la sociedad salvadoreña. Su doctrina incambiable es, pues, esa tan graciosa de ?ande yo caliente y friéguese la gente?; y su filosofía, la de ?después de mí, el diluvio?. Los reiterados llamados de y hasta admoniciones de organismos de las Naciones Unidas y de Clasificadoras Internacionales de Riesgo sobre la necesidad de aumentar el presupuesto en inversión social y evitar el endeudamiento y el despilfarro, les entró por una oreja y les salió de inmediato por la otra. Los areneros oyen llover y no se mojan; pero como todo en la vida nada es eterno y el pueblo se apresta a cobrarles cuentas, a sacarlos del poder, por tanto engaño, miseria y desolación. Es la más pura realidad nacional las que les ha dicho ¡basta ya! Hasta ahora, los impuestos se han recaudado en su mayor parte de los obreros, de los burócratas, de los profesionales modestos y de los pequeños empresarios. A los tiburones se les han concedido todos los privilegios, todas las excepciones. Esto lo dijo un ex embajador de Estados Unidos y el gobierno no respondió, ni siquiera adelantó algunas medidas para corregir el aspecto fiscal. Por el contrario, funcionarios y burócratas que siempre han medrado en las finanzas públicas se adelantaron a declarar que era necesario (cobrar menos impuestos o permitir la evasión a las grandes empresas) para ?impulsar la actividad económica en grande?. En estos veinte años no se han generado fuentes de trabajo; pero si paraísos fiscales, sobre todo para las empresas de maquila, provocando explotación de obreros y desigualdades brutales manifiestas. La minoría privilegiada se hizo inmensamente más rica y la mayoría explotada se hizo abrumadoramente más pobre. Con las concesiones señaladas el régimen argumento que se trataba de evitar la fuga de capitales (?); pero los capitales cómodamente engordados se fugaron, no pocos, subrepticiamente al extranjero, o fijaron su matriz más allá de nuestras fronteras. Un amigo hondureño me decía: ?mira como está de fuerte la inversión de tu país en Honduras?. Pues sí, no sólo los capitales golondrinas de las maquilas, también de los monopolios. Nadie después de veinte años de gobiernos areneros puede negar que somos un país invadido económicamente por los monopolios. Pero como no vale la pena lamentarse solamente, sino actuar para crecer y emanciparse, bien está la política fiscal que premia a los grandes evasores y castiga a la mayoría de salvadoreños. Bien está aceptar la propaganda sucia y las calumnias que encabeza el diario de hoy y su extremista director, al proclamar que ?nadie fuera de Arena puede crear empresas y generar empleos?. Sí con esos cantos de sirena somos más felices ahora los salvadoreños. Por eso no les gusta el programa de gobierno del FMLN que adelanta la necesidad de equilibrar la carga fiscal exigiendo más a los ricos y comenzando a aliviar a los débiles; bien está procurar la diversificación de mercados que aflojen las ataduras del monopolio eterno; y bien está empujar a los banqueros, por ejemplo, a que dejen de hacerse patos (aunque tan altivos como si fueran cisnes legítimos) diciendo que benefician y salvan al país engordando sus arcas particulares y en verdad promuevan, de manera más activa y eficaz, la utilización de los fondos que captan del ahorro ajeno en inversiones productivas, pero especialmente, como bien lo expresa Mauricio Funes, en aquellas que contribuyan en mayor grado a satisfacer las necesidades más urgentes de la colectividad. Después de este breve repaso de lo que han significado los cuatro sucesivos regímenes areneros ¿creen ustedes que se merecen una vez más el voto popular para continuar en la presidencia, en la Asamblea Legislativa y en las alcaldías? ¿cómo un país inteligente puede premiar la prepotencia y el autoritarismo? Si analizamos con imparcialidad y objetividad lo que hemos tenido en estos veinte años, fácilmente llegamos a la conclusión que ha sido un desastre, un administrar el país para los privilegiados de siempre, mientras la mayoría de salvadoreños buscan la forma de salir adelante, de crear pequeñas empresas, montar talleres de reparación de vehículos, poner ventas de comida rápida o ?chupaderos?, centros de artesanía. No por voluntad propia más de 800 salvadoreños parten todos los días por las más diversas vías hacia los Estados Unidos; porque eso sí, este y los anteriores gobiernos de manera descarada y perversa han generado desempleo para que millones de compatriotas se vayan al país del Norte y envíen remesas para mantener a flote la economía del país. Esperamos que la larga y dura noche de la ignominia y la tristeza llegue pronto a su final, que la alternancia como una realidad natural de la democracia, sea aceptada por la oligarquía y sectores más recalcitrantes del gran capital, incluyendo a extremistas signados por el odio y la amargura como el dinosaurio de el diario de hoy. Esa ilusión y la esperanza de millones de salvadoreños está a punto de concretarse, lo han dicho todas las encuestas de opinión pública y lo expresa la alegría y el entusiasmo contagiante que se viven en todos los rincones de El Salvador.
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