Por Viento el 20-Jan-2008 | 
¿Cómo que se fue? No me diga eso, don Andonaegui. ¿A dónde se fue?
A París, dicen.
¿Cuándo se fue? ¿Le dijo algo? ¿Le dejó algún recado para mí?
No, ninguno. Asdrúbal tampoco se despidió de mí, pero yo sí de él. Sabía que se iría algún día, su mirada, sus palabras y gestos revelaban que habría un cambio.
¿Qué cambio don Andonaegui? No entiendo nada, ¿a qué se refiere?
Al cambio oportuno trazado a tiempo. Al que llevamos dentro, que se lee en nuestras pupilas.
Yo no pude leerlo en mi amor, tampoco lo leo en usted, señor.
No lo leerá en mí Adelita, porque no hay cambio oportuno en mí. Soy un ser que siempre espera algo, pero no será mi cambio.
Sabe, Andonaegui, siempre me pregunté qué esperaba yo, qué esperaba mi madre de mí, mi marido?¿qué espera cuando desaparece?
No lo sé, no sé qué espera su marido. No tengo sus ojos frente a mí. Quizás si los tuviera enfrente? no sé, no sé Adela?
Tiene mis ojos frente a los suyos, Andonaegui, dígame entonces cuál será mi cambio oportuno.
¿Por qué habría de decírselo Adelita? No soy un adivinador, no predigo el futuro, solo sé que en la mirada de la gente, en el tono de su voz al pronunciar ciertas frases? eso, eso lo veo como un trazo, como un pensamiento que comienza y termina en el mismo punto, ese punto que contiene la extensión sin dirección de un suspiro interrumpido.
¿Interrumpido? ¿Qué interrumpe al suspiro?
El cambio oportuno trazado a tiempo, en el momento exacto.
Leído 34 veces

|