
Necesitaba verlo otra vez, Andonaegui, me pregunto por qué, ya que la última vez que nos vimos fue usted bastante seco conmigo. Sin embargo, aquí estoy, frente a usted. Ajá. Ajá? Nada más? No me va a preguntar nada? No. Quiere usted, señorita Martínez Arata, preguntarme algo a mí? No sé, solo se que tuve el impulso de verlo.
Bien, acá estoy, me ve?
Sí, claro que lo veo.
Bueno. Eso es bueno.
Qué?
Que me vea y que haya sentido ganas de verme.
No le parece que es usted muy pedante, señor Andonaegui? Por qué sería bueno para alguien tener ganas de verlo?
No sé. Simplemente digo que es bueno que usted me vea porque tenía ganas de hacerlo y si lo hace y es eso lo que quería, entonces es algo bueno, no?
Y, sí.
Qué ha decidido?
Decidido? Con respecto a qué?
A cualquier cosa. Usted es la que decide.
No he decidido nada el día de hoy.
Uhm! Eso no es bueno. Por qué?
Porque usted es la que decide siempre, y hoy no ha decidido nada, debe sentirse vacía, sin poder, no inventar nada, no saber qué va a pasar...no?
Sigue con la pedantería, usted piensa que lo sabe todo? No, mi querida, no. Acá la que sabe es usted, o eso dice...
Qué sé?
Usted sabe por qué me vino a ver, solo que no se decide a verlo.
Es por eso que siento que lo tenía que ver a usted. Para decidir. Uhm, eso es malo, otra vez. Si usted dijo que siempre decide sola, por qué necesitaba verme a mí para decidir? Pareciera ser que... Que no puedo decidir? Bien! ya está viendo algo más. Sí...tiene razón...y ahora qué hago?
Siga viendo, revisando las cosas, sus hechos, sus posibles futuros, sus creaciones por venir... probablemente cuando decida ya no necesitará más ver a Andonaegui.
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