Por Ramón Flores el 01-Oct-2008 |
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Enormes centrales. En un partido de enorme dificultad, Pepe y Cannavaro volvieron a demostrar que forman una de las mejores parejas de centrales del fútbol europeo. El portugués es una montaña fibrosa inaccesible en el uno contra uno, con un innato sentido de la anticipación y un notorio imán para los balones divididos: su último balón desviado fueron dos puntos para el zurrón blanco. El italiano, por su parte, mucho más discreto pero igualmente efectivo, secó a Pogrebnyak con tal autoridad que Advocaat acabó sacándolo del campo en el momento más decisivo del partido. Concentrados, su solvencia es suprema, incluso en medio de situaciones tan críticas como la de anoche.
El Zenit, una máquina ofensiva. No tiene el equipo ruso el nombre suficiente para que la victoria madridista de anoche sea una campanada mediática en Europa, pero pocas veces habrá salido indemne el equipo blanco de un bombardeo como el que sufrió en el Petrofsky. Los de Advocaat compensan sus miserias defensivas con un despliegue en ataque que seguramente sólo puede igualar, a pleno rendimiento, el Manchester United ?su víctima en la Supercopa de Europa- y anoche lo demostró de sobra. Pocos equipos le han hecho tantas oportunidades, y tan diáfanas, al Real Madrid, y pueden mostrar tal variedad de recursos, con laterales, medios y delanteros jugando el balón con sentido, abriendo el juego a bandas o filtrando pases según convenga, a una velocidad en ocasiones electrizante. Sus centrales lo penalizan, pero este equipo puede ganar a cualquiera y en cualquier estadio, así que nadie lo dé por muerto a pesar de llevar cero puntos en dos partidos.
Vía de agua. No es fácil saber si fue por mérito del equipo ruso o demérito de Schuster, pero no es normal la autopista que mostró anoche el Madrid por su banda derecha. Sergio Ramos sufrió lo indecible ante Arshavin y Sirl -más las entradas de Denisov y las ocasionales caídas de Danny por allí- y nadie parecía ayudar ayer al sevillano; esto hay que ponerlo en el debe de Robben, quizá, u jugador muy brillante pero demasiado unidireccional cuando su equipo pierde el balón. La entrada de Javi García buscaba reforzar esa parte del campo, pero el canterano no fue el tapón que necesitaba el Madrid, y sin embargo el equipo leyó el mensaje como una orden de encerrarse y achicar agua. Es un problema que el alemán tiene que resolver ante equipos con un buen ataque por el flanco izquierdo.
Dos colosos. Dentro del buen nivel general del equipo local, dos futbolistas de primer nivel se elevaron sobre el resto. Por un lado Arshavin, que por un día se olvidó de su descontento, de sus problemas de peso y de su pérdida de jerarquía en el equipo para mostrar su inagotable repertorio de detalles técnicos y ese regate seguido de aceleración corta y centro medido que no tiene parangón en el fútbol europeo. Asistencia para el primer gol y media hora final para enmarcar. Por otro lado, el dominio del Zenit en la segunda mitad tuvo mucho que ver con el crecimiento en el partido del mediocentro Tymoschuk, que había sido también el timón al que se habían aferrado sus compañeros en un complicado comienzo de encuentro. El ucraniano acabó imponiéndose, por potencia y colocación, a los mediocentros del Madrid -algo timorato De la Red, por cierto, cuando el partido se embraveció- y acabó de central, proporcionando a la zaga una seguridad de la que había adolecido hasta ese momento. Uno de los mejores tapones del fútbol europeo.
Raúl, al banquillo. Quizá porque todos teníamos en mente que pasaría pronto no ha parecido tan raro, pero es la primera vez en muchos años que Raúl ve un partido grande desde la grada sin que medien lesiones o sanciones. De este modo, Schuster ha dado un golpe de autoridad, proporcionando credibilidad a su política de rotaciones, y de paso, alejando rumores sobre el supuesto peso de la opinión de Raúl en las alineaciones del Madrid. Ahora al alemán le queda el trabajo psicológico de lograr que el capitán asuma su nuevo rol, 0quizá no de suplente, pero tampoco ya de titular indiscutible; si lo consigue, le habrá hecho un gran favor al equipo, a sí mismo y, muy especialmente, al propio Raúl. Considerando su edad y estado físico, es bastante probable que el rendimiento global del siete sea mucho mayor si se le dosifica adecuadamente (especialmente lejos del Bernabéu) que si sale de inicio en todos los partidos.
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