Por Dadan Narval el 07-Sep-2007 | En el mundo de los blogs de temática deportiva hay presente una importante crítica hacia el periodismo deportivo en nuestro país. Las pantallas se vuelcan en diatribas contra el papel. Mientras los periodistas ven en la mayoría de los casos a los bloggers como amateurs que no conocen los entresijos del oficio, éstos ven en los anteriores a un espejo en el que mirarse y que les devuelve una doble imagen: lo que querrían ser y lo que no. Abundan, así, las críticas por parte de los bloggers hacia los periodistas. Sin embargo, no hay demasiados casos de bloggers que elaboren una ?crítica positiva? de la prensa deportiva, señalando más cómo debería ser la prensa que querrían, que los evidentes y más que conocidos vicios que habitan en la actual.
Este post es, en ese sentido, un intento, modesto, de elaborar una crítica positiva de la prensa deportiva ?fundamentalmente escrita-, por parte de un blogger que, a su vez, es consumidor de la misma. Un intento que es consciente de que los escenarios ideales ?como el que vamos a abocetar aquí- son más horizontes a los que intentamos vanamente llegar que espacios realmente alcanzables. Horizontes que, sin embargo, nunca deberíamos de perder de vista.
Lo primero a señalar es relativo a la información. Todo medio es fundamentalmente un proveedor de información y, en este sentido, ha de velar por su mayor valor: la calidad y credibilidad de la misma. En lo relativo a la calidad, es demasiado habitual leer a periodistas que no saben de lo que hablan, que no dedican suficiente tiempo al estudio de la materia sobre la que escriben. En lo relativo al fútbol, por poner un ejemplo, clama al cielo encontrar ?analistas? de fútbol internacional que ignoran absolutamente todo de lo que rodea los partidos tratados: equipos, historia, jugadores, etcétera. Algo imperdonable, en la medida en que la ?formación? para poder tratar estos temas con un mínimo de rigor, está al alcance de su mano. Internet, la televisión por cable o las numerosas revistas internacionales disponibles en todos los quioscos, son fuentes que deberían consultar, al menos, de vez en cuando.
En cuanto a la credibilidad, es cierto que un medio no puede comprometerse a decir ?la verdad?, porque ésta es una categoría difícil de precisar. Sin embargo, sí ha de ser ?veraz?. La veracidad de lo informado es fundamental en la relación que se establece entre el medio y el lector. Aquí la prensa deportiva parece tener un crédito inagotable. Las ventas no disminuyen, sino que aumentan con cada rumor infundado sobre fichajes que los periódicos incluyen en portada. Un lunes un periódico deportivo abre con un titular del estilo de ?Fulanito nuevo jugador del FC Tal?, y el martes el jugador ficha por otro club. El periódico olvida el tema, y abre, el miércoles con otro supuesto fichaje que sustituye al anterior. Así sucesivamente, hasta el infinito. En este aspecto, los periódicos deportivos de nuestro país funcionan disparando a discreción. Cada verano y cada diciembre, todos los periódicos apuntan, en portada, del orden de veinte o treinta fichajes para cada equipo. Por una cuestión estadística, alguno aciertan. Cuando esto sucede, los días siguientes el periódico en cuestión inunda sus páginas con titulares del estilo de ?Nosotros ya lo dijimos?. Sin embargo, no hay lugar en las propias páginas para la explicación del error, para la matización de lo dicho anteriormente cuando el fichaje noticiado no se cumple. Las ?verdades? se subrayan, las mentiras se olvidan.
En el mismo sentido, la información además de veraz, ha de ser tratada independientemente de posibles intereses, en este caso, deportivos. Las líneas editoriales de los periódicos deportivos de nuestro país no se entienden si no es a través de la cercanía a un club determinado. Más allá de posibles brindis al sol de la objetividad, es bien sabido que hay periódicos del Real Madrid (Marca y AS), del Barcelona (Sport y Mundo Deportivo), del Valencia (Superdeporte), etcétera, etcétera. Esto, que suele ser criticado, no creo que sea necesariamente algo negativo. Es posible que el lector reclame un mayor seguimiento de su equipo y que compre determinado periódico precisamente por ello. El problema surge cuando el seguimiento de un club se confunde, por parte del medio en cuestión, con el ?seguidismo? a toda costa del mismo. Esto sí es un problema, en la medida en que convierte un mismo hecho en algo bueno o malo dependiendo del protagonista y, consecuentemente, resta credibilidad a todo el conjunto del periódico. El valor de la información, en estos casos, no parece residir en el hecho informado, sino en los posibles beneficios deportivos que se consiguen: apoyar un club o desestabilizar a otro. Los ejemplos de esto son innumerables (no hay más que echar un vistazo al tratamiento que del Real Madrid se realiza en Sport o al modo en que se informa sobre el Barcelona en AS), y no nos vamos a detener en ellos. Baste con decir que si bien la objetividad es probablemente una meta inalcanzable ?e incluso quizá ni necesaria ni deseable-, la coherencia con los propios argumentos no. Y si no podemos exigir a la prensa que realice su labor desde una premisa de objetividad, sí le podemos exigir que, al menos, sea coherente con lo escrito. Si ?A? es malo de blanco, lo ha de ser de blaugrana y viceversa.
En este mismo sentido, la prensa ha de ser doblemente respetuosa: con el protagonista de la noticia y con el lector. Sobre el respeto hacia los protagonistas de la noticia, es lamentable el asistir al baile de insultos, descalificaciones y acusaciones gratuitas, más o menos velados, más o menos entre líneas, que la prensa deportiva dedica a diario a los rivales de su equipo y, puntualmente, cuando la pelota no entra, a sus propios jugadores. Cuando esto sucede, los ídolos que antes han adorado sin matices pasan a ser, sin solución de continuidad, poco menos que criminales: vagos, millonarios mimados, malos ejemplos sociales, incultos, desagradecidos, etcétera. Se juzga y se declara culpable, sin lugar para la piedad ni para la comprensión de su situación, al deportista. En ocasiones se le estigmatiza hasta tal punto que su propia vida se ve afectada.
El árbitro es sin duda quien más sufre en estos casos. Verdugo, sinvergüenza, ?gandul?? son sinónimos con los que tiene que convivir y a los que nunca se pone freno.
El respeto por el protagonista ha de ser extensivo al mismo deporte. La acusación sistemática y sin pruebas por parte de la prensa deportiva de corrupción en el juego es un elemento con el que se convive con demasiada normalidad. Los periódicos deportivos, que hacen del tratamiento del deporte su razón de ser, no dudan en tildar de ?timo? a todo el conjunto cuando las cosas no van por donde querrían. El fútbol es el mayor ejemplo de esto. Si las cosas van bien para sus equipos, el fútbol es un espectáculo maravilloso, impagable, indescriptiblemente grande. Si van mal, es una corruptela sin fin, un mundo podrido, algo que apesta. Teorías como la del ?Villarato? o ?la conspiración centralista?, cercanas al tipo de teorías conspirativas, son demasiado habituales en nuestra prensa. Claro está, la corrupción sólo afecta al juego cuando pierde el equipo cercano al periódico. Cuando gana, sin embargo, todo está en regla.
Hablábamos también del respecto al lector. Es algo necesario. Uno tiene la sensación de que la prensa deportiva trata a su público objetivo poco menos que como si fuera un idiota. El lector de prensa deportiva no es tratado como un lector inteligente. Todo lo contrario. No hay generalmente lugar en ella para las gamas de grises, para la recapacitación, para el pensamiento, ni siquiera para la duda. Las ideas son siempre claras y nítidas. Al lector se le da bien mascado lo que tiene que pensar en cada momento: esto es bueno, esto es malo, estoy hay que aplaudir, esto hay que silbar. Los titulares, en este sentido, son explícitos, periodísticamente pornográficos: ?Equipo campeón?, ?Desastre total?, ?Estrellas?, ?Estrellados?. Este modo de tratar la información busca una reacción del lector: aplauso o silbido, adoración o repulsión, que no se deja a su elección, sino que lo dicta el periódico.
En lo relativo al lector, y en este mismo sentido, la prensa deportiva tampoco debería tener ese tono moralizante que tantas veces inunda sus páginas. Es realmente triste comprobar cómo los periódicos de deporte hacen del tópico moral un terreno abonado desde el que censurar actitudes, modos y formas de los deportistas. La recurrencia al ?ejemplo que el deportista X está dando a los niños? o a comparar el sueldo de los deportistas de élite con el de los ?mileuristas? son dos ejemplos significativos de esto. En no pocas ocasiones el periodista deportivo se hace con un papel que no le corresponde: el de juzgar lo que otros ganan o dejan de ganar por su trabajo, señalando al deportista como objetivo de las posibles iras del público por algo que nada o muy poco tiene que ver con lo deportivo.
Esto último se puede enlazar con una premisa fundamental que toda prensa debería cumplir: el periodismo nunca ha de ser practicado como un juego de poder. Es indudable que la prensa deportiva tiene mucho poder dentro del deporte. Más allá de lo indudable del resultado final, la labor del deportista queda a expensas de la valoración ?muchas veces acrítica- que el periodista hace de la misma. Un jugador ha podido meter veinte goles una temporada, que si el periódico de turno quiere acusarle de bajo rendimiento, lo hará sin ambages. Esto muchas veces responde a cuestiones que no son deportivas. Un jugador que se niega a dar entrevistas, por ejemplo, será el blanco de las iras de los periodistas más allá de su rendimiento. En demasiadas ocasiones los periodistas juzgan a los deportistas más por cuestiones de amiguismo ?este me trata bien, este me trata mal, este me hace el juego, este no- que por cuestiones deportivas. Cuando el jugador es ?amable? con ellos no dudan, además, en decirlo. En momentos puntuales, sin embargo, cuando la relación entre los deportistas y los periodistas se tensa por alguna razón, los primeros no dudan en escribir cosas como ?ellos se irán, pero nosotros permaneceremos siempre?, que es una especie de lema que resume inintencionadamente la imagen de todopoderosos con la que algunos periodistas se autorretratan.
Otra cuestión fundamental es la de los temas que la prensa deportiva aborda en sus páginas. La anécdota se vuelve noticia y es normal asistir despliegues ilimitados sobre temas como los peinados de los jugadores, sus tatuajes, sus fiestas, sus novias, etcétera, ocupando el lugar de noticias que, quizá porque requieren un mayor trabajo de elaboración, no aparecen en sus páginas.
Finalmente, una última cuestión (sin duda hay más, pero la intención de este post es solo la de apuntar algunas) es la relativa a la calidad literaria de la prensa deportiva. No nos referimos solo a la abundancia de faltas de ortografía o gramaticales, que es algo comprensible cuando se trabaja con plazos inmediatos, no. Son cuestiones más profundas. En primer lugar nos referimos a la absoluta dejadez con la que la mayoría de los periodistas deportivos tratan a su única herramienta de comunicación: la palabra. Tópicos, expresiones y palabras más propias de la barra de un bar que de una columna escrita, citas de escritores a los que nunca leyeron, etcétera, son elementos habituales tanto en noticias como, sobre todo, en columnas de opinión. Por otro lado, está el modo de abordar los temas, con frases directas que no dejan resquicio a la interpretación del lector, quien se convierte en un mero receptor de ideas mascadas, que poco o nada puede aportar, desde su experiencia, a lo dicho. La misma extensión de los textos, que en la mayoría de las ocasiones están subdivididos en párrafos de dos o tres líneas impide al periodista dar un enfoque medianamente elaborado del tema que trata. Parece como si el periódico no quiere dar ?demasiado que leer? a su lector, como si la lectura fuera algo accesorio, no lo imprescindible cuando de periodismo hablamos.
En fin? hemos hablado de los vicios de la prensa deportiva. Es posible que para que este análisis estuviera completo habría que hablar también de sus virtudes. No son pocas, y sería de recibo reconocerlas. Será en otra ocasión. Por el momento, terminaremos este post comentando que en todo caso, es posible que tengamos la prensa deportiva que nos merecemos. Está en nuestras manos, como consumidores, exigir el producto que queremos. Hasta que esto suceda (parece que Marca intenta ahora dar un toque de calidad a sus páginas), seguirá existiendo La Libreta de Van Gaal, un blog imprescindible actualmente que, a pesar de la sonrisa que a veces nos pueda provocar, tiene un punto trágico. Seguro que Miguel Gutiérrez, su autor, estaría encantado de poder un día bajar la persiana del mismo por escasez de ?contenido?. Sería señal de que nos habríamos acercado, para bien, a ese horizonte que hoy aquí intentamos abocetar.
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