Por Dadan Narval el 27-Jun-2008 |
Foto 0 en Apuntes sobre un día mágico, Raúl y, ¡ay!, la política?: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
1. Apuntes
Hoy vivimos un día histórico en lo futbolístico. Después de nada menos que veinticuatro años ?toda una vida, convendremos- España ha conseguido de nuevo clasificarse para una final de un gran torneo. Además, lo ha hecho jugando bien (corrijo: bien no, ¡fantásticamente!). La segunda parte de ayer es de esos momentos que suceden en un terreno de juego que, sin duda, todos nosotros narraremos dentro de décadas a nuestros nietos, como se cuentan las grandes gestas, mientras ellos nos mirarán con incredulidad y pensarán algo así como ?el abuelo chochea, seguro que no fue para tanto?. Pero a buena fe que sí lo ha sido: nunca había visto un partido así de los nuestros en un partido con semejante trascendencia.
Además, hay que recordar que la selección ha conseguido colarse en la final de la que posiblemente sea la mejor Eurocopa ?por juego y nivel- de los últimos años. No hay excusa posible que matice el éxito de los nuestros. No se ha tratado de un torneo devaluado en juego, ni tácticamente encorsetado, ni plagado de ausencias. España ha llegado ?hasta el momento, a falta de la última gran gesta- a estar entre los dos primeros de un campeonato lleno de selecciones que han maravillado con su juego, competitividad y clase: Holanda, Croacia, Turquía, Portugal?
Ayer un amigo mío comentaba que de seguro que los ?neutrales? que vieran el partido irían con Rusia, dado el partidazo que hizo contra Holanda, mientras que el nuestro frente a Italia no fue ?si no se comparten nuestros fantasmas, temores y terrores- ni mucho menos para tanto. Tenía razón: ningún aficionado sin colores predeterminados que viera el España-Italia lo recordará durante mucho tiempo. Sí sabrá, por el contrario, del momento exacto en que descubrió a Arshavin y Pavlyuchenko bailando con sombras naranjas. Hoy la cosa, sin embargo, ha cambiado. Ese mismo aficionado que ayer estaba con Rusia, probablemente el domingo esté con nosotros. Lo de ayer, el juego desplegado, merece la simpatía de los imparciales, y esa simpatía es el criterio por el que se distinguen los equipos que hacen historia sentimental, la que hace grande al fútbol más allá de números y medallas.
Ahora llega la final y lo primero que quiero decir es lo mismo que subrayaba el otro día: lo importante ya está hecho. Hay que quitar presión a los jugadores. Lo han hecho fantásticamente y, aunque no nos conformamos, no conviene sobrepresionarlos. Cantar, como hace hoy la prensa (Marca: ?Somos los mejores?; Sport: ?(Casanovas) España es la mejor y la favorita para la final del domingo ante Alemania?; AS: ?(Trueba) Alemania, ríndete?), odas a nuestra superioridad sobre los alemanes es un suicidio. Hemos jugado mejor que ellos en lo que va de Euro, sí, pero, ¿acaso ganan los Mundiales y las Euros quienes mejor juegan? ¿Acaso hemos olvidado lo que la palabra ?Alemania? significa en fútbol?
Convendría, sin duda, templar el ambiente. Perder esta final sería dejar pasar un tren que puede que no regrese otra vez en veinticuatro años. Más esto no quita para que lo logrado hasta el momento ?más allá del resultado final del domingo- sea ya considerado como un éxito. Hay que tener cuidado, porque todo lo vivido hasta ahora, si no frenamos el ambiente de euforia que exige victorias incontestables, y no sabemos distinguir de a los ganadores de los que han triunfado ?los segundos son los que saben distinguir el verdadero éxito del reconocimiento material, sean medallas o copas- puede terminar alimentando nuestra leyenda negra. Así sucedió en la Euro del 84, de la que sólo recordamos, por desgracia, el fallo de Arkonada en la final y hemos olvidado que, en el camino hasta ese momento, se vivieron momentos increíbles: recordamos, sí, el 12-1 a Malta, pero nadie recuerda que con lo mal que se puso aquella Euro tras los dos primeros empates, eliminamos a Alemania con un gol en el último minuto de Maceda y, posteriormente, dimos cuenta en los penaltis de la Dinamarca de Ladudrup, Frank Arnesen, Soren Lerby o Morten Olsen.
Por ello, pase lo que pase el domingo, que nada haga que lo vivido hasta ahora quede en segundo plano.
2. Raúl
Con todo, hay algunas cosas que no puedo entender y que conviene subrayar aún cuando el momento es para disfrutarlo. Cuestiones referidas a la naturaleza de este país, que me apetece apuntar aún cuando a alguno no le guste escucharlas.
La primera de ellas es la repugnante tendencia que tenemos en España a utilizar nuestros propios éxitos para echarlos en la cara de otros. En el ámbito meramente futbolístico, tenemos a Raúl. Me causa verdadero asco leer cómo algunos supuestos analistas deportivos utilizan el éxito de España en la Euro para intentar hacer daño a la figura del jugador del Real Madrid. Estos días no han sido pocos los que se han alegrado del triunfo de la selección porque en el mismo han atisbado a ver un fracaso personal del siete blanco. Hoy mismo, dos de las ?grandes? plumas del barcelonismo hacen gala de esta pasión enfermiza por ver lo negativo hasta donde no lo hay. Andrés Astruells (Mundo Deportivo), apunta que del partido de ayer ?sólo hay una reflexión inquietante: si la selección llega hasta aquí ¡qué podría hacer el Madrid sin Raúl!?, mientras que Josep María Casanovas también tiene ?recadito? para Raúl ?a los que suma a Guti y, quizá para disimular, al bueno de Joaquín. En días anteriores, han sido Joan Maria Batlle, Santi Nolla, Lluis Foix y Lluis Miguelsanz quienes han hecho gala de una demagogia sin límites.
Yo no digo que no se pueda mentar a Raúl hoy. Lo que digo es que si la selección hubiera fracasado perdiendo los tres primeros partidos de grupo, estos mismos analistas en ningún caso achacarían las derrotas a la ausencia del siete blanco. Por ello, no es de recibo que el éxito sea medido con un rasero que no se aplicaría en caso de fracaso. En este sentido, cabe destacar, por supuesto, que todos aquellos que exigían la cabeza del seleccionador por no convocar a Raúl para este torneo, aquellos que hablaron de fantasmas personales, rencillas y razones inconfesables de Aragonés, hoy guardan un silencio que les delata exactamente igual que a los que han escrito en sentido contrario.
Además, conviene recordar que si España gana la Euro, parte del triunfo recaerá en los jugadores que, aún no estando convocados para la fase final, participaron en los partidos de la clasificación previa. Entre todos ellos también está Raúl, que jugó en los dos primeros partidos. Este simple hecho ha de servir para que él, como todos los demás jugadores que han colaborado en la clasificación, si se gana la Euro pueda reivindicarla también como propia. Al igual que otros, como Albelda, Luís García, Pablo, Pernía, Salgado, Morientes, Juanito, Angulo, etcétera, que también disputaron algún minuto. No solo los veintidós actuales son los responsables de estar ahora donde estamos.
3. Ay, la política…
En el ámbito político, el debate se ha establecido sobre si vascos y catalanes quieren que gane España. Antesdeayer, se preguntaba a determinados políticos nacionalistas si querían o no que la selección española venciera la Euro. Algunos de ellos contestaron que preferían que ganaran Turquía o Rusia. Esto ha enfadado a cientos de comentaristas, que utilizan esto del fútbol para hacer patriotismo rancio y barato. Entre ellos, Ignacio Camacho (ABC), quienes no duda en calificarlos de ?tontos? y Antonio Casado (El Confidencial) que los llama ?necios?. Hoy, en La Razón, en la misma crónica del partido, firmada por Julián Redondo, se acuerdan de ellos: ?Xavi pasó a la izquierda, Iniesta recibió, miró, centró y el mismísimo Xavi, para desesperación de Puigcercós, de Tardá, de Urkullu y Erkoreka, los otros rivales de España, llegó desde atrás y marcó?.
Las palabras de estos políticos nacionalistas se han analizado en una misma dirección. Se han entendido como un gesto de odio, o algo parecido. Sin embargo, yo las encuentro comprensibles. Al fin y al cabo, no se sienten españoles, y los sentimientos de cada cual son un derecho sobre el que nadie puede imponerse. ¿Qué respuesta esperaban unos y otros? ¿Qué dijeran que iban con España para que sus palabras fueran también utilizadas, pero un sentido contrario?
Urkullu y Puigcercós, por poner dos ejemplos, son de aquellos aficionados al fútbol que, a falta de una selección que entiendan como propia ?y en esto nadie puede entrar, repito: es una cuestión de sentimientos-, navegan en una indiferencia que solo el buen juego de un determinado equipo puede eliminar. Se postularon por Turquía y Rusia, dos de las selecciones que probablemente más simpatías habían recabado en toda Europa tras los cuartos de final. ¿Tiene tanto pecado eso para que se les insulte con total impunidad?
De hecho, me molesta profundamente, aun cuando no soy nacionalista, que las victorias de la selección sean echadas en la cara de nadie y también que se exija a nadie demostraciones de filiación patriótica. Hay algo en este país contra lo que deberíamos de luchar, y es esa continua y cansina sospecha que volcamos en otros en este tipo de cuestiones. Ciertamente, yo, como vasco, estoy más que cansado de que se ponga en continua duda mi condición ciudadana. En estos días, esta ola de patriotismo que, como es normal, invade el país como consecuencia de las fantásticas victorias de la selección, por mi misma condición de vasco, he tenido que soportar idioteces como la del anónimo que tras la victoria de España sobre Italia colgó un mensaje en mi blog que rezaba ?Viva España? a joderse? o la del comentarista de esta misma página que publicó en su blog un artículo en el que me califica como “anti-español” e incluso ?etarra? por el simple hecho de que, en su opinión, no había escrito lo suficiente hasta ahora de la roja, no había demostrado (¿tengo que demostrar algo?) suficientemente mis sentimientos para con la selección de mi país. Estas cosas son demasiado habituales en este país nuestro, y no deberían serlo.
Conviene no mear fuera del tiesto. Conozco nacionalistas ?catalanes y vascos- a quienes no se les caen los anillos por reconocer que quieren que la selección española gane la Euro, porque en ella juegan los Xavis y Xabis, e, igualmente, conozco españoles sobre los que no cabe plantear ninguna sospecha de secesionismo que no dudan en afirmar su deseo de que la selección pierda, pues no soportan las manifestaciones de exaltación patriótica que suceden a las grandes victorias de los seleccionados futboleros aquí y en cualquier otro lado. Ellos, como yo, piensan que cuando avanza el sentimiento patrio, retrocede la inteligencia y, en esto discrepo en parte, creen que el precio que se paga por una victoria de la selección es demasiado alto.
Yo, por mi parte, quiero que gane España. Pero no por, sino a pesar, del orgullo patrio que esto causará en nuestro país. Porque se puede querer que gane España sin tener por qué asumir el orgullo patriotero, que me desagrada profundamente, sea cual sea el color del mismo. Yo canto los goles de la selección a la vez que me avergüenzo de los comentaristas de televisión cuando se impone el ?camachismo? y ven penaltis donde no los hay, confabulaciones arbitrales donde no hay nada. Igualmente, retiro la vista de la pantalla cuando, entiéndaseme, se nos dan imágenes de la Leti y Don Felipe felices ?como dos personas humanas? con los goles de los nuestros y se grita eso de ?qué bonito?. Quiero que gane España, sí, pero me avergonzaré si eso supone que la victoria de la roja es echada en la cara de personas que tienen todo el derecho a querer que no lo haga, si eso invade otros debates que nada tienen que ver con fútbol y si eso supone una exaltación irracional de la patria, y, consecuentemente un examen de ?españolismo? para nadie en nuestro país (que ya se ha dado: incluso se usan las audiencias televisivas para medir el sentimiento nacional), del que nada bueno puede salir y al que -me adelanto- no me someteré.
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