Por Pedro José Madrigal Reyes
Cuaderno de viajes
*In memoria de mi abuelo y ejemplo, Leonardo Bravo, un hombre nuevo, un revolucionario
Era de madrugada? Segundo a segundo los ruidos de la naturaleza engullían lo sueños entre cantares y ruidos de grillos, zompopos, búhos, pocoyos, también escuche a la cigarra, los aullidos de un mono que cantaba a la luna, el ronroneo de un tigrillo en celo y otras criaturas cuyos nombres desconozco.
Agotado de la imposibilidad de descansar me deslice entre frio, sombras y naturaleza hasta el centro del campamento en donde bailaba frenéticamente una fogata?; las pequeñas lenguas de fuego se elevaban desesperadamente con ansias de tocar el cielo estrellado, puede que solo fuera la agonía de saberse finita en los estertores del final?, o el simple deseo de lamer el viento impregnado de olor a tierra mojada.
Allí estaba él, envuelto en una colcha que hacía mucho tiempo había dejado de tener colores reconocibles, un pocillo chopeado con humeante café entre las manos? y un cigarrillo a medio consumir entre los dedos?; imbuido en los recuerdos, quizá en las luchas libradas tiempo atrás, o simplemente se regocijaba en la inmensidad de la nada.
Me acerque ruidosamente ?volteó-, y pude ver a la luz de la pequeña hoguera su rostro viejo surcado por los años?, su espesa cabellera blanca que asomaba bajo su sombrero de alas anchas y la sapiencia de quien ha transitado por todos los caminos de la vida -me senté justo en frente-. Con un ademán me invitó a sorber un poco de aquel exquisito brebaje que aún hervía sobre los posos de café, mientras, removía perezosamente el lecho de la llama? para evitar su prematura muerte.
-¿En qué piensas abuelo? ¿Por qué levantado tan temprano? Deberías descansar.
-Hace mucho que no duermo demasiado, secuelas de las guerras; así que en mis noches de insomnio trato de recuperar viejas vivencia que ya había olvidado ?hizo una larga pausa y continuó-; recordaba que cuando estuve movilizado con el Coronel Santos López en el ?Coro de Ángeles del EDSN? pasamos por estos montes?, y como a unos veinte kilómetros por allí ?señaló el norte- le ?pegamos? una emboscada a los ?machos?, que era como llamábamos a los yanquis. Te estoy hablando de los tiempos del general.
Sus ojos vivaces se inyectaron de nostalgia, de orgullo; casi se podía tocar la historia a través de aquellos ojos verdes cristalinos, lindos; iluminados por la luz de aquella llama en el corazón de la montaña.
-Ustedes iniciaron nuestra historia de lucha, inauguraron la lucha de clases en esta nuestra patria?, ustedes son el eterno ejemplo de revolucionario? Los que nunca se corrompieron?
Aquel hombre que había nacido con el siglo me observó fijamente..., me atravesó con la mirada sin emitir sonido alguno, como buscando las palabras adecuadas para responder a quien apenas da los primeros pasos en pos de la causa de los excluidos, de los humildes, de los obreros y campesinos?; luego me dijo:
-Hijo mío, la gran responsabilidad de hacerse viejo es que todos te toman por sabio, como por respeto, más no saben que tras todos esos años de vida... eres completamente libre, ya no te interesa o importa impresionar a nadie, y el que dirán menos, ya sólo sueñas con vivir lo suficiente para ver crecer a tus descendientes y que ellos puedan construir y vivir en la patria por la que luchamos los sandinistas desde que decidimos ser hombres libres -continuó-. Yo se que volveremos al poder, no sé si yo lo veré, pero volveremos? Y francamente me siento feliz de verles a ustedes, los jóvenes, tener los mismos sueños que nosotros tuvimos hace más de setenta años? Sólo estén preparados por que se sufre, se sufre mucho en la lucha si se es consecuente?, pero ese es el único camino que nos queda a los pobres de esta tierra.
-Cuénteme, como vivió el Triunfo de la Revolución.
-Escribí unas líneas días después del triunfo, yo aprendí a leer y a escribir en la montaña en hojas de plátano ?en ese instante se hecho la mano al bolsillo y saco un mugriento papel, me lo paso por sobre la llama y me dijo-, lee para los dos:
Revolución
La tempestad fue intensa a esa hora sombría?,
el rayo anunció la llegada del relámpago,
más tarde,
entre las sombras de la noche se escuchó la furia del trueno?
En esa última hora?
se supo que ya nada sería igual?,
que el tiempo del final,
el tiempo de otro tiempo había llegado?
"Era la REVOLUCIÓN?"
La piel se me erizó, la emoción venció y los ojos se humedecieron. Me puse en pie? para fundirme en un abrazo con aquel anciano que había escrito la historia, nuestra historia, con sus propias manos, con su sangre...
Militante del FSLN
Comité de Solidaridad Sandinista
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