Por Borja Barba el 20-May-2010 |
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Se hizo un poco largo. Esa frase podría resumir brevemente lo que ha sido para el Athletic Club de Bilbao la recientemente concluida temporada liguera. Afortunadamente, parece que quedaron ya lejos los años del sufrimiento. Y bien que se agradece. Puede que sea difícil de apreciar externamente, pero la plantilla del equipo rojiblanco ha conseguido dar un notable salto de calidad. Sin lugar a dudas, podría decirse que el Athletic ha ocupado el puesto que merecía. Quizá no por vistosidad en su juego, pero sí por regularidad y fiabilidad a lo largo del campeonato.
La temporada comenzó con el regalo de la nueva Europa League. Superadas, no sin ciertos apuros, las dos eliminatorias veraniegas, los bilbaínos retornaron al escenario europeo, en el que brindaron a sus seguidores una destacada actuación. Sólo la infame eliminatoria ante el Anderlecht, que ejerció de veterano continental y arrolló a los leones, dejó con cierto regustillo amargo a la parroquia de San Mamés. No se podía pedir más en la vuelta al continente.
La trayectoria liguera del equipo sufrió pocos altibajos a lo largo de la temporada. Fluctuando durante más del 80% de la campaña entre los puestos 5º y 8º, la sensación de aspirante a entrar en competición europea siempre estuvo ahí, y sólo el bajonazo final (ése por el que decíamos que la temporada terminó haciéndose demasiado larga) sacó a los de Caparrós de la zona de privilegio. Apenas a cuatro jornadas del final de Liga.
Pero al margen de la buena trayectoria liguera, propiciada en buena medida por la valía en puntos de ese fortín que es San Mamés, no debe dejarse de lado el gran mal de este Athletic Club. Pasando por encima de su limitación (natural o autoimpuesta, según se prefiera ver) de medios, la gran lacra que sigue acechando a este equipo continua siendo, una temporada más, la paupérrima propuesta futbolística desarrollada, incluso ejerciendo de equipo local. Se ha puesto en evidencia en no pocos encuentros que los mimbres dan para un cesto más bonito. Quizá no como una joya repujada, pero sí para hacer algo más trabajado que lo que Joaquín Caparrós se empeña en presentar.
Duele ver el talento de futbolistas como Javi Martínez (colosal el navarro, entre los mejores mediocentros de la Liga), Iker Muniain, Markel Susaeta o Fernando Llorente desperdiciado sin miramientos por ese empeño en la simpleza táctica del patadón. El técnico de Utrera parece haber confundido la propuesta del fútbol directo y vertical que siempre ha cuajado en Bilbao con el patadón y tentetieso que determinados entrenadores se han empeñado en identificar con el fútbol vasco.
Difícil solución tiene este aspecto. Joaquín Caparrós, que cuenta con el beneplácito de la cúpula de Ibaigane y de cierto sector ‘conformista’ del graderío, ha renovado una temporada más. Habrá que ver lo que da de sí el mercado veraniego, pero todo parece indicar que Javi Martínez, el gran motor de este Athletic, abandonará la nave con destino a mayores empresas. Se lo merece, no se le pueden poner trabas. El problema es la situación de indefensión en la que podría quedar el Athletic. Se supone que el salto de calidad estaba ahí, que la irrupción de los Muniain, Susaeta, Llorente, San José… iba a suponer un nuevo punto de inflexión con respecto a los malos tragos pasados pocas temporadas atrás. Pero la duda se cierne sobre San Mamés de cara a la próxima campaña.
Salvo el tropezón en la Copa del Rey, y el bajonazo liguero final que impidió competir al equipo de igual a igual con Getafe o Villarreal por un puesto europeo, la nota del equipo en esta temporada debe ser alta. San Mamés no ha sufrido con la clasificación y ha soñado con una posición meritoria durante 35 jornadas de Liga.
Lo mejor: La irrupción de Muniain y San José, y el definitivo despegue de Fernando Llorente y, sobre todo, Javi Martínez.
Lo peor: Una vez más, la traición al fútbol que suponen el 90% de los planteamientos de Joaquín Caparrós.
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