Por Borja Barba el 01-Jun-2011 |
Foto 0 en Así fue la Liga: RCD Mallorca (17º): pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Acuciado por un grave problema económico, un ERE temporal haciendo estragos entre sus empleados, un nuevo saqueo veraniego en la plantilla y la huída por la puerta falsa de un seguro de vida en el banquillo como Gregorio Manzano, el RCD Mallorca afrontaba la recientemente concluida temporada como quien se mide al más complejo reto planteado hasta la fecha. Superviviente en los peores escenarios posibles, el conjunto balear se ha acostumbrado, en el último lustro y medio, a medir esfuerzos. Esta temporada, sin un duro en la caja, con media plantilla nueva y con un sinfín de debutantes en la categoría, la dosificación iba a tener que ser milimétrica.
Quizá la única gran alegría para los aficionados mallorquinistas del pasado verano fue la llegada a la isla de Michael Laudrup. El danés, un técnico sin grandes méritos contraídos pero con un cartel inmejorable y un refinamiento exquisito, era el principal motivo para la fe en una temporada que se preveía dura, exigente y larga.
El inexplicable quinto puesto de la campaña anterior no era un buen punto de partida. Al menos, no uno real. Sin embargo, y pese a vivir con el miedo en el cuerpo desde el minuto uno del primer partido de Liga, el equipo bermellón consiguió hacerse fuerte en la zona media de la tabla. Los dos primeros meses de competición invitaban incluso, imprudentemente, a soñar. Empate en casa ante el Real Madrid, trabajado empate a uno en el Camp Nou y victoria (1-2) en Mestalla. Era la jornada 9ª, y el Mallorca ocupaba puestos europeos.
Pero, poco a poco, los efectos de las limitaciones de plantilla comenzaron a hacerse palpables. La aparición en escena de la Copa del Rey (en la que sobrevivió hasta los cuartos de final), el cansancio acumulado en los principales baluartes del equipo y los problemas frente a la portería rival pronto empezaron a hacer mella en las aspiraciones bermellonas.
Sin embargo, no todo iban a ser malas noticias. El paso de las jornadas trajo consigo la confirmación del acierto en el fichaje de Jonathan de Guzmán, dinámico y participativo centrocampista, el aprobado con nota en la reválida del canterano Michael Pereira y de Sergio Tejera y la muy natural asunción de liderazgo del equipo de Emilio Nsúe. Deben de ser pilares sobre los que edificar el futuro deportivo, a corto y medio plazo, de la entidad. Lamentablemente, la precaria situación económica forzará a buen seguro la salida de alguno de ellos, quizá aún no este verano, pero sí en no demasiado tiempo.
De otros futbolistas se esperaba mucho más de lo que terminaron ofreciendo. Al argentino Cavenaghi se le trajo como el gran goleador requerido tras la salida de Aduriz. Duró apenas cuatro meses en la isla, con un bagaje paupérrimo y la pólvora afectada por la humedad de la isla. Dejó al equipo con la sola presencia de Webó como delantero nato. También se esperaba bastante más de Gonzalo ?Chori? Castro, en el año que debía ser el de su confirmación y el de su colocación definitiva en el escaparate. Una extraña situación, con el jugador mentalmente fuera del equipo, acabó dejando su participación en casi testimonial en el último tramo liguero.
Pese a haber disfrutado de una relativa tranquilidad clasificatoria durante tres cuartas partes del torneo, la competición le tenía reservada al Mallorca una desagradable sorpresa final. Una incomprensible racha negativa en el último mes de campeonato, cuando el mallorquinismo ya saboreaba el éxito de una nueva permanencia en Primera, llevó a los baleares, de forma inexplicable, a jugarse la vida en la última jornada. Sin capacidad de respuesta pese a lo apurado de la situación, el equipo llegó boqueando al partido ante el Atlético, consciente de que tenía todo en su mano para alcanzar su objetivo, pero incapaz de enderezar la situación. Sólo el incalculable ?favor? del Valencia en Riazor, que daba con los huesos del Dépor en Segunda, permitió a los baleares celebrar su decimoquinta temporada consecutiva entre los mejores.
Lo mejor: La irrupción de De Guzmán, Tejera y Pereira. La capacidad de liderazgo y el compromiso de Emilio Nsúe. Haber sobrevivido al año más complicado de la última década. Por fin, estabilidad institucional.
Lo peor: La inexplicable racha final y la incapacidad de reacción de Laudrup cuando veía al equipo que se iba a pique. El rendimiento de Cavenaghi y el ?Chori?, dos supuestos pilares.
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