Por Borja Barba el 24-May-2010 |
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Lo del RCD Mallorca en esta temporada 2009/10 tiene difícil explicación. Más allá del trabajo bien hecho y la estabilidad institucional traída al club por Mateu Alemany, después de una etapa anterior ciertamente convulsa, es muy complicado explicar cómo un equipo que, teóricamente y a priori, debía de estar luchando por evitar el descenso, se vio apeado de disputar la próxima edición de la Liga de Campeones en el tiempo añadido de la última jornada del Campeonato de Liga.
Sin lugar a dudas, y para explicar la colosal temporada firmada por el equipo balear, las miradas deben de dirigirse forzosamente hacia el banquillo bermellón. La obra magna de Gregorio Manzano, en su quinta temporada, cuarta consecutiva, al frente del Mallorca, se ha visto culminada con la clasificación para la próxima edición de la Europa League, y un nada despreciable quinto puesto en la clasificación final del Campeonato. Algo que el 100% de los aficionados mallorquinistas hubieran firmado allá por el mes de agosto.
Como cada verano, el club mallorquín se vio obligado a rehacer la columna vertebral de un equipo desmantelado. Se marcharon referencias como Jurado, Scaloni, David Navarro o Cléber Santana, y auténticos emblemas del club, como el portero Miguel Ángel Moyà o el venezolano Juan Arango. Un drama al que en la isla ya están más que acostumbrados.
Sin margen económico para muchas maniobras, se reconstruyó un nuevo equipo. Fichajes de poco nombre, como el central Rubén o el lateral brasileño Felipe Mattioni (cedido por el Milan), pero que a las órdenes de Manzano han ofrecido un rendimiento más que notable. Es el típico proceder del club. Vender bien para fichar mejor. Se ha venido haciendo en los últimos diez años… pero nunca con semejantes resultados.
Discutido por cierto sector de la afición bermellona, Manzano logró no obstante armar un equipo prácticamente imbatible en su propio estadio. No fue hasta el partido con el Sevilla cuando los baleares cedieron sus primeros tres puntos en Son Moix. Posteriormente, sólo Barça y Madrid lograrían ganar en el feudo isleño.
Hacía muchos años que la isla no soñaba con grandes gestas sobre un campo de fútbol. Lejos queda ya la Copa del Rey del 2003 (también bajo el mando del profesor Manzano), y por supuesto los logros de Héctor Cúper a finales de la pasada década. El quinto puesto final rubrica una temporada de ensueño, en la que lo deportivo ha parecido ir siempre completamente al margen de lo económico e institucional.
Y es en ese punto donde aparecen las mayores dudas de cara al futuro inmediato. El club anunciaba recientemente que abría un proceso concursal para poder hacer frente a los numerosos acreedores que presenta. En esta situación, y con Manzano fuera del club ante la imposibilidad de hacer frente a su ficha (recordemos que es una de las más elevadas de Primera división), lo que depare la temporada que viene es algo totalmente imprevisible.
Lo mejor: Su fortaleza en casa. Gregorio Manzano extrajo el mejor de los jugos de un fruto en apariencia marchito. Jugadores sin gran cartel pero con rendimiento de superestrellas (Valero, Nunes, Aduriz).
Lo peor: No haber podido rematar la faena entrando en Liga de Campeones.
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