Por Antonio Agredano el 25-May-2010 |
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El dinero no da la felicidad, ni la apologética llegada de Florentino curó los males de un equipo ensombrecido por su antagonista blaugrana. Ni los grandes jugadores ni los entrenadores metódicos pueden garantizar el éxito deportivo. El Real Madrid naufragó este año, de nuevo, en la Liga. Un sumatorio de puntos abultadísimo no fue suficiente para adelantar al Barcelona. Perder los duelos directos contra un rival incombustible es un pecado imperdonable para un equipo que quiere alzarse con el campeonato. Aquel 0-2 en un Bernabéu de gala fue suficiente para despertar a los jugadores blancos del sueño. El arreón final no sirvió para nada. Por más calculadoras que esgrimiéramos, la Liga se perdió en la jornada 31. Pedro y Messi sepultaron un proyecto hecho para la victoria. La Liga era la pomada tras la caricaturesca derrota frente al Alcorcón en Copa y la eliminación inesperada frente al Lyon en casa. El futuro pasa por Mourinho. En él se quiere encontrar la competitividad en los grandes partidos. Ese fue uno de los problemas de Pellegrini, que en los encuentros trascendentales no logró estar a la altura. La sensación, una vez concluida la Liga, es que a la plantilla le faltaron remaches. La delantera se encomendó a Higuaín y Cristiano, pero no encontró apoyo en Benzema o Raúl. El centro del campo se cimentó en Xabi Alonso o Van der Vaart, pero hizo aguas con Lass o Gago. La defensa, tal vez su mejor línea con Albiol, Ramos, Arbeloa, Garay y Pepe ?hasta su lesión- no tuvo a un lateral izquierdo de garantías. Marcelo siempre rindió mejor como interior. Es la historia de siempre. ¿Hasta qué punto fichar estrellas descompensa el bloque? ¿Por qué fichar ?galácticos? a precios millonarios en vez de intentar conseguir una plantilla equilibrada? ¿Es culpa del entrenador o de los futbolistas? En fin, cuestiones con menos respuestas que el último capítulo de Lost.
El Real Madrid parece abonado a la épica. Remontar, marcar al final, encuentros de refriega, de sobresaltos, sobreponerse a la adversidad a través de carácter y entrega? lo que definió al equipo en su periplo reciente con Capello, Schuster o hasta con Juande Ramos. Un fútbol que huye del control y la técnica y que convierte cada duelo en un combate a KO directo. Recibir y dar. Aguantar los golpes en contra e intentar devolverlos más fuerte. Nada que ver con el fútbol académico del Barcelona, nada que ver con la solidez defensiva del Inter de su futuro entrenador. Aquí se juega a otra cosa, y es una opción divertida. Práctica no ha sido, porque no ha llevado a ninguna parte, pero la emoción, el griterío y la esperanza siempre han acompañado a este conjunto de Pellegrini. Se censura al chileno y se le hace responsable de una mala temporada en el juego. Me hace gracia que la solución al pobre juego blanco sea un técnico como el portugués, que no se caracteriza por el espectáculo, no es un Circo del Sol futbolístico sino una apuesta por la contención, por el primitivismo más descarado, por el blindaje a su portero y la galopada al contraataque. Un fútbol que tiene sus seguidores pero que a los más puristas parece escandalizar. Resumiendo, que hemos dado muchas vueltas para volver a Capello. Digamos que es curar un corte en el pulgar con la amputación del brazo. No hay coherencia en las críticas al entrenador actual, o su relevo, y la manera de redimirlas sea ahondando en el problema. En mi opinión, modestísima, el proyecto madridista debe hacerse a largo plazo, con este entrenador u otro, pero con espacio para respirar sin la angustiosa presión de un entorno voraz. Conjugar a tanto jugador desequilibrante no debe ser un proceso sencillo. Los lógicos problemas de adaptación al sistema se ven magnificados, además, por una prensa guillotinesca. Kaká no ha existido, ni Benzemá, ni el centro del campo ha ayudado a dar armonía a todo el bloque. El equipo jugaba, por momentos, partido, descuartizado, como por entregas. A veces brillaban los de atrás y otras veces brillaban los de delante. Pero no había sintonía entre las partes, ni solidaridad entre líneas, ni demasiado esfuerzo por que eso fuera así. Fe en los delanteros, tal vez. Tener a Cristiano Ronaldo en el equipo es una tranquilidad para cualquier equipo. Sabes que de dos que tenga, una la enchufa. Es un verdadero creador de peligro. El equipo ha trabajado tanto para él que no existía una mirada horizontal del campo, todo era ir arriba sin la necesaria contemporización del juego, sin esas pausas dramáticas que hacen ganar los partidos.
Este verano toca finalizar la purga del año pasado. Sobra Drenthe, sobran Diarras, sobra Dudek, sobra Guti y sobra, con todo el dolor de mi corazón, Raúl. El equipo se está rejuveneciendo, retomando un camino menos megalomaniaco y más pedestre. El fichaje de Mou es una incógnita. Podemos decir, con criterios empresariales, que Pellegrini no ha funcionado. Que no ha cumplido los objetivos ?sí, en el fútbol los objetivos se llaman títulos-, y sumar puntos para no ganar nada tiene tanto valor como conseguir billetes y después quemarlos en la chimenea. Vivimos un Madrid de transición, ni Florentino es el enemigo ni todo es achacable al desembolso económico. Hasta donde yo sé, tener a los mejores del mundo en tu plantilla no debe ser un problema, todo lo contrario. Esta temporada ha desempolvado aquel miedo a ser un dispensador de dinero sin futuro.
Una temporada demasiada gris para las expectativas. Pero ya decíamos hace un tiempo que no se pueden celebrar los fichajes como si equivalieran a campeonatos. Por más que brille un jugador no resplandece más que un trofeo en la vitrina del club. Es difícil crecer con un rival tan en forma, tan ganador. El análisis de la Liga no debe hacerse extensivo al estado de salud del club. Los títulos llegarán, pero a través del equipo, a través del bloque y no de cada una de las piezas por separado. Mourinho representa esa filosofía. Si el corsé logra sacar lo mejor de cada uno de los futbolistas, veremos el renacer de un equipo que corona, de nuevo este año, una temporada amarga.
Lo mejor: El funcionamiento de algunos jugadores como Higuaín, Xabi Alonso o Albiol, base del futuro equipo.
Lo peor: La poca claridad en el juego, la tibia aportación de Pellegrini a un plantel de calidad.
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