Por Borja Barba el 03-Jun-2011 |
Foto 0 en Así fue la Liga: Real Sociedad (15º): pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
Volvía en la presente campaña el fútbol de primer nivel a una ciudad tan futbolera como San Sebastián, y lo hacía como debe de hacerlo en un recién ascendido: con la mosca detrás de la oreja, ojo avizor y economía de batalla. Sin incorporaciones excesivamente estridentes durante el pasado verano, excepción hecha de un ya veterano Joseba Llorente y de un Raúl Tamudo al que habían mostrado gentilmente la puerta de salida en Cornellà, la Real Sociedad afrontaba su retorno a la elite con la cautela del que sabe que cualquier mínimo tropiezo lo devuelve al pozo sin misericordia ni miramientos. La experiencia, ya se sabe, es un grado.
Con la única meta de la salvación, el conjunto txuri-urdin arrancó la campaña cauteloso y precavido. Tras un primer mes dubitativo y que sirvió a los de Martín Lasarte para coger el ritmo a la nueva categoría, las piezas comenzaron a encajar. La apuesta por mantener el sólido bloque que propició el ascenso (los Elustondo, Diego Rivas, Xabi Prieto, Ansotegi, Claudio Bravo…), fundamentado en jugadores mayoritariamente de cantera, salpicado con dos o tres aderezos de perfil bajo como Jeffrey Sarpong, Paco Sutil o el noruego Demidov (llegado en el mercado de invierno) y sin contrataciones disparatadas fue quizá la mejor receta para retomar el pulso a la Primera división.
Poco a poco, y a medida que la Real se iba quitando el susto inicial, los resultados iban llegando. Instalados en la zona de nadie, los de Lasarte mejoraban las expectativas cuando concluía la primera vuelta. El equipo era 11º y sumaba 25 puntos. La media era de salvación sin apenas apuros.
Sin embargo, la lógica dice que los equipos recién ascendidos suelen padecer problemas para mantener la categoría en su primer año. Una nueva competición con unas exigencias muy diferentes, una competencia feroz por evitar las tres últimas posiciones y, generalmente, una plantilla que no da para muchas alegrías. La Real, con un banquillo con la profundidad de un charco, pronto comenzó a sufrir las consecuencias de las lesiones y el desgaste de sus principales hombres. Lesionado Joseba Llorente y con el joven Antoine Griezmann sin la frescura de los primeros meses de la temporada, los realistas empezaron a perder pie de manera peligrosa.
Con 4 puntos de 27 posibles (entre las jornadas 26 y 33), los donostiarras encajaron una racha demoledora, precisamente en el momento más crítico de la temporada, ése que o bien te permite vivir las últimas semanas con tranquilidad o bien te condena a vivir boqueando, en busca de un respiro, hasta el último minuto del último partido del campeonato. Ni siquiera la sorprendente e inesperada victoria ante el FC Barcelona en Anoeta sirvió para relanzar la carrera guipuzcoana. Con una defensa melosa y un ataque romo lo más normal es acabar pidiendo la hora.
La temporada concluyó como la gran mayoría de los aficionados txuri-urdin habría firmado allá por el mes de agosto: la Real dependiendo de sí misma en un último partido en San Sebastián. Pese a ello, y dejando cierta sensación de desazón y desasosiego entre su afición, los de Lasarte tuvieron que esperar acontecimientos y ver como el fracaso del Dépor en Riazor los dejaba, una temporada más, en la categoría que tan costosamente recuperaron hace dos temporadas.
Lo mejor: Chispazos de Antoine Griezmann y de David Zurutuza, son piezas para construir futuro.
Lo peor: La fragilidad defensiva. Cierta sensación de preocupación en la afición tras los dos últimos meses de temporada. Lasarte no seguirá, pese a haber cumplido objetivos.
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