Por Sergio Cortina el 19-May-2010 |
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Temporada mediocre la del Real Zaragoza en su regreso a Primera División. Tras el júbilo por el ascenso llegó un verano convulso durante el que, sin duda alguna, se tejieron los mimbres para el poco lustroso cesto que el clásico blanquillo ha despachado en la temporada 2009-2010. Con la entidad ahogada en un cenagal de deudas, aun no se descarta la opción de entrar en Ley Concursal, los bandazos de la directiva encabezada, aun entonces, por Eduardo Bandrés se sucedieron en el arranque. Incorporaciones sospechosas, en tiempo y forma, como las de Marko Babic o Obradovic, la imposición de Gerhard Poschner, de profesión representante, al frente de la dirección deportiva o la apuesta por un Marcelino García Toral cuestionado de inicio por sus jefes fueron algunas de las piedras que el Zaragoza tuvo que superar. No obstante lograron la salvación con cierta holgura merced a una segunda mitad de campeonato notable.
Arrancar con el fichaje estrella, el Uche bueno, en la enfermería es un lastre enorme y el rendimiento del equipo se vio claramente mermado por la circunstancia en los primeros partidos. No enchufaban y de veinte encuentros los maños sólo supieron ganar tres. Floreció el empate, es cierto, pero el dato es demoledor. Con la masa social solivientada, todos sabemos que Zaragoza es plaza dura, llegó el Athletic a La Romareda para pescar tres puntos y robarle la paciencia del respetable. La cosa rompió en mil pedazos y tuvieron que hacer las maletas el entrenador, apoyado aun por la mayor parte de la afición, y Bandrés para ceder las riendas del equipo a Agapito Iglesias en lo contable, máximo accionista de la entidad y a la dupla Gay-Nayim en lo deportivo. Fue un giro de timón obligado en una nave que aun tardó en equilibrar su rumbo.
El 0-6 encajado en la visita al Santiago Bernabéu no fue, por esperado, menos doloroso para la bancada maña y la desconfianza sobre la pareja técnica flotaba en el ambiente. Hasta que llega el invierno. En un intento tan desesperado como valiente por reconducir el desaguisado, el Zaragoza (fiel a su leyenda de buen gastador) mudó drásticamente de piel y logró la firma de siete futbolistas. Practicamente un equipo. Llegan Jiri Jarosik, Roberto Jiménez, Edmilson, Eliseu, Adrian Colunga, Matteo Contini y el Chupete Suazo. Se van el ratón Ayala, Nobrega, Songo’o, Ewerthon, de Souza y López Vallejo. El cambio, contra todo pronóstico de los agoraros entre los que me incluyo, le viene de perlas al vestuario y todas y cada una de las incorporaciones resultan. Es más, acaban jugando minutos y siendo, Suazo y Contini son el paradigma, decisivos en la salvación.
Desde la goleada contra el Real Madrid los blanquillos fueron capaces de sumar la friolera de 29 puntos y eso les ha valido para amarrar una salvación que, aun alarmantemente barata (37 puntos), ha de ser el cimiento que sustente temporadas más sosegadas en La Romareda. Ha de comenzar ahora una nueva etapa en la entidad presidida por Agapito Iglesias. Sin más dilación se han de resolver cuestiones importantes: la continuidad de José Aurelio Gay y Nayim al frente del banquillo y la reconstrucción de la plantilla son los principales retos que deberá enfrentar la entidad de cara a una nuevo curso que será clave para calibrar el futuro del equipo a medio plazo en Primera División. La exigencia, como siempre en tierras aragonesas, será alta.
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