Por Antonio Agredano el 24-May-2010 |
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El batería del grupo donde toco es sevillista. Mucho. Aún recuerdo cuando llegó al local de ensayo diciendo, tras un hat-trick en la primera jornada de liga, que Kepa era el futuro 9 de España. Sirva el ejemplo para catalogar su nivel de ?fanatismo? hispalense. Este año hemos discutido mucho sobre su equipo. Ángel criticaba a Jiménez. Decía que era un mister cobarde, sin ideas, con mucho carácter pero poca experiencia para llevar al Sevilla donde merece por plantilla y trayectoria reciente. Yo defendí al técnico sevillano hasta el mismo día en que lo echaron. Me gustaba su fútbol directo, su rigidez defensiva y una personalidad que destilaba amor a los colores. Me transmitía serenidad y el equipo no andaba tan mal. La eliminación contra el CSKA fue un duro golpe pero no puede hacer olvidar la magnífica fase de grupos. En cualquier caso, el argumento de mi amigo era el mismo que esgrimían miles de socios del club andaluz cuando pedían la marcha de Manolo Jiménez, aún estando siempre cerca de los puestos de Champions, aún estando vivos en Copa, que a la postre ganarían, y, pese al fatal desenlace, jugando bonito en la máxima competición europea. Para mí esta temporada del Sevilla ha sido agridulce. Conseguidos dos grandísimos objetivos, Copa y plaza europea, se han destapado algunos de los problemas que llevaban tiempo asomando. En primer lugar no haber encontrado al sucesor de Juande Ramos, a un técnico que sea aceptado unánimemente por directiva y afición y serene al caldeado ?y exigente- Sánchez Pizjuán. Y por otro, la falta de acierto en las últimas incorporaciones. La renovación de la plantilla debe ser inminente, y será un trabajo tan arduo como impredecible en cuanto a los resultados.
Esperaba más de este equipo. Cierto que las cosas no han ido bien dadas. Las lesiones y el pobre rendimiento de algunos jugadores importantes han lastrado al equipo. Jiménez no estaba cómodo, y aunque la liga empezó aceptable ?ocho jornadas como terceros, victoria ante el Real Madrid incluida-, la alternancia en todas las competiciones y un escaso fondo de banquillo les hicieron despegarse de la zona noble de la Liga. Romaric sigue sin funcionar, Luis Fabiano ha estado más en enfermería que en el césped, a Kanouté se le van notando los años, Negredo ha estado demasiado intermitente, Konko sigue sin asomarse ni de cerca al lateral al que vino a sustituir, y a estas dudas sumarle la desafortunada afección cardiaca de Sergio Sánchez, imprescindible en lo que jugó hasta el momento de tener que abandonar el césped. Con lo puesto, esto es, Palop, Navas, Capel, Zokora, Renato y alguno más, el equipo dio de sí lo que dio. El despido de Jiménez, en la jornada 28, tras un inexplicable empate casero ante el Xerez, quiso utilizarse como revulsivo para un equipo que veía alejarse su plaza Champions ante un indomable Mallorca y cuyo futuro no pintaba nada bien.
Antonio Álvarez, otro hombre de la casa, se encargó del equipo. Todo tras el affaire frustrado con Luís Aragonés. El de Marchena realmente no tocó nada. Dio vida a nuevos canteranos, pero el planteamiento se deslizó por los mismos sitios que el de Jiménez. Sin brillantez, con la inercia inevitable, el equipo logró mantener la posición y, en una dramática jornada final, en el último minuto de su Liga, tras un gol acrobático de Rodri ante el Almería, certificó ese hueco de oro en la Liga de Campeones del año próximo. Para Del Nido todo pasa por ese escaparate, presupuesto e ilusión van de la mano en una competición que tampoco ha dado tantas alegrías al club de Nervión. La Copa, ganada brillantemente al Atleti, no parece garantizar el puesto del siempre risueño Álvarez. Si se prescindió de Jiménez, por apatía y falta de brillantez, no se querrá contar con un técnico de similares hechuras. Suena Manzano, suena Quique, la misma cantinela de todos los veranos.
El Sevilla debe dar un paso al frente con el equipo. Tiene buenos jugadores que vienen de abajo como Lolo, Cala, el propio Rodri, José Carlos o Luna. Tiene al delantero titular de Brasil que con un Mundial decente podrá ser bien vendido en el mercado estival. En cualquier caso, una profunda renovación que los mantenga en la élite y un entrenador que retome el juego creativo que los llevó al éxito europeo hace pocos años. Este año se ha echado de menos un creador en el centro de campo, no sólo se vive de bandas ?eso sí, qué bandas-. Un mediocentro con buen toque, que habilite a los extremos, que surta a los delanteros. Con Zokora cubriendo las espaldas. Con Capel y Navas como dos balas. Con Negredo, poco a poco afianzándose en el equipo, de hombre referencia. Una nueva vuelta de tuerca para un equipo que, paso a paso, sigue creciendo como entidad futbolística. Europa, un nuevo trofeo en las vitrinas, y la voluntad de querer seguir haciéndose grandes.
Lo mejor: La cuarta plaza que permite disputar la Champions.
Lo peor: La falta de un entrenador respaldado por el club y la afición con el que poder seguir creciendo.
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