Por Enrique Ballester el 18-Jan-2011 |
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El Villarreal completó el sábado, con la victoria sobre Osasuna, la mejor primera vuelta de su historia. En una temporada que se adivinaba delicada, por la incorporación de un capazo de jugadores provenientes del filial, el entrenador Juan Carlos Garrido ha sabido exprimir sus armas con esmero, otorgando galones a los fichajes desde el primer día, recuperando la mejor versión de la mayoría de los veteranos y liderando el deseo y la ambición de un grupo que ha convertido su estadio, El Madrigal, en territorio inexpugnable. No en vano, en Liga, tan sólo ha cedido un empate, ante el Valencia, de quien se vengó más tarde en la Copa del Rey.
En Copa, precisamente, aguarda esta noche el reto más palpable para esta temporada. Al Villarreal, que lo ha logrado casi todo, le queda un reto pendiente: levantar un título. Y el torneo copero se antoja la vía más plausible, con la Europa League en cuarentena. Hoy visita el Sánchez Pizjuán en desventaja. Empató a tres en el partido de ida de los cuartos de final, y debe remontar a domicilio. A modo de previa del cruce con el Sevilla, repasamos los ingredientes que han aupado al Villarreal de Garrido al podio del fútbol español.
Un equipo de autor
Pese a lo que en un principio podría esperarse, al asomar desde la base de la entidad, Garrido no es un entrenador de perfil bajo. Lo dejó entrever el curso pasado, cuando relevó en el banquillo a Ernesto Valverde. Lo afirmó con el paso de los semanas, aumentando cuotas de poder en el club, eligiendo al milímetro a quienes le rodean en el trabajo diario, y lo subrayó esta temporada, también, de puertas hacia afuera, en la obra que se puede observar cada semana, en cada uno de los partidos.
Es el Villarreal un equipo de autor, que juega como quiere su entrenador que juegue, porque entrena como quiere su entrenador que entrene, y porque nadie conocía tan bien como Garrido, no sólo las virtudes evidentes del toque, la calidad y la belleza estética del estilo, sino también esas carencias a menudo intangibles que restaban competitividad al plantel en momentos determinados.
En esa franja relativa al carácter y la mentalidad se ha movido Garrido en el diván, con sus jugadores. Es el amarillo ahora un plantel más curtido, menos agradable cuando el viento gira en contra, más peligroso en distintas circunstancias. No sólo no se amilana, incluso sabe intimidar. Conoce ahora más caminos a la victoria, porque no necesita jugar bonito para sentirse a gusto. Se fabricó un desafío en el horizonte, ser grande, y lo intentó incluso en el Camp Nou y en el Bernabéu, clavando picas desde el juego, sí, pero igualmente desde el orgullo, en el querer pelear de tú a tú sobre el césped, como el entrenador con sus colegas en la lucha subterránea de los banquillos.
Sin perder finura, ha ganado texturas. Menos previsible, es más peligroso.
El plus de Marchena y Borja
Uno de los saltos de mejora que ha dado el Villarreal en esta primera vuelta lo protagoniza Carlos Marchena, que empastó la zaga desde el inicio, con esa dosis de oficio impagable. El club amarillo fichó poco en verano, pero con buena vista. La mayor apuesta fue por Borja Valero, y éste no ha defraudado. Ha rendido tanto en el eje como en un costado, y se ha convertido en el socio de todos, en la rueda del pase, el control y el apoyo. Es el máximo asistente del equipo y ha abierto una vía novedosa a pelota parada, donde exhibe con maestría la pegada de su bota derecha.
El crecimiento de Bruno
Bruno Soriano es el único jugador de campo que ha disputado todos los minutos de Liga. Es fijo para Garrido, que reivindica su valor simbólico. Rescatado con 19 años del Artana, en categoría regional, creció en la Ciutat Esportiva y es usado como ejemplo por sus superiores, con frecuencia, a la hora de señalar el valor futuro del proyecto. Bruno, que ha alcanzado la internacionalidad, ha crecido exponencialmente con Garrido, que le dio el timón sin condiciones, y éste ha respondido con cuajo y sabiduría. A su ya conocida capacidad para presentar el balón al compañero en las mejores condiciones, ha añadido la memorización del manual del pivote. Cada jornada parece más sabio, más aplicado en la intendencia, más expeditivo en cruces y choques, y más amplio su radio de acción. Empiece donde empiece, y termine como termine, todo pasa por el filtro de Bruno.
Labor de recuperación
Olvidados los problemas físicos, Cazorla ha vuelto a su mejor nivel, ése que le convierte en un tesoro adorable. A su vera, Cani ha mostrado una madurez inusitada. Acusado de irregular, ha resuelto ser continuo en el trabajo, consciente del capricho de las musas. A partir de ahí, llegaron los réditos, y el adorno del golazo a Osasuna, en un golpeo prodigioso sólo posible desde la confianza.
Una dupla letal
Ese ambiente de gobernar a través de la pelota, y de camuflarse en la distracción para preparar emboscadas a la contra, ha aupado a Rossi y a Nilmar al estrellato más serio. La pareja ha rendido al nivel de la aristocracia del fútbol mundial, en una danza armoniosa y asesina de fintas, desmarques y remates. La lesión de Nilmar abrió una rendija a la eclosión de Marco Ruben que, tras un breve periodo de adaptación al engranaje colectivo, se ha destapado como goleador con cuatro tantos consecutivos. Lo de Ruben es una noticia esperanzadora para lo que espera, porque la carga de minutos ha derivado en lesiones. En este panorama, a medio plazo, la aportación de los menos habituales -fichaje de Cicinho incluido- se antoja vital para no caerse de la ola.
Versión ampliada del artículo publicado en Levante de Castelló el pasado lunes.
foto: ACF Fotografía
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