SANTO DOMINGO, República Dominicana.- Sin lugar a dudas, la economía mundial atraviesa por uno de los períodos más desafiantes desde la Gran Depresión de la década del 30, un hecho que responde a los efectos perniciosos sobre el empleo, la inversión y el consumo privados resultantes de la destrucción masiva de riqueza, fruto de los colapsos masivos en las bolsas financieras mundiales desde octubre del 2007 y de la profunda contracción del crédito al sector privado por los que atraviesan la mayoría de las economías.
Estas dinámicas virtualmente aseguran una recesión en la economía norteamericana, con o sin paquete de asistencia al sector financiero, en el período comprendido entre el tercer trimestre del 2008 y el primero del 2009.
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| Carlos Asilis, jefe de Estrategia de inversión de Glovista Investments. |
| Clave Digital. |
Por otra parte, las economías europea y japonesa han entrado en recesión técnica este trimestre y se proyecta que crezcan, en el mejor de los casos, un 0.5% en el 2009.Proyectamos que la economía norteamericana crecerá, en el mejor de los casos, entre 0.75% y 1.25% durante el próximo año.
En sus inicios, los procesos de destrucción de riqueza financiera y la contracción del crédito a nivel mundial fueron desatados por la entrada en crisis del sector financiero norteamericano hace poco más de un año.
Específicamente, a mediados del 2007 la crisis encontró su detonante en el sector de préstamos hipotecarios residenciales de alto riesgo (subprime), con severos efectos de contagio sobre un número creciente de otros sectores. De forma gradual y creciente, las pérdidas financieras y la contracción del crédito resultantes de la crisis de un pequeño sector se fueron extendiendo a otras áreas hasta cobrar una dimensión macroeconómica nacional e internacional sin precedentes históricos, especialmente en las últimas dos semanas, luego de la quiebra de Lehman Brothers y de la intervención de AIG.
La quiebra de Lehman Brothers constituye la mayor en la historia de los EEUU, con un monto de deuda que asciende a más de 600 mil millones de dólares; por otro lado, la intervención de AIG por parte del gobierno norteamericano supone el desmonte efectivo y gradual de los activos de dicha empresa, los cua les ascienden a más de 1 billón (es decir, un millón de millones) de dólares.
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Se trata de montos masivos incluso para la mayor economía del mundo, cuyo producto interno bruto anual asciende a 14.5 billones de dólares. El trauma sin precedentes por el cual atraviesan los mercados crediticios y de dinero del mundo en estas últimas dos semanas es, en gran parte, el resultado de la absorción de los múltiples desajustes causados por los episodios de Lehman y AIG sobre el sistema de crédito interbancario mundial.La vorágine de desapalancamiento financiero que ha cobrado un número creciente de quiebras bancarias, con un efecto recesivo notable a nivel global, refleja el grado extremo del cual la economía mundial ha venido a depender sobre el sector financiero no-bancario (especialmente bancos de inversión independientes).
De hecho, aproximadamente el 50% del crecimiento en el crédito financiero desde el 2001 se intermedió a través de entidades financieras no-bancarias. De ello se desprende el hecho de que una gran parte del deterioro sistémico ha provenido de entidades del citado sector, incluidos Bear Stearns, Lehman Brothers, AIG y Merrill Lynch, entre otras. La quiebra o absorción de estas empresas, aunque traumática en el corto plazo para el sistema financiero mundial, representan acciones necesarias para salvaguardar la integridad del sistema financiero mundial de tal forma que no se repita una crisis de la envergadura de la presente.
Peligro para el país
En un mundo globalizado, los efectos de lo que inicialmente constituyó exclusivamente una crisis sectorial dentro de un solo país (Estados Unidos) se internacionalizaron rápidamente, especialmente a Europa y Asia, cuyas instituciones financieras exhiben un grado de integración internacional mayor que sus homólogas en África y Latinoamérica.
?A grosso modo?, desde octubre del 2007 hasta la fecha, la destrucción de riqueza en los mercados financieros globales asciende a más de 12 billones de dólares, monto que representa aproximadamente el 100% del producto interior bruto anual de EEUU, y más de un cuarto del producto mundial.
Bajo nuestra perspectiva, la génesis de la crisis financiera mundial radica en los excesos acumulados por el sector financiero norteamericano durante la última década, especialmente desde el 2001.
Durante ese período el crédito al sector privado creció a un ritmo insostenible, fomentado por posturas regulatorias y monetarias laxas auspiciadas principalmente por las políticas del ex presidente de la Reserva Federal (FED, Doctor Alan Greenspan). Por ejemplo, en el transcurso de tan sólo cinco años, el aumento en el stock de crédito inmobiliario residencial representó aproximadamente 35% del PIB.
Desde la óptica dominicana, nuestra mayor interrogante colectiva radica en dimensionar el grado de vulnerabilidad de nuestra economía a los efectos económicos y financieros, directos e indirectos, de la crisis financiera mundial. En segundo orden, resulta del interés público establecer el menú de acciones que puedan acoger nuestros sectores público y privado para mitigar los efectos perniciosos de la crisis.
Desde nuestra perspectiva, y por las consideraciones expuestas a continuación, resulta sumamente evidente que la crisis financiera mundial representa una seria amenaza a la estabilidad macroeconómica y financiera del país. Por consiguiente, es de interés nacional que nuestro gobierno auspicie un reajuste inmediato en el perfil de gasto público, para lograr su reducción, así como también una mayor eficiencia, a través de un mayor grado de transparencia en los protocolos de gasto público.
Esta necesidad se desprende del hecho de que nuestro sistema tributario es altamente pro cíclico, depende fundamentalmente del consumo privado. Conforme la economía dominicana se desacelera en los próximos trimestres, la posición fiscal lo hará por igual.
Ante tal escenario, la ausencia de un ajuste de gastos incidiría de forma adversa sobre el resto de la economía al momento que las expectativas devaluatorias se intensificarían.
Lo anterior se desprende de la observación universal de que en economías con las características nuestras, un deterioro en las cuentas fiscales desata expectativas devaluatorias mayores. A su vez, expectativas devaluatorias mayores generan una presión alcista mayor sobre las tasas de interés, las cuales conllevan una contracción en el crédito privado y la actividad económica, con secuelas adversas amplificadas sobre la posición fiscal.
Desafío financiero de RD
Ante la coyuntura económica y financiera mundial, resulta igualmente prioritario que el Estado dominicano asegure que el sistema tributario no entorpezca los esfuerzos del sector privado para alcanzar mayores niveles de productividad e inversión, dado que dichos esfuerzos acogen una mayor importancia en coyunturas económicas internacionales desafiantes, como la que estamos atravesando.
Por parte del sector privado, resulta prioritario que el sector financiero tome el liderazgo, en concurso con las autoridades financieras y económicas oficiales.
Esto incluye la adopción de medidas que abaraten el proceso de intermediación financiera, especialmente en lo que supone el margen entre las tasas activas y pasivas del sistema, así como también asegurar un proceso de intermediación financiera fluido para todos.
Por parte del sector privado no financiero, el desafío que representa la coyuntura económica presente debe ser encarado como una oportunidad para reinventarse y buscar nuevos mercados, vía el DRCAFTA, por ejemplo. Finalmente, conforme el precio del crudo y sus derivados se estabilizan a niveles más bajos resulta esencial que el Estado dominicano no titubee en traspasar dichos beneficios al sector familiar y empresarial vía precios más bajos.
Condiciones de fragilidad
La crisis financiera mundial representa una seria amenaza a la estabilidad macroeconómica y financiera dominicana en función de múltiples consideraciones, que incluyen:
Relación estadística estrecha entre el ciclo económico americano y el dominicano.
Esta realidad estadística se desprende del nexo estrecho entre ambas economías, fruto del intenso flujo comercial y de capitales financieros.
Ejemplos de años de bajo crecimiento económico en EE.UU. incluyen 1982, 1990 y 1991. Durante esos años, la economía dominicana creció muy por debajo de tendencia o se contrajo.
Condiciones de fragilidad macroeconómica y financiera notables en el caso dominicano. Desde un perfil cíclico, la económica dominicana exhibe condiciones de fragilidad económica notables, aunque no extremas, incluso un déficit de cuenta corriente por encima del 5% del PIB, en términos anualizados y sin ajustar por un tipo de cambio real sobrevaluado. Controlados dichos factores arrojarían un déficit de cuenta corriente aun mayor. Asimismo, el déficit del sector público consolidado de los últimos 12 y 24 meses, ajustado por tendencia, es inconsistente con condiciones de solvencia económica intertemporal dados los niveles actuales de endeudamiento público neto, aun sin ajustar estos últimos por factores de tendencia de largo plazo, incluidas la tasa de cambio real y tasa de crecimiento de productividad a largo plazo.
Insostenibilidad en el volumen de flujos de inversión extranjera directa experimentados estos últimos dos años. Alrededor del 40% de los flujos de capital privados estos últimos dos años obedece a dos dinámicas, ambas difícilmente resulten repetibles en los próximos 12 ó 24 meses. La primera responde a la inversión extranjera directa ligada al proceso DR-CAFTA mediante el cual empresas extranjeras han adquirido contrapartes locales en su sector. La historia financiera internacional que recoge la dinámica de flujos netos de capital a países que se hayan insertado dentro de acuerdos de integración comercial regionales (incluidos el NAFTA, MERCOSUR y acuerdos similares en Europa y Asia) indica claramente que el proceso de aceleración máximo ocurre en el periodo previo a la implementación final de dichos acuerdos.
En el caso dominicano, dicho periodo corresponde a los dos últimos años.
La segunda dinámica concierne al financiamiento del déficit de cuenta corriente a través de flujos de capital dirigidos al sector inmobiliario local.
Finalmente, en el ámbito de remesas del exterior, tanto la contracción económica mundial axial como el fortalecimiento del dólar versus el euro redundaran de forma negativa sobre la cuenta de capitales de nuestro país en los próximos trimestres.
Crisis financiera global supone una contracción forzosa del crédito al sector privado y un encarecimiento del crédito al sector publico, con consecuencias potenciales adversas sobre las cuentas fiscales del Estado, incluido el déficit cuasi fiscal, a menos que el gobierno reoriente su política de gasto, especialmente en el ámbito de gasto corriente. En una economía pequeña y abierta como la dominicana, sin tomar en consideración la fijación efectiva del tipo de cambio (flotación sucia) que se ha llevado, la tasa de interés en pesos aumenta conforme aumentan (1) el costo del capital en el resto del mundo y (2) las expectativas devaluatorias del peso dominicano. Como consecuencia de la crisis financiera global, el costo del capital en el resto del mundo ha subido de forma vertiginosa en las últimas semanas. Desde principios del 2008, las expectativas devaluatorias sobre el peso dominicano han aumentado.
Las autoridades monetarias dominicanas no pueden hacer mucho para contrarrestar la dinámica alcista del costo de capital en los mercados internacionales. Sin embargo, las autoridades dominicanas pueden ejercer una influencia de estabilidad sobre las expectativas devaluatorias. Esta tarea recae sobre el Poder Ejecutivo, a través de la Secretaria de Economía y Planificación.