Por Borja Barba el 11-Sep-2010 |
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Pese a una firme corriente de opinión en contra, y a que un ‘algo’ intangible continua dificultando la comunión total con el graderío, Joaquín Caparrós afronta la que será su cuarta temporada en el banquillo del Athletic Club. Parece ya muy lejano aquel bienio negro de la historia reciente del equipo rojiblanco. Apenas se distinguen ya los débiles ecos de aquella salvación agónica en la última jornada de Liga. Afortunadamente para la parroquia de San Mamés, la vista del equipo dejó de dirigirse hacia la línea de flotación de la nave, para fijarse en el horizonte, una vez hallado el rumbo correcto y los buenos vientos. Nada hace presuponer que el futuro del equipo no vaya a ser halagüeño.
Por eso, el objetivo primordial de la presente campaña para los bilbaínos, pasa indudablemente por volver a saborear el regusto inconfundible de la competición europea. Tras una más que digna participación en la pasada temporada (truncada a manos del Anderlecht en dieciseisavos de final), una mala racha liguera, justo en el tramo final del campeonato, hizo que los vascos se quedaran a las puertas de repetir la experiencia por segundo año consecutivo.
Hablar de una pretemporada en el Athletic, por extraño que parezca, no implica necesariamente hablar de caras nuevas en la plantilla. La peculiar política de fichajes (no ya de cantera) del equipo bilbaíno ha acabado limitando su mercado al Grupo II de la Segunda división B. Por eso, y pese a la aparición de alguna cara nueva en la plantilla (casos del extremo Ibai Gómez, procedente del Sestao, o del mediapunta Igor Martínez, del Alavés), las principales noticias en torno a la configuración de la plantilla de este nuevo Athletic 2010/11, se ciernen sin lugar en dudas en torno a la permanencia en el club de los dos campeones del mundo, Fernando Llorente y Javi Martínez. Los dos, junto a Fernando Amorebieta en la zaga y Gorka Iraizoz en la portería, forman la indiscutible columna vertebral del equipo de Caparrós. Indiscutible cada uno en su puesto.
Se confía en un bloque que mezcla en las dosis idóneas juventud y experiencia. Bien es cierto que han dejado el club futbolistas como Joseba Etxebarria (retirado), o Fran Yeste (en la liga de Qatar), pero ninguno de los dos gozaba ya de la importancia de antaño dentro del esquema del técnico andaluz. Por a ello, el peso de la experiencia y la veteranía recaerá sobre futbolistas que ya rondan, o incluso sobrepasan, la treintena, como el caso de Andoni Iraola, indiscutible como lateral derecho, Carlos Gurpegui o Igor Gabilondo. A su lado seguirán creciendo jugadores como Markel Susaeta, habitual ocupante de la banda derecha del ataque vasco, en detrimento de David López, Ander Iturraspe o el excelente central Mikel San José, por el que se ha llegado a un acuerdo definitivo con el Liverpool, club que poseía sus derechos hasta la pasada temporada, para que pase a formar parte del futuro del club. Se espera igualmente que éste sea el año de la consagración como futbolista de primer nivel del jovencísimo Iker Muniain, gran esperanza de la cantera de Lezama, y que ya dejara buenas muestras de lo que puede llegar a ser capaz durante la pasada campaña.
Queda por despejar la gran incógnita que supone, al menos para un buen sector del graderío de San Mamés, la presencia de Joaquín Caparrós en el banquillo bilbaíno. Engullido por el personaje que él mismo se empeña en interpretar en cada una de sus apariciones públicas desde que se hiciera cargo del equipo hace ahora cuatro años, el de Utrera cuenta a su favor con el aval que supone el haber conseguido sacar al equipo de los años oscuros y de amenaza de descenso, amén del sobresaliente éxito de la Final de Copa del Rey de hace dos temporadas, pero sigue sin convencer, en lo que a juego se refiere, a buena parte del muy entendido público rojiblanco. Se espera mejor juego con los mimbres disponibles. Y en pocos sitios como en Bilbao, con un equipo con pesadas limitaciones en cuanto a la composición de la plantilla, se sabe valorar el talento disponible. Por eso, por disponer de futbolistas de la talla de Fernando Llorente, Javi Martínez, Iker Muniain, Markel Susaeta, Andoni Iraola, David López o Igor Gabilondo, se exige a este equipo un plus en cuanto a juego. Se le exige abandonar el recurso único y resabido del patadón, la garra y la ‘testiculina’, y al menos, en su propio estadio, intentar cultivar el juego asociativo que permitiría renovar un estilo al que, en demasiadas ocasiones, termina viéndosele el cartón.
Lo mejor: Sin lugar a dudas, mantener el bloque del pasado año, habiendo retenido a Llorente y Javi Martínez, es una de las mejores noticias que podía esperar la parroquia bilbaína.
Lo peor: La aparente endeblez fuera de casa, o al menos la gran diferencia existente con los resultados obtenidos en San Mamés. Fernando Llorente no tiene sustituto. El empecinamiento de Caparrós en ‘tirar’ determinados partidos.
Un pronóstico: Debe volver a la lucha por Europa y retomar el protagonismo perdido en la Copa del Rey. Estará arriba.
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