Por Antonio Agredano el 27-Aug-2010 |
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Los perdedores tienen cierto encanto. En Hollywood siempre premian a ese antihéroe que sobrevive en el lado salvaje de la vida. Lejos de la gloria, ocasionalmente afortunado, cubierto por ese halo de malditismo que tanto cala en los espectadores. No quiero diseccionar una cultura como la del Atleti, pero es innegable que el equipo de la camiseta rojiblanca ha estado unido históricamente a la decepción. Eso de ?El Pupas? define, de alguna manera, una trayectoria de sinsabores. De injustas derrotas cuando tocaban victorias? y viceversa. Nunca me han gustado los sanbenitos, luchar contra el tópico siempre me anima, y eso hizo la temporada pasada el Atlético de Madrid. Empezó mal con Abel Resino, un técnico de la casa que fue de más a menos, dejando al equipo hundido en la liga y fuera de la Champions en un grupo asequible. Cuando Quique llegó encontró al club en la depresión de casi siempre. La metáfora del enfermo era muy acertada.
Y de la nada, el Atleti se plantó en dos finales. La primera la ganó frente al Fulham, alzando la novísima Europa League. Perdió la segunda y la Copa del Rey voló a las vitrinas del Sánchez Pizjuan. Aún con ese postrero revés, el equipo ilusionó a todos. A favor tenemos un equipo aseado, estrellas de ámbito mundial, un entrenador con las ideas claras, una cantera que escupe futbolistas de calidad, un título después de muchos años y, sobre todo, la sensación de que las penurias van a acabar de repente. Como si la pasada campaña hubiera traído un nuevo carácter, como si se hubieran derrotado esos apodos perjudiciales y condescendientes. A unos días de empezar la liga esa sensación pervive en el ambiente.
Los fichajes, metadona para los aficionados en el largo y soporífero verano, han sido colosales. A expensas del rendimiento, una incógnita siempre, los nombres relucen en la tabla de incorporaciones. Filipe Luis, el mejor lateral zurdo de los últimos años en nuestra liga, con el que han coqueteado muchos grandes equipos, acepta jugar en el Atleti. La baja de un Pernía testimonial y la dosificación de un racial pero intermitente Antonio López pedían un recambio, y llegó uno de lujo. Godín, central uruguayo del Villareal, experimentado y seguro, también decide venir al Manzanares. De un plumazo, y sobre la mesa, solventado el problema de la defensa. Con Ufjalusi escorado al lateral, con Perea más entonado que de costumbre y, sobre todo, con la irrupción de Domínguez, el equipo de Quique Sánchez Flores ha confeccionado una zaga notable.
El centro del campo también ha mejorado sensiblemente. Ha repescado a Mario Suárez, que viene de jugar regularmente en el Mallorca. Ha apostado por Fran Mérida, un centrocampista creativo con más capacidad asociativa que Raúl García y más desgaste que Jurado; y ha firmado una nueva cesión de Tiago, el encargado de dar consistencia a la medular la temporada pasada. Visto así, y sumando el renacer de Reyes, la solvencia habitual de Simao y el oficio y trabajo de Assunçao, el equipo colchonero puede presumir de un centrocampo fluido, poblado y resultón.
La delantera es el cofre donde el club guarda sus tesoros. Forlán y Agüero son un dúo desequilibrante, goleador, talentoso, de equipo que aspira a todo. En el banco, y tras las salida de Salvio al Benfica, Diego Costa ha conseguido convencer al técnico. Lo hizo bien en el Valladolid y en su rol en la plantilla ?alternativa del uruguayo y el argentino- da más seguridad que Ibrahima y está un paso por encima de otros jugadores que en el pasado ocuparon su posición como Sinama-Pongolle. Las tres líneas, unidas al magnífico rendimiento del portero De Gea ?tanto futuro como presente viendo su desempeño bajo palos en los últimos meses- convierten al Atleti en, cuanto menos, un equipo compensado y sólida alternativa a los de siempre.
De la paciencia del Calderón, ganada gramo a gramo por Quique, y el rendimiento de las incorporaciones depende el devenir de una entidad que ya no victimiza su situación, sino que aspira a todo. Sin pudor, sin temor a los fantasmas. La planificación de este año ha sido excelente, el trabajo de la cantera también. Aquella copa levantada de la Europa League disipó muchas dudas, fue un empujón para un club anclado en la desdicha, en la alegría con cuentagotas. No sé como saldrán las cosas, pero como estructura, como plantilla, basándonos en el simple y llano fútbol, el Atlético debe ser carne de Champions para la próxima temporada. Enlazar unas cuantas temporadas meritorias puede servir, de una vez por todas, para olvidar la molesta estampa de los últimos años de club poco congraciado con el éxito.
Lo mejor: Su delantera es apabullante. Capaz de llevar al equipo muy lejos a poco que el resto de la maquinaria funcione dignamente.
Lo peor: El Atleti es un club imprevisible. En sus genes, o donde sea, siempre guarda esa capacidad de defraudar aún cuando las cosas se hayan hecho bien.
Pronóstico: Creo que el equipo está preparado para acabar entre los cuatro primeros. El Valencia es un incógnita y el Sevilla anda desnortado. Puede ser el tercer equipo tras los dos indiscutibles de siempre.
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