Si los invitados fueron puntuales, y no hay por qué suponer lo contrario, a las cuatro de la tarde exactas de este ventoso sábado comenzó en Casa de Campo un producto más del onanismo ?teórico? del presidente Leonel Fernández: el seminario ?El emergente orden financiero: una perspectiva regional? Recién llegado de una gira de catorce días por cinco países del mundo, a cuatro de los cuales no fue en visita oficial sino persiguiendo debates especializados sobre la crisis ?¿compulsión de codearse con los que "saben" y alimentarse por ósmosis??, Fernández no tuvo mejor idea al desembarcar que instruir a Temístocles Montás el anuncio de un seminario con tres presidentes invitados, incluido el de Haití, René Préval (que finalmente no vino), para llover sobre mojado en el plácido y lujoso ambiente del complejo turístico Casa de Campo, donde la pobreza provoca regurgitaciones. Urtica, por lo menos a mi, este denodado empeño del presidente Fernández en presentarse ante la sociedad dominicana ?cuyos intelectuales, si los tiene, están mudos o empleados? como el epítome de una sabiduría social y política que nos salva, pero solo a través suyo, de nuestra irredimible opacidad isleña. Él nos pone en el mundo, repiten sus descerebrados áulicos. Y no es que me disguste un Presidente al tanto del último ¡guay! en la pasarela bibliográfica; actualización que, sin embargo, no le asegura llevar sobre el resto de los mortales dominicanos ventaja indiscutible porque, en lugar de lumbrera, podría ser un simple lector de solapas, repetidor infatigable de frases hechas (vg. ?capitalismo de casino? , Susan Strange (1986), dixit), como lo calificó en una entrevista que me concedió y publiqué tiempo ha en la revista Rumbo alguien que ahora desearía, imagino, ser pirómano que convirtiera en cenizas, rastreándolo allí donde pudiera encontrarse, hasta el último ejemplar impreso de un testimonio que es mejor olvidar en beneficio de la prole y de la conyugalidad. Lo que verdaderamente me fastidia es que Fernández postergue a quién sabe cuándo los problemas reales de un país real urgido de soluciones reales en beneficio de una cháchara reiterativa y reiterada que, por ejemplo, no resuelve los apagones, ni el déficit fiscal y ni una sola de las urgencias cotidianas de una sociedad que lo reeligió para que haga algo más que complacer su difusa identidad política. Seamos pedestres frente a su olímpica sapiencia. Hace apenas dos semanas, Maritza, mi empleada doméstica, con lágrimas en los ojos, me contó un drama por demás cotidiano: en el Hospital Infantil Robert Reid Cabral, moría de tétanos una niña de doce años, pariente suya, a la que su padre no pudo comprar a tiempo la antitetánica que previniera que una pequeña, insignificante herida se la arrebatara para siempre. ¿Cuánto cuesta vaporearse trayendo al país a George Soros y a Joseph Stiglizt? ¿Cuánto a los demás participantes de este seminario redundante? ¿Cuántas niñas parientes de miles de iguales a Maritza podrían mecer su sonrisa al viento, en lugar de pudrirse bajo la tierra, con ese dinero público engullido por el incontrolado manirrotismo presidencial? Que alguien me diga, por favor, en qué nos beneficia el turismo ?intelectual? del presidente Fernández (quien para justificar el último paseo habló de entendimiento en turismo con Qatar, que tiene 885 mil habitantes, un poquito menos de la mitad de la provincia Santo Domingo y unos 30 mil habitantes menos que el Distrito Nacional); que me diga cómo se refleja en la educación y en la salud, en el saneamiento barrial y en la morbi-mortalidad materna e infantil o en el desolador abandono de nuestra inhóspita frontera. Sí, ojalá alguien me responda estas simples preguntas. Margarita Cordero |