Aunque parezca anuncio publicitario de una tabacalera debo decir que es difícil leer y escribir sin la compañía de un tabaco. Y más difícil es cuando se lee un diagnóstico clínico. Si bien a los doctores no les gusta que sus pacientes tomen alcohol y fumen, hace bien para el alma beber hasta emborracharse luego de leer el nombre de una enfermedad. Claro, también haría bien tener un revólver a mano, pero no para utilizarlo en nosotros sino para matar al resto. A nosotros que nos lleve la noche, los juegos, los vicios? es decir que a nosotros nos mate la cosa interna que patea como feto despierto en la madrugada, o más rápido, que nos termine matando la enfermedad? Según el análisis de Luis Antonio de Villena, en su libro ?La felicidad y el suicidio?, esto sería una autodestrucción y no precisamente el suicidio, ya que el suicidio es matarse a uno mismo, cuando no queda ninguna luz de esperanza, sin tener ninguna rendija por la que brote una voz. Bien decía entonces Jorge Enrique Adoum, en su texto ?Sobre la inutilidad de la semiología?: un suicida no llama a nadie.
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Como siempre lo he dicho irse es un duro trabajo, fallar en el intento es penoso y frustrante, pero ridículo es andar pregonando: me voy a matar. Confieso que he sido una de esas personas ridículas, pero no es algo que me enorgullezca, pero parece por lo que he escuchado que hay quienes les da gran orgullo decir: ?yo intenté matarme pero aquí estoy?. En esas conversaciones con seudo intelectuales es frecuente escuchar estas cosas. Bueno si lo dicen ya pasados de tragos, puede ser aceptable, pero en sano juicio? La otra noche no solamente escuché de cómo se han matado los conocidos, sino también se hizo un análisis de por qué de sus decisiones. ?No me lo explico, si era tan feliz, si incluso bailaba en las reuniones? decían. Vaya, como si una sonrisa o una carcajada fuese signo de querer estar en esta vida? cómo si el bailar alejara la muerte por mano propia? Allí también comprendí, que el suicida puede ser un obsesivo compulsivo, que se traga todo el dolor y aparenta seguridad, mientras que los que pregonan que se van a matar, no son más que unos histéricos que piden auxilio. Y también que intentar descubrir que fue lo que llevó a cierta persona al suicidio es una tontería, porque no hay un punto central, es un nido que se va llenando de monstruos y llega el día en que se caen del cesto o dicho de manera más cruda, los sesos se caen de la cabeza (si utilizamos el revólver).
Vivir alocadamente, según Villena puede ser otra forma de andar perdiendo la vida, como lo hizo Lord Byron, quien rompió toda norma, siempre estaba en busca de lo imposible, quería la felicidad aunque sabía que no existía, pero se lanzó a ella, y este lanzarse al vacío, ya era un suicidio. El mundo debía ser una perfección que estaba y está lejos de existir. ¿Qué amaba Byron, la muerte o la vida? Por su actuar, parece que la vida, pero una vida sublime, no la traidora e imperfecta.
Por lo general han sido los artistas a los que les ha preocupado el marcharse de esta vida, pero hay quienes no lo han hecho y no por eso han dejado de ser menos severos con su arte y transmisores de situaciones que pueden matar a cualquier ser humano. Es el caso ? dice Villena- de Dorothy Parker, creadora de ?Una dama Neoyorquina?, que después de dos intentos de suicidio siguió con su whisky, sus fiestas y su moda. Viviendo como si fuera su último día. Murió de un infarto.
Resistir, ese era el propósito de Parker. Claro, el resistir talvez es la manera más pausada de irse retirando con honor de este mundo. Resistir para decirle a las adversidades, que uno es más fuerte, resistir como otra forma de suicidio y también como otra manera de autodestrucción?
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Con respecto a que el suicidio no se debe a un hecho único, sino que es un nido que se va llenando de monstruos, era también para referirme a Alfonsina Storni, otro personaje del libro de Villena. Yo era una de las que creía que Storni se había matado por un amor, pues no, a ella se le acumularon muertes y una enfermedad terminal. No lo sabía. (Debo leer más para enterarme de algo, pero bueno afortunadamente no soy como los sábelo todo que nunca faltan en las reuniones).
Volviendo a que este es un mundo imperfecto, si fuera perfecto, como Lord Byron quería se acabaría el humor de los seres humanos, ya que ellos siempre se ríen de las imperfecciones? por ejemplo, en días anteriores me invitan a una lectura y creo que cuando eso ocurre el invitado pasa a leer, pero por una desorganización y una falta de respeto a los que hacemos fila, porque hay que aclarar que en este país (y en otros cómo me lo comentaba la actriz y escritora estadounidense, Elizabeth Doud), hay quienes hacemos fila, porque al parecer hay que esperar el turno, porque otros son los escritores; pues bien, no se me permitió leer. Y sobre la falta de respeto, me pedían una sonrisita para la foto y todos felices. Allí estaba la imperfección de la cual hicieron bromas. Pero este mundo imperfecto nos enseña justamente a no hacer fila. Siempre he sido de la idea del que quiera escribir, escriba y no pida permiso a nadie, por estar con la supuesta ?créme de la créme del homo sapiens? me di contra el suelo. ?La fama como un borracho consume la casa del alma/ revelando que sólo has trabajado para eso??, dice Malcom Lowry, otro de los ejemplos de Villena.
En fin, el tiempo dirá. Por el momento puedo decir que me alegra que algunos escritores hayan entendido, que hay que irse por otro lado si se quiere dejar ver la obra. Aplaudo los cuentos de Miguel Antonio Chávez y los de Eduardo Varas, que están en una antología virtual, compartiendo el ciberespacio con otros escritores.
Al hablar de antologías es bueno hablar de escritores y no hacer esas diferencias incómodas: escritores de tal a tal edad, los que ya son reconocidos, los que escriben sobre la ciudad, los que escriben de erotismo, los de la calle, etcétera. El lector sabe cuando está frente a un escritor, ahora que éste se incline por un tema o temas, no le pone ni le quita el título de escritor, si es escritor pues sus textos lo avalan, punto. (No soy crítica literaria ni quiero serlo, al menos, no como los bichos que hay en este país, que junto a algunas personas vinculadas a los medios, crean a los escritores consagrados).
Este mundo imperfecto, tan risible que da ansiedad de caer en la locura? hace unos días corrió la noticia de que unos perros mataron a un niño. No cabe duda, que debe ser un gran dolor para los padres que perdieron a su ser querido, pero las reglas que intenta tomar esta sociedad son incoherentes. Las autoridades quieren salir a matar a los perros de la calle e inmiscuirse en los hogares donde habitan los perros ?bravos? para eliminarlos. ¡Es el colmo!, pues en muchos de los casos, por no decir en todos, lo que hay son seres humanos irresponsables y no perros perversos. Es una estupidez que nos quiten a los perros, ellos que nos acompañan en las horas del desprecio.
Volviendo a ?La felicidad y el suicidio?, espero que más personas lean este ensayo que vale la pena tenerlo. Bueno, en realidad para leer sobre el suicidio hay que acudir a Durckeim, pero como estas librerías no lo tienen opté por Villena, lo cual no fue una decepción, al contrario, ha sido muy satisfactorio. (Por el momento a Durckeim hay que leerlo en las bibliotecas o en Internet).
Ahora que menciono a las librerías, sería bueno también hablar de las editoriales de este país, otros huecos que solo ponen atención a los que supuestamente son escritores consagrados, si supieran que detrás de ellos hay minas de oro. Pero a estas alturas ya no ruego que vean la calidad de los contenidos, sino que piensen en dólares? ¡Señores, están perdiendo minas de oro, al no tomar en cuenta a los llamados escritores jóvenes!
Pero regresando a la autodestrucción, también es autodestructivo entregarse a las pasiones con signo de vitalidad, aunque dentro de nosotros sepamos que no serán posibles, ni mucho menos tendrán el final feliz que nos han vendido desde que éramos niños. La pasión, otra forma de resistir al borde del abismo. Y estar en el borde, es tener una herida que no para de sangrar, mirar hacia el abismo es más terrible que la caída misma, el que el cuerpo se choque contra el fondo de ese abismo, solo puede significar la muerte, es decir, el consuelo. O como lo imaginó Nietzsche en ?Asi hablaba Zaratustra? ?Lo espantoso no es la altura, sino la pendiente? allí es donde el vértigo oprime el corazón?.
Resistencia a un diagnóstico clínico. La resistencia es un vértigo más terrible que la oscuridad eterna.
Y escribir, otra manera de resistir, como si uno fuera un suicida de oficio.
?¿No es el Arte, en ocasiones, un combate contra el afán de muerte??