Por adobe.ni el 24-Jan-2010 |
or parte de mis abuelos maternos, mi madre y sus cinco hermanas, aprendieron un mismo oficio. Cuando jovencitas se enrolaron en las fábricas de camisas, ubicadas en el centro de Alajuela y aquí salieron graduadas con el título de "Costureras," especialmente en la confección de camisas para adultos.
Años después, instalaron en sus hogares su propia fabriquita o taller, involucrando a sus hijos y hasta esposos.
Esta herencia fue transmitida a nosotros los hijos y nietos. Una hermosa herencia que nos sirvió para continuar la vida.
En aquellos talleres caseros, también se pulieron y confeccionaron otras prendas. Pantalones, blusas, vestidos, ropa interior para damas, delantales, sábanas, fundas, gabachas, camisas para futbolistas, incluso, hasta las sotanas de algunos sacerdotes.
El taller era grande, una mesa más grande que las del ?ping-pong? y sobre ésta, siempre una máquina eléctrica para el corte de las telas, un par de tijeras enormes , tizas blancas especiales utilizadas en las sastrerías, fardos de tela y moldes de cartón (patrones) con la talla de cada camisa.
Recuerdo, en 1966, las elecciones presidenciales ganadas por don José Joaquín Trejos Fernández, con el Partido Unificación Nacional.
Mi tía Dora, contrató la confección de banderas de esta agrupación política. Ella administraba el taller, con varias máquinas de coser y seis obreras. No fue cuento, me dio trabajo para que ganara unas ?extritas? y me puso en la máquina de ?overlock?, de sobra conocida porque en el taller de mi madre me especialicé en el manejo de este instrumento.
?Le encargo confeccionar tantas (no recuerdo la cantidad) banderas diarias?, decía. Para mi fue una diversión, pasar todo el día en esta labor, junto a la familia. Con inmenso orgullo confeccioné miles y miles de banderas ?azul-amarillo?. Muy jovencito, con 17 o menos años, conocí gente de aquel partido político y dirigentes, quienes llegaban al taller. No recuerdo si ?cielito lindo? - este es el sobrenombre de don José Joaquín quien portaba un "lunar" o mancha negra sobre la boca, paradiando a la famosa canción méxicana - nos visitó, pero mi tía lo destacaba como una ?gran persona?; todo este ambiente político hacía sentirme muy valioso en este trabajo y orgullosamente un obrero.
Banderas de todos los partidos políticos por todos lados, aunque mis preferidas eran las que pasaron por mis manos de ?costurero?: las miraba en los techos pintados o con herrumbre, en negocios, árboles, automóviles, en bicicletas, en manos del pueblo; siempre el pueblo mostró el ?color político? con entusiasmo, sin temor, sin ocultar nada, mostramos nuestro pensamiento político, que importa si éramos comunistas, socialdemócratas o cristianos. Todo era una fiesta, con gane o pérdida. Una Costa Rica más alegre, con mucho colorido electoral, una imagen agradable para nacionales y extranjeros al observar tanto fervor y respeto.
En la casa de mi madre, mostrábamos una bandera, pero nunca la bandera confeccionada por mis manos porque éramos de otro grupo.
Todo esto es historia, anecdótico?
Hoy, en el 2010, ya encima las elecciones generales, en mi barriada, en mi ciudad y en la mayoría de nuestra población, no ondean las banderas tradicionales. Se perdió el colorido, la emoción, la seguridad en creer en algo, aunque estuviéramos equivocados. Hoy, el entusiasmo se ha marchado, simplemente porque escuchamos promesas hermosas y luego somos defraudados, por mentir y ofrecer lo que no pueden dar. De paso, nadie visita lo que queda de aquel taller para la confección de más banderas y ganar un poquito más.
Cuánta alegría y orgullo sentíamos cuando acudimos con nuestros hijos a las ur
Magaly: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
nas electorales infantiles; con identificación de niño votante, me correspondió llevar a mis dos hijas a la escuela para que depositaran su voto, recuerdo que hasta votaron en contra de sus propios padres.
Hoy, aunque se gastan millones de dólares en finas propagandas por todos los medios, no convencen a muchos con derecho a elegir, mientras una considerable cantidad de ciudadanos sí acudimos a las urnas, en una demostración de fiesta democrática. Una fiesta democrática que ha ido perdiendo brillo por culpa de muchos políticos que se han servido de sus puestos públicos para enriquecer sus bolsillos y desgastar la paciencia del ciudadano, cansado de tanta mentira y demagogia.
Más emoción y sabor a "tico" tenían las fiestas de antes...con el gane o la derrota en las urnas.
Comments
Leído 20 veces

|