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El otro día me invitaron a presenciar un encuentro de Béibol en la cual los Leones de Caracas Baseball Club recibían a los Tiburones de La Guaira, dos de los equipos archi-rivales de Caracas, Venezuela.
Quién me invitó a ir, mi amigo Lergis Valero, tuvo la santa paciencia de explicarme desde las reglas simples, hasta las más complejas, enseñarme a interpretar el panel del estadio (que lleva una cantidad de datos) y, lo más sacrificado: soportar mis preguntas reiteradas sobre dudas que él acababa de aclarar unos minutos antes. Fue una suerte que Lergis hiciera de tutor en mi primera visita a un estado de béisbol; si no hubiera sido así, el béisol es a los ojos del ignorante un tipo que le da con un palo a una pelotita y sale corriendo…. pero (y tengo que reconocer que para mi fue una sorpresa) me encontré con un deporte muy complejo y con muchísima estrategia aplicada por uno y otro equipo.
En definitiva, la complejidad del juego solo hizo en mi despertar la llamita del interés, así que cualquier día de estos estoy volviendo a ver qué recuerdo y que entiendo, pues no solo son reglas nuevas, son palabras nuevas y por supuesto, las opiciones estratégicas que envuelven todo el encuentro.
En definitiva, si no conoce nada de béibol (como era mi caso) vaya al estadio con alguien que sepa (y tenga la paciencia de explicarle).

Una cosa que llamó mucho mi atención fue el público.

En mi país cuando se dice “voy al estadio”, se está hablando de futbol; esto significa que hablamos de “barras bravas”, tribunas separadas para cada parcialidad, la posibilidad evitar salir ambas hinchadas en el mismo momento, dejando salir primero a una y luego a otra, la posibilidad de violencia (dentro y fuera del estadio), la posibilida de destrozos y una fuerte presencia policial. En Uruguay, esta realidad del futbol, que es emergente al lado de otros países, ha llevado al alejamiento de la familia de los estadios (aunque creo que en Uruguay todavía se puede ir con cierta tranquilidad al futbol).
Y sobre este punto, el contraste con el béibol es notorio. Las parcialidades están totalmente mezcladas, cada una festejando las victorias parciales de su equipo en total paz. Uno ve padres con hijos pequeños disfrutando del juego, señores y señoras mayores. Y por eso me sentí muy a gusto en el estadio.
Tuve la suerte de conocer al fan #1 de los Leones de Caracas, el Sr. Lezama:

que tiene 88 años y es fanático de los Leones desde su tierna infancia… ¡hasta me invitó una cerbeza!
También al finalizar el encuentro y salir fue una interesante paz: algunos hinchas de los ganadores (Tiburones) cantaban algún que otro cántico, pero todo en suma tranquilidad. Realmente me sentí muy cómodo, iría con mi pequeña hija.
Por supuesto Venezuela tiene cosas hermosas: la naturaleza, las playas…… bueno, en el estadio no vi nada de esto, así que dejo unas fotos variadas:

Al final del encuentro el equipo triunfador realiza una especie de ceremonia de triunfo, poniéndose en fila todos los jugadores y pasando de a uno a golpear la mano de los restantes.

En resumen, el béisbol es altamente recomendable para ir (si va acompañado de alguien que explique), me diverí y pasé un muy buen rato, en definitiva, un buen espectáculo deportivo.
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