Por Ramón Flores el 31-May-2008 |
Foto 0 en Bélgica 72: aparece la gran Alemania: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
La Euro 72, celebrada en Bélgica, supuso el comienzo del reino de Alemania (todavía Federal), dominador absoluto del torneo desde entonces. Con quizá el mejor equipo de su historia, una afortunada mezcla de los futbolistas del Bayern que poco después sería tricampeón de Europa y del delicado y chic Borussia Moenchengladbach, y basado en el liderazgo incuestionable del Kaiser Beckenbauer y esa fábrica de goles llamada Torpedo Müller, los teutones no encontraron rival en su camino hacia su primer entorchado continental, en una edición en la que por fin se estabilizó el sistema de competición.
Participaron 32 equipos en la fase previa, en un sistema de liguilla bastante sangriento, que sólo premiaba con la clasificación al campeón y no ofrecía recompensa alguna al resto. Por supuesto, hubo damnificados de índole, como Francia, que firmó un sonrojante tercer puesto por detrás de Hungría y ¡Bulgaria!, o, gran sorpresa, Holanda; el embrión de la Naranja Mecánica, que con 18 goles fue el máximo goleador de la fase previa, pagó muy caras sus derrotas en Alemania Oriental y Yugoslavia, y cedió su puesto a la subcampeona vigente. Tampoco dio la talla España, superada por una Union Soviética que hasta ese momento era el equipo que mejor balance presentaba en la historia de la competición.
Los soviéticos se presentaban en cuartos, pues, habiendo concluido la renovación que ya se anunciaba en la Eurocopa anterior, sin los grandes de los sesenta ?Ivanov, Chislenko, Ponedelnik- y con un conjunto más compacto, basado en una zaga de hierro donde destacaban el guardameta Rudakov y los georgianos Dzodzuashvili y Kutshilava. La actitud defensiva les sirvió para aguantar el cuarto de final en el Pequeño Maracaná, y después resolver fácilmente en Moscú (3-0). En los demás enfrentamientos, Alemania se vengó de ?lo? del 66 y profanó Wembley (1-3, y eso que empezó perdiendo), Hungría necesitó un desempate para deshacerse de la emergente Rumanía, y Bélgica consiguió superar a todo un campeón, Italia, para estar presente en su torneo. Los goles de De Moer y de su jugador franquicia, Paul Van Himst, lograron el pequeño milagro en Heysel.
Los de Goethals, sin embargo, no pudieron repetir la hazaña en semifinales contra los alemanes; demasiado toro, sin duda. La Mannschaft entró en el partido como una división Panzer, con Kremers penetrando por la izquierda como un punzón y Netzer, mago de los pases largos, repartiendo juego como quien lava. Mediada la primera mitad, uno de sus envíos encontró a Gerd Müller, que castigó con su eficacia habitual el error en el despeje de Piot, aunque el portero belga se redimió deteniendo un venenoso disparo de Beckenbauer cuando moría la primera parte. En la segunda, los alemanes bajaron el pistón sin dejar de dominar, y aunque los belgas llegaban en ocasiones aisladas ?especialmente un gol anulado a Semmeling- el choque era unidireccional. Faltando un cuarto de hora, una nueva combinación de Netzer y Müller mató el partido, dejando el gol final de Odilon Polleunis a beneficio de inventario. Había ganado el mejor.
La otra semifinal no tuvo demasiada historia, y resultó bastante floja. En un semivacío estadio Constant Vanden Stock, la Unión Soviética se impuso a Hungría con un solitario tanto de Konkov, logrado tras un barullo en el área al comienzo de la segunda mitad. El poderoso sistema defensivo soviético desactivó a los húngaros, y ni el veterano Ferenc Bene, ni Dunai ?que años después entrenaría en España- ni Lajos Kü fueron capaces de romper la maraña. A pesar de todo, los magiares tuvieron la oportunidad suprema a falta de cinco minutos, pero Rudakov detuvo el penalty lanzado por Zámbö a escasos cinco minutos para la conclusión del choque. Era el canto del cisne del otrora gigante centroeuropeo, que no ha vuelto a las rondas finales de una gran competición; los soviéticos, por su parte, firmaban su tercera final de Eurocopa en cuatro ediciones, un bagaje sensacional.
El partido definitivo, disputado en Heysel el 18 de Junio ante un público mayoritariamente teutón, resultó el partido más desequilibrado de la Eurocopa. Alemania Federal barrió del campo a los soviéticos, con un fútbol rotundo e inapelable, magistral mezcla de toque y fuerza, que ni siquiera otras versiones campeonas de la misma selección han podido exhibir con regularidad. Como en el partido contra Bélgica, los centroeuropeos salieron mandando desde el primer minuto, y mediada la primera mitad ya se hallaban en ventaja, merced a una gran combinación de Beckenbauer, Netzer y Müller; tres jugadores que, hecho insólito, coparon el podio UEFA de mejor jugador europeo de esa temporada. A pesar del vendaval de oportunidades germanas ?especialmente dos de Hoeness y Netzer- se llegó al descanso con la victoria mínima.. Pero los soviéticos parecían entregados, y la confirmación de este hecho la ofreció, cómo no, Gerd Müller: comenzando la segunda parte, aprovechó el Torpedo una buena incursión del rubio central Schwarzenbeck ?ese mismo que aparece en las pesadillas de los aficionados atléticos- para anotar su quinta diana desde cuartos. La Blitzkrieg le había clavado a Rudakov en media hora el mismo número de goles que había recibido el gran arquero ruso en los anteriores seis partidos oficiales. Quizá pesara algo así en su ánimo cuando, ya cerca del final, falló un blocaje fácil que aprovechó Wimmer para hacer el tercero, que cerraba el partido, y de paso proporcionaba una merecida recompensa al sensacional tapón alemán, sobresaliente en el torneo. Alemania no sólo alzaba la Copa, sino que cerraba una increíble racha de seis encuentros seguidos ganados fuera de Alemania, y confirmaba su poderío de cara al Mundial que organizarían dos años después.Y que ganarían claro, aunque enfrente estuviera la Holanda de Cruyff.
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