
El pasado 15 de agosto visité con mi familia la Casa-Museo Blasco Ibáñez, el enorme chalé en el cual vivió y escribió algunas de sus obras más importantes el escritor valenciano. Esta villa se construyó en 1902 junto a la playa de la Malvarrosa, a muy pocos metros de donde yo resido temporalmente, y desde 1997 está abierta al público como museo. Para conmemorar el décimo aniversario la institución ha organizado una exposición temporal que ha llamado "
Blasco y Sorolla inventaron la Malvarrosa". La exposición trata de presentar los puntos de cohesión de ambos artistas valencianos con la playa de la Malvarrosa como telón de fondo, la cual fue parte importante de sus vidas y de sus obras.

La exposición presenta pequeñas piezas del pintor, de temas valencianos, cedidas por la Casa-Museo Sorolla de Madrid. Estas pequeñas piezas no son, como se pensaba, ni bocetos ni estudios preparatorios sino obras acabadas que el pintor realizaba para sí mismo. Principalmente óleos pintados al aire libre de una manera suelta y rapidísima y que tratan de recoger un instante preciso, siguiendo con los cánones
impresionistas. Los soportes muchas veces improvisados, suelen ser cartones o tablas de madera que Sorolla, por su pequeño tamaño, podía llevar siempre consigo. Respecto a los temas, abundan los costumbristas y de paisajes, en los que el pintor, con pincelada menuda, aplica colores primarios sin mezclar, consiguiendo que posteriormente estos colores se unan en la retina del espectador, tal y como expone la teoría del
divisionismo. Algunos críticos de arte han dado en llamar a su
impresionismo tardío "
luminismo" debido a la extraordinaria presencia de la luminosidad mediterránea en sus obras.

De Blasco Ibáñez en la exposición encontramos numerosos recuerdos de los viajes que realizó, manuscritos, primeras ediciones de sus obras y diversos objetos personales.
Podemos decir que Blasco y Sorolla pertenecían a la misma generación: tan sólo se llevaban cuatro años (Sorolla nació en 1863 y Blasco en 1867), fueron amigos durante toda su vida y ambos cultivaron los temas costumbristas, culminando en el
naturalismo al menos en el caso del escritor. Aunque algunos críticos sostienen que Sorolla con su pintura interpreta plásticamente temas de la literatura naturalista, quizás influido por Blasco Ibáñez, el cual realizó descripciones de la huerta valenciana y de su esplendoroso mar semejantes en luminosidad y vigor a los trazos del pintor.
Conviene añadir que tanto Blasco como Sorolla representaron un valencianismo poco apreciado por el resto de intelectuales de la época. Blasco incluso llegó a ser desterrado, encarcelado y obligado a exiliarse en varias ocasiones debido a su condición antimonárquica y anticlerical y a varios artículos publicados en
El Pueblo, diario que el dirigía, en contra de la Guerra de Cuba. De hecho llama la atención que hoy en día el escritor valenciano ocupe un lugar especial en los planes de estudio de la isla, no siendo así en su país donde la indiferencia oficial lo mantiene retirado de los libros de texto desde la dictadura franquista.

Después de visitar el museo cogimos el coche y nos fuimos a conocer El Palmar, el pequeño pueblito de la Albufera en que se ambienta, la que quizás sea la novela más conocida de Blasco Ibáñez, Cañas y barro, publicada en 1902. Con Cañas y barro, de tema social, Blasco denuncia las penalidades que sufren los campesinos que luchan por emanciparse de la explotación de los terratenientes. En un ambiente de pescadores y arroceros, tres generaciones de la familia "los Paloma" conviven en El Palmar. El abuelo, el mejor pescador de la Albufera. Tono, su hijo, que ha consagrado su vida a ganar terreno al agua, acarreando tierra en su barca para conseguir un terreno donde poder cultivar. Y por último Tonet, el nieto, que recién regresado de la Guerra de Cuba, con su conducta, causa la deshonra de todos.

Cuando llegamos a El Palmar nos subimos en una pequeña embarcación y dimos un paseo por la Albufera emulando al mítico "tío Paloma" mientras atendíamos a las interesantes explicaciones del barquero. Éste nos hablaba de las típicas casas de la zona, llamadas barracas, y acerca de la prohibición de aterramiento del lago, el cual en sus orígenes ocupaba 30.000 hectáreas y hoy, gracias a esa prohibición, se mantienen inundadas unas 3.000. El resto son campos de arroz. También nos habló sobre las técnicas de pesca con redolins, cuya pesca más importante es la de la anguila.

Respecto a la conocida riqueza avícola de la Albufera, a pesar de no ser ni la hora ni la época más idónea, avistamos garzas reales, alguna garcilla y multitud de anátides.
Después del caluroso paseo en barca fuimos a comer al restaurante Casa Manolo, en la calle Redolins, 27 (telf. 961.620.356). Allí, cómo no, probamos el delicioso all i pebre de anguilas, un platito de esgarraet y la típica paella valenciana. De postre un ligero surtido de tartas, flanes, crepes y helados.

__________________________________________
Cuadros de Sorolla "Niños en la playa" y "La vuelta de la pesca", de http://mimosa.cnice.mecd.es/~arey4/cuadro_s.htm
________________________________
Si has llegado hasta aquí, deja un comentario. Tu opinión es importante.