. Desde que alguien, como buen hijo, tuvo la acertada idea de convocarnos a todos en torno a la Madre cada sábado, yo me siento más dispuesto, más acompañado, más fuerte, más alegre.
. Esa comunidad virtual es tan real que se siente. Cada sábado es, lo digo desde el entusiasmo, un nuevo Pentecostés, alrededor de María. Un encuentro DONDE invocamos al huracán del Amor para que se lleve todas las penas; DONDE convocamos al fuego para que ilumine todas las sombras del mundo. Y a mí, me gusta ser parte de esto.
. Y especialmente me detengo, cada sábado en el último Misterio y contemplo anonadado el inmenso espectáculo. La Trinidad misma, corona a esa criatura maravillosa, que es hija, madre y esposa, como reina de todo lo creado y de mi vida también. Yo me siento agradecido y afortunado por ser testigo de tanta grandeza...