Los niños irrumpieron en vítores al comprobar que Caperucita y su abuelita salieron sanas y salvas. El titiritero salió a recoger monedas y aplausos y, entre bambalinas, charlaban exhaustos Caperucita y el Lobo.
- Joder, tío, estoy hasta el coño de esta mierda ¿sabes que me han vuelto a recortar el salario base? - dijo mientras intentaba encender un porro.
- Sí,
Cape, a mí también. Y yo pluriempleado... estoy en tu cuento y en el de
Los Tres Cerditos... ¿así cómo quieren que tenga tiempo para la conciliación de la vida familiar? - se lamentó el Lobo.
- Te jodes. No haber nacido Lobo, capullo. Y usa preservativo, o no folles tanto.
- ¿Por qué no dejas de fumar eso? - dijo el Lobo señalando el
peta.
- ¿Por qué no me dejas en paz y te metes la lengua en el culo?.
- Si lo digo por tu bien... - dijo el Lobo bajando las orejas.
- Me tienes que pasar más de esta mierda. Se me está acabando - le ordenó Caperucita mientras una nube de humo les envolvía.
- ¡Y lo llevas en la cestita! - exclamó el Lobo al ver que la bolsa de
piedras sobresalía por un borde de la cesta.
- ¡Toma, claro! A ver si te has creído que llevo las galletitas para mi abuelita. Este vestido tiene cosidos todos los bolsillos, y paso de meterme la bolsa por el culo. Acuérdate de lo que me pasó en aquel aeropuerto. Al poli le dio por cachearme a fondo y le puse de piedras y mierda hasta las cejas.
- Cinco años enchironada en aquella cárcel turca y aún no has escarmentado - dijo el Lobo negando con la cabeza-. Hasta retiraron tu foto de todos los libros de cuentos... desde luego...
Y por entre bambalinas asomó la cabeza de uno de los cerditos de otro cuento. Cuando Caperucita lo vió montó en cólera:
- ¡Tú! ¡Hijo de la grandísima puta! ¡Desaparece de mi vista! ¡A la voz de ya!.
El cerdito huyó como alma que lleva el diablo y el Lobo preguntó:
- Pero
Cape... ¿qué te ha hecho el cerdito de la casa de madera?.
- Ese hijo puta - comenzó diciendo mientras se arrancaba a pellizcos unos cuantos pelos de las piernas - aprovechó uno de mis descansos para meter sus sucias pezuñas de cerdo en mi cesta y birlarme casi cien gramos de la mejor
farlopa que ha cruzado el Atlántico en los últimos treinta años.
El Lobo permaneció en silencio.
- Si le pillo haré de él un buen montón de salchichas grasientas y las repartiré entre los niños.
- Por Dios...
- De algo tendrán que morir...
*imagen: dibujo de AdR... a la edad de 7 años-.-
Y en el primer comentario... libros