Por Buseta de Papel el 02-Aug-2007 | Chiquita mía:
Recuerdo muy bien cuando alguna vez me dijiste: ?Si alguna vez no estuviera a tu lado, si ya no lo estuviera; vayas a donde vayas, estés donde estés, habla de mí, de los dos, del amor que nos tuvimos y tenemos, de lo que hemos vivido, pasado, soñado?. Y yo te lo juré que lo haría. Sabes mejor que nadie que cumplo mis promesas. Siempre creíste en mi palabra, y ésta carta es el inicio de todo.
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Te dije que tu poesía era desafiante y muy valiosa y que lucharía para darla a conocer y para que no se pierda como una estrella fugaz en el infinito o no sea una bengala en la noche. Conocía de cerca tu nuevo trabajo, tu proyecto, tu segundo e inédito libro que giraba en torno a la locura, al suicidio y la muerte. Sé que trabajabas en silencio esa nueva obra que era tremendamente directa, fuerte y desgarradora. Lo escribías con fuego, con pasión, con carne, con nervio, con dolor. Lucharé para que ese libro salga y toda tu obra inédita; tu obra y tu vida se lo merecen. (Hablaré con tus padres para los permisos correspondientes). Pienso que es el mejor homenaje que se le puede hacer a tu palabra y a tu memoria. En este nuevo libro se sentía el palpitar de la mejor Ileana Espinel o de esa gran poeta argentina Alejandra Pizarnik. Eras nuestra propia Pizarnik, yo siempre lo supe. Sin duda, la poesía de este país ha perdido a una de sus mejores jóvenes orfebres.
Luchaste, sobreviviste a todo. Sé que muchos se quejan de sus problemas imaginarios, los tuyos eran reales. Tenías una enfermedad y eso todo lo sabíamos, pero habías mejorado mucho y me prometiste que lucharías por estar bien contigo y tus fantasmas. Hacer un pacto de vida. Vivir tu presente y futuro con la alegría más desbordante de tu corazón.
Recuerdo que te conocí a través de un concurso que organizó Buseta de papel y que tú ganaste. Tus poemas eróticos tenían una audacia vital y verbal sorprendente, como muy bien lo dijo posteriormente en tu libro Atrapada en las costillas de Adán nuestro querido amigo y poeta Roy Sigüenza. Y después de un tiempo te sumaste a nuestro grupo y a su vez nos enamoramos perdidamente.
Te conocía a los 17 y te fuiste a los 20. Juntos llegamos a tener 2 años y 7 meses de enamorados. Pero para tu forma de vivir tan explosiva, veloz y llena de energía muy bien podrían ser 20 ó 30 años. Todo lo hacías muy bien, a pesar de que tú eras tu mayor crítica: escribías con una pasión extraordinaria. Cantabas en español y en inglés como los ángeles (es inolvidable como cantabas la canción del Guardaespaldas de W. Houston). Diseñabas tu propia ropa de una manera lúdica. Bailabas como un trompo. Tenías desarrollada una sensibilidad extrema y tenías ese Don de conocer y descifrar el alma de las personas. Tenías un conocimiento profundo y un amor (honestamente fuera de este mundo) hacia los animales. Creo que eras muy buena y sensible a este mundo estúpido, cruel y despiadado; eras demasiado buena para mí, para tu familia y para todos. Sé que estás bien en este momento. Al lado seguramente de tu abuelo de Bahía, el arqueólogo, que tanto quisiste y que se fue temprano de tu vida. He tenido que ver morir a mi abuelo, a mi tío Junín, a mi padre y ahora a ti. Sé que en el más allá, no estaré tan solo.
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Apenas supe la trágica noticia corrí a tu casa, y después a la clínica y ahí estuve y me quedé a tu lado. Desde la seis de la tarde hasta la seis mañana a tu lado, acariciando tu pelo, tus manos, tus pies y tus ojos. No me importó el sueño, ni el frío, ni el hambre, ni nada. A pesar de que ya los doctores no te daban ni la más mínima esperanza, yo sí la tuve. Eras joven, tenías tan sólo 20 años, claro que podías luchar, mi amor, claro que podías. Y te lo pedí, te grité, te supliqué de todas las formas posibles e imposibles que no me dejaras, que lucharas por vivir (como siempre te lo pedí) la vida es hermosa, a veces no, pero es lo único que somos aptos o capaces nosotros banales humanos y su vidas finitas en este mundo que cada vez se hace añicos. Pero después de todo, sí vale la pena vivir.
Tu corazón dejó de latir a las 5 de la mañana (4: 55 para ser más exacto), te moriste en mis brazos. No puedo aceptarlo y no lo aceptaré jamás. Pensé en morirme en ese momento, de quistarme la vida y que seamos felices ya no en este mundo, tal vez en cualquier otro. Te extraño. Ayer tenía miedo de dormir solo. De ya no poder sentir tu barriga caliente, tus brazos, tu cuerpo pequeñito en mi pecho. De no sentir tus manos, de no ver tus ojitos bellos nunca más (como siempre te lo decía), todavía te sigo viendo en todas partes con tus cabellos alborotados, tu risa bella, con tus ojos llenos de lágrimas; sobre todo sigo escuchando tu voz que me acompaña y que me dice cosas divertidas. Y la verdad es que sigo teniendo miedo de dormir solo.
¿Dónde quedaron nuestros sueños? ¿Te acuerdas que hablamos en un futuro de casarnos? ¿Los hijos no nacidos? ¿Todas las lágrimas que no lloraremos? ¿Los abrazos y los besos? ¿Nuestras canciones inventadas y que sólo sabíamos los dos? ¿Nuestro propio lenguaje para decir las cosas? ¿Las risas, los chistes, el humor y la ironía? ¿La poesía que no escribirás? ¿Tu amor a los más débiles y a los animales? ¿Las canciones que te gustaban tanto y sobre todo cantarlas? ¿Los bailes? ¿Tu ropa diseñada que nunca más crearás? ¿Tus cuestionamientos a la vida, a la religión y al mismo Dios? (esto tal vez lo estarás resolviendo en este momento) ¿los viajes planificados a Quito, Naranjal, Riobamba, Pallatanga, Europa y al mundo entero? ¿Tu amor a tu familia, sobre todo a tu padre, a tus abuelos, tu tía María Elena, tíos y primos? ¿Tus sueños de ser cantante o de ser veterinaria? Etc., etc., etc.; por lo menos sé que ya no seguirás sufriendo, ahí en el corazón. Sé que estabas feliz de mi nuevo libro y sobre todo porque sabías que te lo había dedicado. Y cómo no hacerlo si fuiste y eres mi mejor lectora, mi crítica, mi compañera, mi colega, mi amor, mi sueño, mi alegría, mi otro yo, mi todo. Me apena mucho que nunca lo pudieras ver físicamente, ya que todavía no sale de impresión. Ya lo te lo llevaré a tu última morada.
Pienso que todas las cosas siempre te las dije y las que no, te las dije muchas veces en tu lecho de enfermedad. Algunas lágrimas de tus ojos cayeron, sé que en el fondo me escuchaste y me escuchabas. Y sé que siempre estarás allí, acompañándome a todos lados, diciéndome cosas. Ya eres mi ángel de la guarda. TE AMO. Gracias por compartir conmigo todas las cosas posibles. De estar a mi lado, gracias por amarme con el más puro amor, de protegerme y de cuidarme. Sé que yo hice lo mismo por ti, pero mucho menos. Es verdad que uno no sabe lo que tiene, hasta que lo pierde; yo he perdido una parte fundamental y esencia de mí: tú. TE EXTRAÑO.
Sé que lo sabes pero te lo repito, en esta carta abierta: Eres el amor de mi vida; dudo mucho que vuelve a amar de esa manera a otra mujer. Te juro: Que te amé con todo el amor posible y humano. Y sé que me amaste de la misma forma. TE AMO infinitamente. Como muy bien me lo dijiste en tu único libro: Gracias por salvar mi vida. La verdad es que te salvé todas las vidas que pude pero no fue lo suficiente. No te salve de ti y de tus fantasmas. No pude salvarte ahora, perdóname. Algunas veces me dijiste que si algun día morías querías reencarnarte en una mariposa o en alguna ave. No lo sé. Pero tal vez ahora estés reencarnada en un pájaro y estarás volando muy alto, viéndonos desde lejos con tus ojos alegres. Buena suerte amor en este viaje al más allá. Hasta muy pronto chiquita mía. TE AMARÉ ETERNAMENTE. Sólo ahora me quedan tus fotos, tus videos, tus cartas?que seguirán hiriéndome al verlas hasta la eternidad. Y para finalizar te pregunto: ¿Y ahora qué será de mi vida sin ti?
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El tuyo, siempre,
Augusto Rodríguez
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