Por Borja Barba el 27-Feb-2008 | Hay equipos cuya situación merece un tratamiento especial. Hace años que en La Rioja el fútbol de primer nivel es sólo un polvoriento recuerdo en la memoria de los más nostálgicos aficionados. La situación en la capital riojana alcanza niveles de vodevil. J.L. García Íñiguez, fiel lector de DDF, periodista deportivo y, sobre todo, logroñesista de corazón, nos acerca la visión del problema desde la mejor perspectiva posible. Vaya desde aquí nuestro agradecimiento para él por su colaboración.
Una tarde dominical de un mes cualquiera. Hace quince años. El transistor, encendido. Los goles de la jornada liguera se suceden. Uno tras otro. De pronto, el altavoz atrona: ¡Gol en Las Gaunas! Casi siempre, en contra del local. En contra de aquel equipo por entonces conocido como Logroñés a secas y que hoy ha de ser diferenciado, denominado con nombres y apellidos, Club Deportivo Logroñés. Éste es un recuerdo melancólico para cualquier aficionado riojano y para muchos seguidores del fútbol. Pero, ¿qué pasó en Logroño? ¿Por qué ya nadie oye hablar del Logroñés salvo cuándo se trata de descensos o impagos? ¿Qué fue de aquel equipo por el que pasaron futbolistas como Julen Lopetegui, Oleg Salenko, Toni Polster, Óscar Ruggeri, Agustín Abadía, José Ignacio o Manu Sarabia?
Todo comenzó en la temporada 99/00. Marco Antonio Boronat dirigió desastrosamente a un equipo que fue directo hacia el descenso deportivo a Segunda B. La economía del club había quedado arrasada por empresarios puestos a dedo desde los poderes fácticos riojanos tras la salida de Marcos Eguizábal, hasta entonces el gran mecenas riojano. No sólo se produjo el descenso deportivo sino que el Logroñés dio con sus huesos en Tercera por impagos. Y en el mismo momento de su caída, alguien lo dio por muerto y creó el Recreación de La Rioja, que tomó el nombre de un club embrionario del Logroñés, a principios de siglo (Logroñés Recreation Club).
El Logroñés logró, gracias a una formidable plantilla hecha ?in extremis?, ascender a Segunda B al final de esa temporada. Pero los problemas económicos nunca terminaban. El club pasó durante menos de un año a manos de un ex ciclista madrileño con aparente capacidad económica. Su nombre, Juan Hortelano y aquella fue su primera aparición en Logroño. Hortelano, por problemas de liquidez, dejó paso a José Luis Martín Berrocal y José Ángel Zalba, que, después de casi ascender, volverían a incumplir en los pagos. Consecuencia: nuevo descenso a Tercera tras la temporada 2003/2004.
Otra vez parecía muerto el Logroñés, pero reaparece Juan Hortelano. El empresario madrileño compra el club junto a un holandés afincado en Alicante, Janos Beke, que acabaría saliendo del club. Tras dos años en Tercera, el conjunto blanquirrojo logra de nuevo el ascenso a Segunda B ante el Universidad de Zaragoza. El Recreación, mientras, había cambiado de nombre y se había pasado a llamar Logroñés Club de Fútbol. Había abandonado también su color tradicional, el granate o color vino, para vestir de rojiblanco. Matiz éste importante pues, tradicionalmente, el Logroñés era blanquirrojo. Esta diferenciación tan nimia sería parte del argumentario utilizado luego en los juzgados por el Logroñés CF. Juicio que, por otra parte, le dio la razón al club más joven.
La temporada pasada, ambos convivieron por primera vez en Segunda B. El Logroñés Club de Fútbol hizo una temporada mediocre que se saldó con la salvación, mientras que el Club Deportivo Logroñés logró su meta, que era, exactamente, esa, permanecer en Segunda B. Una vez logrado este objetivo y con la entrada del Partido Socialista en la alcaldía de Logroño, Juan Hortelano vendió un gran proyecto para lograr el ascenso a Segunda División. Se había logrado, además, un nuevo convenio de uso del estadio Las Gaunas, lo que, a priori, beneficiaría al club económicamente. Asimismo, el Ayuntamiento aseguró un contrato de patrocinio que, paradójicamente, no ha podido ser cobrado, después de que el Logroñés no haya logrado un acuerdo con Hacienda y Seguridad Social.
Pero el proyecto no ha cuajado. Los elevados precios de los abonos tan sólo convencieron a 1.000 socios que acuden pacientemente a Las Gaunas. Hortelano no ha cumplido con los compromisos económicos que había adquirido con la plantilla y el cuerpo técnico (encabezado por Agustín Abadía, tras la destitución de Quique Setién, al que aún se le adeuda el finiquito). Así que 19 futbolistas y el cuerpo técnico, hartos de la situación, han lanzado un órdago: le compran al presidente el 100% de sus acciones a cambio de la condonación de la deuda que tiene contraída con ellos. De momento, Hortelano ha aceptado con cuatro condiciones. Veremos cuál es el siguiente paso en una ciudad donde la pelota hace tiempo que es lo de menos.
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