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OPINIÓN, NOTICIAS Y COMENTARIOS. Haciendo de la lucha contra la pobreza un apostolado templario
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Enviar a email | Contra toda violencia en artistas | Por guasabara.editor@gmail.com (GU el 29-Nov-2008 | Sábado 29 de Noviembre del 2008, actualizado 3:35 AM
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Yvelisse Prats-Ramírez de Pérez - 11/29/2008 Cada día me gusta menos escribir sobre tópicos, esos temas recurrentes que aunque sean importantes parecen manoseados, gastados hasta su última gota por las tantas palabras que han abrevado en ellos. Sin embargo, hay uno de esos asuntos que permanece nítidamente haciéndome señas pertinentes. No puede una, siendo mujer y conociendo en carne propia algunas de las formas mas refinadas, no por eso menos crueles, de la discriminación de género, dejar pasar por alto el tema de la violencia contra las mujeres. Esta semana se conmemoró el Día Internacional en el cual se evocaron memoriosamente, los nombres de las tres Mariposas que volaron hasta el sol intentando que nos alumbrara para despejar las sombras de la tiranía. Fue tan fuerte el oleaje de protesta y de asco que se levantó cuando las asesinaron, que su fuerza se unió a otras circunstancias mundiales y nacionales en el desmonte de esa tiranía, iniciado con la ejecución de Trujillo. Las mariposas, sin embargo, no se conformaron con eso, sus espíritus volaron allende los mares y desperezaron las conciencias de los diplomáticos de todo el mundo sentados parsimoniosamente en sus poltronas de la ONU: miraron hacia nuestra media isla, orientados por el movimiento impaciente de las alas de las Mariposas, y grabaron en el almanaque una fecha en rojo. Las mariposas que se inmolaron donaron su muerte para que se transformase en exorcismo ante la violencia contra la mujer. Esa violencia es de tal magnitud, de tantos tentáculos, ejercida de tantas formas y maneras, que muchas veces solo la enfocamos en parcelas, focalizando la mas definitiva, el feminicidio, que al quitarles la vida a las mujeres acaba con las torturas silenciadas que anteceden a sus muertes. Entre esas torturas también se destacan más las violencias de golpes, las heridas físicas, esas que lastiman el cuerpo con sus marcas visibles, pero que pueden sanar a corto plazo, retornando la víctima, como vaquilla mansa al lado del verdugo, engañada por unas cuantas promesas labiosas, y sobre todo por un sentimiento de amor mal entendido. Hay otras violencias, ¡ay! cuyas marcas no son visibles a primera vista, los ojos de la victima son significantes que muchas veces no decodificamos como gemidos. Son ñsomosñ aquellas a las que nunca se nos ha proporcionado una bofetada ni un pellizco en lo físico, pero a las que continuamente, insidiosamente, se nos hace violencia en el hogar, en la oficina, en la escuela, en la política, torciéndonos el pulso de nuestros derechos, del derecho a expresar esos derechos, y a conquistarlos y a ejercerlos como humanas que somos, aunque todavía existan tantos Shopenhauer y tantos Moebius en el mundo. Someternos a la doble jornada de trabajo que nos exige ser a la vez, y hacerlo con eficiencia, la ?liberada? mujer que produce valores de cambio ejerciendo una profesión o un oficio, y la madre y esposa abnegada, con dominio absoluto en las tareas reproductivas, es, lo he dicho miles de veces porque soy una de ellas, una exigencia innoble, la negación misma de lo que representa una unión entre hombre y mujer, ?la sola carne y la sola sangre? de que nos habla la Biblia. Labor interminable, agoniosa, que nos deja en cada etapa un sabor de culpable en la boca, estoy aquí, y no allá, dejé pendiente un informe importante, no lavé, no dejé dispuesta la comida, esta es una violencia aceptada socialmente, incluso elogiada en las Revistas Sociales que presentan como modelo de vida a alguna que otra ejecutiva fotografiada cocinando, mientra explica como cumple excelentemente sus dos roles de vida, estirando como un chiclet el tiempo a su antojo, con una receta que a mí me ha parecido siempre inaplicable: ?La organización y la disciplina?. Mientras esta Mujer Maravilla nos avergüenza con sus capacidades múltiples, el esposo de ella, el mío, y el de muchas mujeres que me leen, estarán esperando mientras charlan, o juegan algún juego, o practican deporte, o miran golosamente la megadiva en la T.V., el plato especial que ese día prepara publicitadamente su ?señora?. Elijo el caso, que es real y no inventado, para ilustrar una de las manifestaciones de violencia mas tristes, porque no hay rebelión sino orgullo en la violentada, y hay una placidez convencida de generosidad en el que la violenta. Hay otras esclavitudes, claro está, muchas otras violencias menos soportables que la que he elegido como muestra este sábado: los velos de las mujeres orientales, por ejemplo, cubren una historia de exclusión persistente, que no podemos olvidar las mujeres de occidente que avanzamos, a pesar de todo, en nuestros propósitos de lograr la equidad que merecemos. La única razón valedera de referirme En Plural a la satisfecha señora trabajadora de doble tanda que ví en la fotografía, es porque como maestra creo, al igual que Martí, en el poder de los ejemplos. Y temo que alguna de mis nietas y las nietas de las otras, que estudian y trabajan y se sienten felices de hacerlo, crean que el ?plus? indispensable para ser plenamente mujeres, es el cargar con la tarea imposible, además de injusta, de asumirse responsables del espacio de lo privado, que por ser precisamente lugar de la pareja y de los hijos, ha de compartirse entre todos/as. La dócil y boba vanidad de una mujer que presume solamente de asumir sola esa carga doméstica que debe ser armoniosamente compartida, es una peligrosa manifestación de violencia; indica que ella ha asumido en su psique la ideología del opresor, este no necesita amenazas ni golpes, la controla virtualmente y encima se lo agradece: ?mi esposo me ha impulsado en mi carrera, es mi mejor estímulo?. El precio, amiga mía, es sin embargo oneroso, te lo advierto en nombre de las tres Mariposas que eligieron luchar y morir en el intento magnífico. http://www.listindiario.com.do/app/article.aspx?id=82884
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