Por Dadan Narval el 19-Jan-2008 | La primera Copa de África, celebrada en 1957 tuvo lugar en Sudán. En ella, competían únicamente tres equipos. Junto a los anfitriones, que sólo un año antes habían conseguido su independencia política de Gran Bretaña y se habían desligado de Egipto, jugaron el mismo Egipto ?independiente, pero de facto bajo el protectorado británico- y la Etiopía de Haile Selassie. Era una época convulsa para el continente africano. Junto a los tres contendientes de aquella Copa de África, sólo Liberia ?primer Estado africano independiente de la época moderna-, Marruecos, Sudáfrica, Libia, y Túnez habían logrado independizarse, y, obviamente, aquellos nuevos Estados tenían cosas más urgentes en las que pensar que eso del balón.
La siguiente edición, celebrada en 1959 en Egipto contó con los mismos contendientes. No fue hasta 1962, en la que la Copa de África se abrió a los nuevos Estados independientes que veían en el fútbol un modo de aportar a la reconstrucción de un África nueva. Era aquella época de primeros de los sesenta un momento de ilusiones, de perspectivas de futuro, de reivindicaciones y de recuperación de una identidad herida por siglos de colonialismo, esclavitud y persecución. Era la época de crear y construir, de establecer las bases de un futuro mejor. Una época liderada por los Kwame Nkrumah (Ghana), Gamal Abdel Nasser (Egipto), Ahmed Ben Bella (Argelia), Léopold Sédar Senghor (Senegal) -también poeta, que reivindicó el concepto de la négritude que tanto molestaba al escritor Wole Soyinka- Patrice Lumumba (República Democrática del Congo), etcétera. Un momento breve, efímero, en el que África sonreía y que desgraciadamente comenzó a extinguirse casi tan rápido como empezó con el siniestro asesinato de Patrice Lumumba (recomiendo la lectura de la investigación realizada por el belga Ludo de Witte sobre este caso, un libro de verdad estremecedor), que mostró a todo África que a pesar de la independencia que tenían sobre el papel, ni Europa ni Estados Unidos dejarían emerger al continente y que quedó aplastado definitivamente por las luchas intestinas en los gobiernos y las guerras tribales que pronto se convertirían en el escenario de casi todo el continente.
Sudán es uno de los países en los que antes devino en pesadilla el sueño de la independencia, gestado durante años y hecho real a finales de la década de los cincuenta. Dividido por terribles luchas internas entre musulmanes y cristianos, sólo ha disfrutado de una década de paz real desde 1956. Si en aquel año de 1957 la organización por su parte de la primera Copa de África, fue una muestra de las ilusiones por el futuro que entonces se vivían, pronto se vio cómo éstas se extinguían, y las palabras impresas y radiadas de sus medios de comunicación dejaron de lado el fútbol para ocuparse de la guerra.
Sin embargo, entre todos estos años, uno, el de 1970, Sudán encontró algo celebrable, precisamente en el fútbol. Aquel año, Sudán gozaba de cierta estabilidad. A pesar de que aún no se había firmado la paz entre musulmanes y cristianos, el país se encontraba de hecho en un momento de paz. Así, volvieron a organizar el campeonato que, además, vencieron contra todo pronóstico, imponiéndose en la final a la potente Ghana. Dos años después, la felicidad fue completa cuando finalmente, la paz de hecho se reflejó sobre el papel, con el Acuerdo de Addis Abeba.
Pronto, sin embargo, iban a torcerse las cosas de nuevo. La guerra civil renació tras la imposición en 1983 de la ley islámica a todo el territorio de Sudán por parte del entonces presidente del país Gaafar Muhammad an-Nimeiry, que terminaba con el grado de autonomía otorgado al sur cristiano en el Acuerdo de Addis Abeba. Desde entonces, hasta hoy, la guerra y sólo la guerra ha sido la protagonista de la historia del país.
En lo futbolístico, desde 1970 hasta la actualidad, Sudán solo ha participado en dos fases finales de la Copa de África: 1972 y 1976, precisamente en tiempos de paz para el país. A partir de ahí, se han sucedido las eliminaciones en la ronda preliminar con las no participaciones debido a la guerra.
Por eso, la clasificación lograda para esta edición de 2008 ha supuesto toda una sorpresa, mayor aún que la presencia de otros combinados en Ghana, como Benin o Namibia. Nadie podía pensar que el seleccionado sudanés podría colarse en la fase final, pero así ha sido.
Este hecho se explica, fundamentalmente, porque que Sudán goza hoy de una cierta, aún frágil, estabilidad política. Esto ha hecho que las empresas petroleras que explotan la mayor riqueza del país hayan decidido apostar por potenciar la liga de fútbol local. Los mayores beneficiados han sido los clubes de la populosa ciudad de Omdurman, Al-Hilal y Al-Merrikh. Ambos son los equipos históricos por excelencia del país, y acaparan prácticamente la totalidad de títulos de liga que se han celebrado. Ambos equipos, por otro lado, cuentan con entrenadores extranjeros y con varios jugadores de fuera de Sudán ?nigerianos y brasileños, fundamentalmente- que dan a sus plantillas cierta competitividad. El Al-Hilal, por ejemplo, consiguió llegar hasta las semifinales de la Champions League Africana en su pasada edición.
Así, no es sorprendente, aunque sí ciertamente curioso, que la convocatoria que el seleccionador sudanés Mohamed Abdallah ha realizado esté compuesta en su totalidad por jugadores de ambos clubes, incluido el tercer portero, que es suplente en el Al-Merrikh.
¿Podemos destacar entre todos a alguno de ellos? Ciertamente, no. Para nosotros, como para la mayoría de los analistas, son todos los jugadores absolutos desconocidos. Por lo que hemos podido leer, sin embargo, parece que el mejor jugador de ?los cocodrilos del Nilo? es Haitham Mustafa, de 30 años, quien lideró la gesta del Al-Hilal en la Champions Africana. Se habla bien igualmente del veteranísimo delantero de treinta y siete años Faisal Agab y del central Richard Lado.
En esta tesitura, se impone obviar los apartados ?jugador estrella?, ?atención a?? y ?la ausencia?, con los que hemos ilustrado el resto de artículos de equipos de esta Copa de África, e ir directamente al pronóstico. Porque lo malo no es no saber, sino no saber reconocer que no se sabe.
PRONÓSTICO: El seleccionador egipcio ha advertido recientemente que a pesar del desconocimiento que el público tiene de la selección de Sudán, ésta tiene capacidad suficiente para dar la campanada e, incluso, para hacerse con el torneo. Es de suponer que Shehata conoce a su rival, pero nos tememos que sus palabras son más fruto de su interés porque sus pupilos no se relajen ante los vecinos ?cocodrilos del Nilo? que la constatación de una realidad. Viendo a sus rivales, creemos que Sudán habrá de conformarse con intentar hacer un digno papel perdiendo con la cabeza alta.
A la calle en la primera ronda, seguro.
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