Por Juan F. Cía el 05-Nov-2007 |
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Algunos equipos de fútbol conviven en entornos poco favorables. En esos casos, el éxito es doblemente meritorio. Sin ninguna intención de crear polémica, uno de esos clubes es el RCD Espanyol. ¿Por qué entorno poco favorable? La atmósfera sociocultural y política de Catalunya deja poco espacio público para el equipo periquito. Esa atmósfera se identifica mucho más con los valores encarnados tradicionalmente por el Barcelona y no tanto por el Espanyol, aunque ambos tengan su público.
Y en esas condiciones, los chicos de Ernesto Valverde están, por ahora, cumpliendo con una temporada interesante: sexto clasificado (última posición que da acceso a Europa), con 19 puntos (5 victorias, 4 empates y tan solo 2 derrotas). Villarreal, Valencia y Atlético de Madrid han perdido más partidos que los catalanes. 15 goles a favor y 12 en contra. Unos números equilibrados para un equipo humilde, comprometido y trabajador.
Pero si tuviera que buscar una única clave del buen funcionamiento colectivo, seguramente lo haría en su orgullo. Si el Barça es més que un club, tal vez el Espanyol también lo sea. Como Numancia frente a las huestes romanas, estos periquitos de espíritu inquebrantable plantan cara a la adversidad y se inventan de nuevo cada año para mantenerse con vida, aunque el oxígeno cada vez sea más escaso.
Ese acicate perpetuo lo lleva tatuado en el alma su capitán, Raúl Tamudo. La historia reciente de este equipo guarda episodios muy especiales sobre este delantero pícaro, que se crece ante las dificultades y acrecenta su sombra en los momentos de máxima exigencia. En ese caldo de cultivo crecen sus compañeros dentro del vestuario, su entrenador, Ernesto Valverde, y el presidente, Daniel Sánchez Llibre, siempre humilde ante los micrófonos, pero sin perder esa pizca de orgullo periquito.
Si analizamos los resultados de esta temporada, la teoría del orgullo periquito cobra fuerza: sus mejores resultados los ha cosechado ante rivales superiores en presupuesto y capacidad técnica en sus plantillas. Victorias 2-3 ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán, 1-2 ante el Valencia en Mestalla y 2-1 ante el Real Madrid en el Olímpico de Montjüic. Todas ellas con dominio catalán. Ante rivales más débiles, el equipo sufre: derrotas ante Valladolid y Recreativo de Huelva.
Parte del entusiasmo innato de Raúl Tamudo contagia a sus compañeros de elástica. Luis García, Iván de la Peña, Albert Riera, Valmiro Lopes ‘Valdo’, Francisco Joaquín Pérez ‘Rufete’, Milan Smiljanic ‘Lola’… todos ellos nacidos fuera de la casa, pero comprometidos con el club y su filosofía humilde dentro de un entorno poco favorable. El círculo lo cierra la cantera, esos chicos que desde niños maman la misma leche azulona: Moisés Hurtado, Jonathan Soriano, Ferrán Corominas, Ángel Martínez, Francisco Javier Chica, David García, Daniel Jarque, Albert Serrán…
La fórmula funciona, salvo momentos de duda comprensibles en un equipo con poco poder presupuestario. La temporada 2005-2006, el equipo se proclamó campeón de la Copa del Rey, aunque en el campeonato doméstico estuvo a punto de bajar a Segunda División (un gol de orgullo de Corominas evitó el desastre). El año pasado, el equipo llegó hasta la final de la UEFA, que perdió en los penaltys ante el Sevilla, en un partido épico (otra vez el orgullo periquito).
Pero nadie debe confundirse. El orgullo en fútbol no sólo es un elemento retórico. Sirve para jugar bien al fútbol y ganar partidos. El compromiso táctico, el sacrificio con el grupo, la presión constante, el ritmo rápido en los partidos, todos ellas pueden activarse por muchas razones, una de ellas puede ser el orgullo contenido en una camiseta, en una afición, en una forma de vivir que se siente, se vive y a la que no puedes renunciar. Cosas del fútbol.
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