Por Hamlet Aguasvivas el 01-Nov-2011 | La falta de trabajo mantiene al borde de la desesperación a dominicanos residentes en la vecina isla
Por OSCAR QUEZADA
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Canóvanas, Puerto Rico. Nicolás Cairo Monegro está que cuenta los días para regresar a República Dominicana. No se ha ido porque le deben 7 mil dólares de su último empleo y no quiere regresar sin un peso en los bolsillos. ?Estoy enfermo. La cosa aquí no está fácil.
A veces, aparece algún trabajito de construcción, pero ya estoy viejo para ese tipo de trabajo. Solo estoy esperando un dinero que me deben, para irme para mi país?, comenta Nicolás, quien tiene 68 años de edad y siete viviendo en Puerto Rico. De este tiempo, lleva la mayor parte viviendo en el barrio Villa Hugo, del municipio de Canóvanas, mayormente habitado por familias dominicanas.
Nicolás no tiene casa. Vive en una casa propiedad de una señora que le encomendó cuidársela, que más parece un almacén abandonado levantado en un solar copado de yerbas. Traducidos a pesos, los siete mil dólares que le deben a este dominicano oriundo de San Francisco de Macorís totalizan poco más de 266 mil pesos. ?Con eso, hago más o menos algo?, expresa, mientras despide a este reportero con sus ojos a punto de estallar en lágrimas.
Casi al frente de Nicolás vive José Luis Castillo, un capitaleño que fue pedido por su abuela junto a otros hermanos. Solo tiene 6 años de haber llegado a Puerto Rico y cuenta que ?con mucho sacrificio? logró adquirir un solar por 10 mil dólares donde pretende construir una casa que le sirva para vivir y poner un negocio.
?Pero ahora mismo no estoy haciendo nada. Hago alguna chiripa. La cosa no está buena aquí?, se queja. José Luís no está casado. Dice que convive con una mujer llamada Adalgisa Morel, a quien, minutos después de haber conversado con El Caribe, una patrulla policial la puso bajo arresto, por no tener documentos que avalen su permanencia legal en la Isla del Encanto.
?Se llevaron a mi mujer; ahora mismito se la llevaron unos policías?, se apresuró a decir, con voz atragantada. Este inesperado suceso dejó perplejo a José Luís, de 30 años, porque de repente tuvo que buscar algunos dólares para iniciar las diligencias orientadas a evitar que su compañera sentimental fuera deportada a República Dominicana.
Una gran parte de los dominicanos que residen en el barrio Villa Hugo sobreviven realizando trabajos ocasionales. Algunos, como Rafael Rosario, de Higüey, ganan su sustento hurgando entre basureros pedazos de hierro para luego venderlos a comerciantes que se dedican a la compra y venta de metales. ?Hay veces que me gano 40 o 50 dólares y con eso me defiendo?, apunta Rosario.
Una queja común entre los dominicanos que viven en este barrio, es el alto precio del alquiler de las viviendas. Cuentan que por una casa de una o dos habitaciones tienen que pagar 500 o 600 dólares, que muchos no están en capacidad de poder ofrecer.
Desempleo afecta a 196 mil boricuas
Según cifras del Departamento del Trabajo y Recursos Humanos de Puerto Rico, hasta septiembre pasado el desempleo en este país se situó en el 15.4 por ciento, lo que representa 196 mil personas desocupadas.
El desempleo es uno de los problemas más acuciantes de la gestión del gobernador Luís Fortuño, quien luego de aprobar la Ley 7, que buscaba ahorrar 2 mil millones de dólares para reducir un déficit fiscal de 3 mil 200 millones, despidió incluso a más de 17 mil empleados públicos.
En el casco urbano de San Juan, aunque sufren igual el alto índice de desempleo que afecta a la isla, los dominicanos tienen mayores posibilidades de conseguir algún trabajo o de poner algún negocio. Es por esto que en las zonas de Barrio Obrero, Villas Palmeras, Río Piedras o Puerto Nuevo, donde viven la mayoría de los criollos, no es raro ver salones, negocios de comida, tiendas de celulares y hasta vendedores ambulantes de diferentes mercancías.
?Yo me la busco vendiendo empanadas de yuca en esta esquina. Trabajaba en una fábrica, pero me despidieron hace dos meses?, expresa José Ramírez, quien tiene ocho años residiendo en Puerto Rico. Y los que no tienen nada que hacer ni dinero para montar su propio negocio, se pasan la mayor parte del día jugando dominó en la Placita Barceló, esperando a que alguien les ofrezca algún trabajo.
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