Por Borja Barba el 07-Feb-2011 |
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La estrella languidece. No es que haya perdido el brillo y el fulgor de antaño, hace apenas un año, cuando la radiante supernova cántabra asombraba a toda España con sus brillantes actuaciones con la camiseta del Racing de Santander. Sergio Canales (Santander, 1991) se ha apagado. Y corre serio riesgo de que el apagón sea definitivo.
Retrotraigámonos doce meses. El escenario, el mejor posible para el jovencísimo y prometedor centrocampista santanderino. Canales viene de protagonizar el partido de su equipo, el Racing, en el Ramón Sánchez Pizjuán. El Racing ha obtenido la victoria contra pronóstico y el rubio canterano ha firmado su mejor partido, hasta la fecha, en primera división. Dos goles soberbios y una actuación intachable. Es portada en los principales medios deportivos del país, principalmente en los de la capital. Su destino, aunque él no sea aún consciente de ello, está escrito por imperativo periodístico. Hay que vender ilusión a la afición, y Canales es una perlita deliciosa.
Canales, cómo no, acabó dejando el Racing de Santander el pasado verano. El nuevo Real Madrid de José Mourinho, quien detuvo cualquier intento de cesión del futbolista por parte del propio club, le esperaba con los brazos abiertos. El salto al estrellato estaba dado. La competencia en la plantilla era feroz, pero la confianza en el joven zurdo por parte del técnico portugués parecía a prueba de bombas. Ni Kaká, lesionado entonces, ni Özil, ni Di María, competencia durísima, parecían, a priori, obstáculos para el crecimiento y la formación del cántabro. Era casi una evidencia que contaría con minutos, y de calidad.
Pero los meses fueron pasando y la realidad fue devorando, poco a poco, a las buenas intenciones y los halagüeños presagios. Mourinho confirmó lo que cualquiera que hubiese seguido mínimamente su carrera sabía: es un entrenador de 13/14 futbolistas. Si entras en el grupo de escogidos, prepárate para ser exprimido hasta la extenuación, de disfrutar de titularidad y minutos. Por el contrario, si quedas fuera de la lista selecta, sabes que reincorporarte y alcanzar el nivel de los elegidos será una empresa inusitadamente complicada. Y en esa tesitura cayó Canales. No pasó el corte. Tuvo algunos minutos en los primeros compases de la temporada. Fue incluso titular en el primer partido de Liga, frente al Mallorca. Pero algo falló. Algo no convenció al implacable Mourinho. Canales estaba condenado.
Pasaron los meses. Özil se confirmaba, Kaká regresaba de su lesión, Di María, hasta su actual desfondamiento, maravillaba con su verticalidad. Incluso Marcelo hacía suya la demarcación de interior zurdo.
¿Y Canales? El cántabro vagabundeaba por los entrenamientos del primer equipo. Mustio, triste, tomando constancia de lo complicado de su situación. Quizá consciente de que fue un error de precipitación el aceptar la tentadora oferta madridista para cambiar un hábitat idóneo para el crecimiento y la maduración como El Sardinero por un devorador de caracteres empequeñecidos como el Santiago Bernabéu y toda la parafernalia mediática que lo rodea.
Ayer, frente a la Real Sociedad (4-1), cuando el partido ya sesteaba, cómodo y decidido, para solaz del espectador, Sergio Canales retornó al equipo. Volvió a pisar el césped en partido oficial. Hacía la friolera de tres meses y medio que no jugaba un solo minuto en partido de Liga. Se le percibió ausente, absolutamente fuera de ritmo de partido. Intentó dos controles sencillos y en ambos perdió el balón, síntoma indudable de que le falta confianza en su juego. Su reentrada no pasará a la historia, y dudo mucho que convenciese a Mourinho de que se había equivocado ‘sentenciando’ a Canales a las primeras de cambio. Tendrá que seguir esperando, padeciendo, mientras piensa, a buen seguro, que quizá la vida hubiese sido más sencilla a orillas del Cantábrico.
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