Por pocote el 22-Mar-2010 | Es perversa y demoníaca la política emanada desde los centros de poder en Washington. No lo decimos por el presente cuando mantienen sendas invasiones en Irak, Afganistán, Pakistán y presencia militar relevante en varios países africanos y en el Este de Europa, o el patrocinio letal en la franja de Gasa, o el permanente desgaste e intromisión en los asuntos domésticos de Venezuela, sino por los antecedentes que han dado origen a su estrategia de expansión y dominación hegemónica en el planeta.
Si recordamos bien y los datos de la Internet no están equivocados, durante quince años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, una colosal propaganda instrumentada desde los Estados Unidos ofreció como el mejor de los sueños realizables para los países latinoamericanos lo que se llamó ?modelo de desarrollo a la manera de Puerto Rico?. Aunque esta propaganda nunca pudo ocultar el hecho subyacente del coloniaje, con su decantación cultural y sus sutiles métodos represivos, convenció a muchos incautos del siguiente enunciado: asociación graciosa con la metrópoli imperial, igual a prosperidad y acelerado desarrollo.
?Estado Libre Asociado? es la definición actual de Puerto Rico, en cierta manera un enclave colonial de los Estados Unidos. Uno de los padres de este acelerado paraíso fue el señor Luis Muñoz Marín, gobernador de la isla, quien con los más suaves modales actuaba en el ámbito antillano como un buen abuelo demócrata, coinventor del desarrollismo y si ustedes lo prefieren especie de Anastasio Somoza Franciscano. Hasta los días presentes, el modelo puertorriqueño, en esencia, consiste en lo económico en abrirse a la irrestricta inversión norteamericana, canalizada hacia la pequeña y la mediana industria de transformación, y a la empresa agrícola moderna, principalmente dedicada a productos de exportación. Las condiciones privilegiadas que otorga a la colonia la legislación imperial, garantizan no sólo un desmesurado proteccionismo a las empresas norteamericanas radicadas en la isla, sino una serie de ventajas en el propio mercado de los Estados Unidos.
El modelo ha funcionado para los requerimientos comerciales, mercantiles, financieros y de inversión de los Estados Unidos. El coloniaje ?nunca es despreciable? cuando rinde dividendos, sobre todo a la metrópoli. Ocurrió con el enclave bananero en Honduras. Las enormes transnacionales como la United Fruit Company o la Standard Fruit Company, se apropiaron de extensiones de tierra fértil en la costa hondureña las que cultivaron de plantaciones de banano. Se produjo la economía de retorno con los ferrocarriles llevando la materia prima a los puertos y desde aquí los barcos navegando hacia la metrópoli localizada en Nueva Orleáns. Desde esta ciudad, regresaban los cargamentos de enlatados con productos para los niños y las familias hondureñas. Pasaron muchos años para que los vecinos se dieran cuenta que los flanes, conservas y alimentos para los infantes, eran hechos con sus propios bananos. Esas compañías se constituyeron en el verdadero poder político y económico. Ponían y quitaban presidentes, tenían a las fuerzas armadas como su exclusivo instrumento de represión. Y en el tiempo presente, continúan ejerciendo el mismo poder.
En Puerto Rico, al igual que en Honduras, para evitar que la prolífica población diluyera ?los ingresos? obtenidos por la exportación (malévola forma de interpretar una explotación irracional) y presionara contra el sistema y sus verdaderos usufructuarios, por diversos medios subliminales se inducía a los puertorriqueños a emigrar hacia la metrópoli. Las empresas bananeras, en cambio, vieron que la mano de obra hondureña era baratísima y junto con los cargamentos de banano, empezaron a llevarse familias enteras hacia Nueva Orleáns, para ser empleadas en las fábricas procesadoras de jaleas, conservas y otros alimentos para niños. Novelas y filmes estremecedores, y estudios antropológicos como los de Oscar Lewis, han dado apenas una vaga idea de lo que significó este desmembramiento familiar y las condiciones primarias de vida en un país distinto, donde las prácticas raciales eran asunto de todos los días. Además de la explotación irracional de la mano de obra. Se comprueba una vez más como lo dijo Carlos Marx que ?la fuerza de trabajo es la mercancía de compra y venta? de los capitalistas.
Ese modelo de desarrollo (incluye los tremendos problemas de las minorías étnicas y parias sociales) se practica en la actualidad con algunas variantes: préstamos económicos a largo plazo, tratados de Libre Comercio, bases militares y ?ayudas emergentes? para paliar desastres naturales o ?combatir el terrorismo, el narcotráfico o el accionar de las guerrillas?, como es el caso de Haití y Colombia. Los Estados Unidos siempre encuentran opciones y mecanismos para presionar a gobiernos independientes o someter a regímenes lacayos o sumisos como Álvaro Uribe o Alan García en Perú. Otros por sus ?méritos? capitalistas como los casos de Chile y Panamá, no necesitan mayores ?presiones? pues por ?miles? de razones aceptan la intromisión o ?las recomendaciones? del imperio. Es tal el descaro de esa política pendular, que absolutamente ninguna política social o económica puede insertarse en los países dependientes sin la venia de los grandes consorcios y del gobierno norteamericano. Es el compromiso del ?nuevo? mandatario de Honduras, Pepe Lobo, y lo será del presidente chileno.
En Honduras para estabilizar el gobierno y reactivar la economía, el presidente Lobo tiene que asumir las recomendaciones de los organismos financieros mundiales y aceptar vía la embajada en su país los mandatos originados en Washington. Ya se sabe que no puede desviar recurso alguno de la voraz demanda de los consorcios industriales y comerciales hacia la solución de las más apremiantes necesidades de la población. De pronto, el famoso modelo del Estado Asociado y otras yerbas, se ve de bulto como lo que es en realidad en Honduras: una deformidad económica y una pantalla que oculta la verdadera situación degradada de un pueblo. Los Estados Unidos, tienen formas peculiares para ?ordenar? a distintos mandatarios en el mundo a cumplir ?ciertos encargos? muchas veces sin ser tan explícitos para ?no comprometer? demasiado a los presidentes. Sin embargo, son los hechos los que limitan las palabras y los discursos.
Por cierto, el presidente Lobo ha anunciado el lanzamiento de un plan de cuatro años de inversiones destinado a reactivar la economía y el agro y supuestamente convertir a Honduras en autosuficiente en materia de alimentos de origen agropecuario. Los hondureños que ya conocen demasiado estas canciones, se enteraron con escepticismo de los detalles del plan: implantación de técnica ?aerocomerciales? para incrementar la productividad de carnes, aves, productos lácteos, frutas y legumbres; reorganización del mercado, bajo control de la voraz empresa privada; incremento del crédito y de la ayuda técnica. ¿Saben de dónde proviene toda la ayuda financiera y la asesoría? Pues del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Más pronto que tarde ese régimen comenzará a aumentar los impuestos, a suprimir empleos públicos y a reducir la inversión social: todo un canto al neoliberalismo.
Honduras ha sido siempre pobre; pero nunca han pasado hambre. Se dice que el ?Plan Lobo? es a una respuesta enérgica a la grave carestía de alimentos, en parte mínima debida a la sequía del año pasado; pero fundamentalmente debida a los defectos irreparables del modelo económico y a la estructura rural. Dos aspectos que intentó solucionar el presidente Manuel Zelaya, quien chocó por ello con las estructuras económicas y la insaciable avaricia de la oligarquía hondureña. Se conoce que un país eminentemente agrícola como Honduras, importa el 40% de su comida, a un costo de millones de dólares anuales. Los latifundios económicos agravan la situación de los trabajadores del campo. No sabemos a que cantidad ascienden actualmente; pero sí, no significan un grupo de presión suficientemente fuerte contra la estructura del agro, pero que tampoco constituyen una mano de obra capaz de convertir en realidad los sueños del ?Plan Lobo? de aumento de la producción alimenticia. Ni el gobierno ni la iniciativa privada están en condiciones de recuperar a los trabajadores que hace rato emigraron (no tan masivamente como en El Salvador) del campo para emplearse en las fábricas, enrolarse en las fuerzas armadas o emigrar a la metrópolis.
En todo caso, los grandes empresarios, los grupos de poder militar económico y militar en los Estados Unidos, están contentos porque las ?aguas volvieron a su nivel? en Honduras; pero es una ?calma chiche? porque siempre hay que desconfiar de las vientos suaves y de los aparentes momentos de tranquilidad. El poderoso Frente Nacional de Resistencia está totalmente organizado en todo el país y de su seno pueden surgir distintas opciones, incluso, la vía armada. Los violadores de los derechos humanos, los que en su momento conculcaron todas las libertades, no pueden dormir tranquilos, saben que parieron un fenómeno y no pueden predecir el futuro, tampoco las metas cortas de la organización y la movilización de las masas populares.
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