Por Ramón Flores el 26-Nov-2008 |
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La jornada de Champions disputada ayer noche dejó vistos para sentencia los cuatro grupos que se disputaron, un regusto amargo por la escasa calidad global que se vio sobre el césped en los ocho estadios donde se disputaron partidos, y un interrogante que igual puede ser sobre el formato de competición que sobre la estructura de poder del fútbol europeo. No es normal, en ningún caso, que a falta de un partido estén matemáticamente determinados los ocho equipos que se van y los que se quedan, y que para la última jornada queden poco más que cuestiones menores. Se puede interpretar este hecho ?que hoy va a repetirse en alguno de los grupos restantes- como un problema de exceso o defecto en el número de equipos, del sistema de enfrentamientos o del desequilibrio entre las ligas más poderosas y las demás; en cualquier caso, la impresión es que hay algo que no funciona.
En una jornada tan gris, es sintomático que lo más destacado fueran las decepciones, y por encima de todas, la del Zenit de San Petersburgo. Es extraño que un equipo que posee algunos de los mejores jugadores en su puesto del continente ?Arshavin por encima de todos, pero también Pogrebnyak o Tymoschuk-, que es campeón de liga rusa y UEFA y que cuando juega bien es una apisonadora, haya quedado fuera a las primeras de cambio y sin haber conseguido el triunfo en ninguno de los partidos disputados en su feudo; ayer fueron incapaces ni siquiera de hacerle un gol a la Juventus. Por supuesto, pueden aventurarse explicaciones, como el poco descanso de muchos jugadores que disputaron Eurocopa, problemas con el club de alguno de ellos, inexperiencia en la Champions, o flaqueza defensiva; pero ninguna de ellas justifica el pobre papel desempeñado por el potente equipo ruso en la máxima competición. De nuevo, la UEFA le dará oportunidad de redimirse.
Otra gran decepción, en esta ocasión a nivel de juego, la deparó el encuentro entre Villarreal y Manchester, dos conjuntos perfectamente capacitados para conjugar lo más difícil del fútbol, la victoria y la estética. Dominaron los mancunianos, pero no con la autoridad que se les supone como campeones de Europa, y sus aproximaciones se resumieron esencialmente en disparos desde larga distancia, suerte donde Cristiano Ronaldo es el rey. El submarino amarillo, por su parte, concluyó el partido con la sensación de haber recuperado la consistencia defensiva, la satisfacción de haber salido vivo ante un rival superior, y la preocupación por el estado de Marcos Senna, lesionado durante el choque. Ambos equipos salieron satisfechos con la clasificación en el bolsillo, pero es terrible para el espectador que en cuatro enfrentamientos entre estos rivales no se haya marcado ni un gol.
Si los dos anteriores salieron del Madrigal con el billete a Octavos, fue principalmente por demérito del Celtic, que perdió en su visita a Dinamarca (2-1) y sigue ostentando el triste récord de no haber conseguido ni un solo punto fuera de casa en todas sus comparecencias ?muchas- en la máxima competición continental. Pocas ocasiones tendrán como anoche, adelantándose en el marcador ante un Aalborg muy inferior, y perdiendo por un gol de barraca de feria. No basta con el ambiente maravilloso de las gradas de Celtic Park; la camiseta rayada que una vez vistieron Stevie Chalmers, Tommy Gemmell o Roy Keane se merece algo más.
Y no terminamos la enumeración de decepciones: el horrible juego de un Arsenal que se haya en la encrucijada, y que venció con un gol postrero de Bendtner de legalidad dudosa ?varios hubo ayer-; la derrota en casa de la Fiore ante un Lyon superior que demostró el cuajo europeo que ha perdido el equipo viola; el coladero que es el Fenerbahce de un Luis en el alambre que regala goles como caramelos y que sólo se parece en la camiseta al cuartofinalista del año pasado? mejor pasar página, la verdad, y concentrarse en la jornada de hoy, a ver si aparece el caviar por algún lado.
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