Por Juan F. Cía el 17-Dec-2007 |
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Uno de los partidos más interesantes de la 16ª jornada de Liga, al menos a priori, era el enfrentamiento en Riazor entre Deportivo de la Coruña y el Real Zaragoza (resultado final: 1-1). El equipo gallego no levanta cabeza en la dinámica negativa de resultados en la que se encuentra inmerso. Otro club con problemas serios es el Real Betis Balompié, un histórico del fútbol español. Una mirada al pasado nos obliga a no sorprendernos por el funcionamiento del equipo sevillano, que ya conoce las consecuencias de la mala gestión deportiva.
La situación del Deportivo merecía hace algunas semanas una reflexión. El equipo juega bien, tiene la necesidad de generar fútbol a través de la posesión del balón, no se esconde, aprieta, tiene ocasiones, pero desgraciadamente no obtiene buenos resultados (salvo alguna victoria interesante como ante el Sevilla en el Sánchez Pizjuán por 0-1). Los números son una realidad demasiado dura: 16 partidos, 3 victorias, 5 empates y 8 derrotas. 15 goles a favor y 24 en contra. 14 puntos, penúltimo clasificado.
La enorme igualdad en puntos entre los clasificados en la zona templada de la tabla de Primera División es una esperanza alentadora para el club gallego, pero poco a poco las distancias se estiran y el tiempo para la reacción se agota. Cada vez será más complicado salir del agujero rojo de los tres últimos puestos. Entre el 7º de la tabla -el Valencia- y 19º clasificado -el Deportivo- hay tan sólo 11 puntos de diferencia. En este sentido, si se encadenan tres resultados positivos cualquier cambio de escenario es posible. No es, ni mucho menos, una idea descabellada.
Condición indispensable para salir de cualquier problema clasificatorio es la consistencia en los resultados como local. Tu estadio debe convertirse en un fortín de difícil acceso, una máquina de hacer puntos que te facilite el oxígeno que te falta en el campo de batalla ajeno. Además, los buenos resultados en casa alivian la presión del entorno periodístico, facilitan la adhesión de la afición, proporcionan una mayor seguridad a la plantilla en los desplazamientos… pero si el peregrinaje en tu propia cancha se convierte en un sufrimiento en el desierto, los síntomas son preocupantes.
Un breve análisis de su rendimiento en Riazor confirma esta tendencia: 8 partidos jugados ante su público, 5 derrotas, 2 empates y una única victoria, eso sí, ante un rival directo en la lucha por la permanencia, el Real Betis. Esto supone un pírrico 12,5% de efectividad en casa si evaluamos sólo el número de triunfos. Lógicamente, con la falta de buenos momentos la travesía en alta mar se hace más complicada para los marineros. Recientemente, ante una pregunta incómoda de un periodista en rueda de prensa, Miguel Ángel Lotina retó a la prensa a dar nombres y apellidos de aquellos jugadores que no confían en su proyecto. ¿Tendrá el trabajo serio y el juego constante su premio merecido? El fútbol no es una ciencia matemática.
En condiciones similares se encuentra un Real Betis perdido entre una afición exigente, una competencia local fuerte (el Sevilla sube el listón deportivo a niveles inalcanzables por esta plantilla) y una presidencia de quita y pon, con aires caciquiles y con una actitud de ruptura total con la grada. Los problemas del equipo sevillano no comienzan esta temporada. Su trayectoria, llena de luces y sombras, no ofrece ninguna garantía. Todos los comienzos de temporada son una incertidumbre para una plantilla con un entorno de trabajo complicado.
En las últimas ocho temporadas el club ha experimentado un descenso a Segunda División (1999-2000); un ascenso a la Categoría de Honor (2000-2001); se clasifica para la UEFA tras quedar en sexto lugar la temporada 2001-2002; cuarto en la Liga y campeón de la Copa del Rey (2004-2005); pierde la Supercopa de España, queda eliminado de la Liga de Campeones y la UEFA y Manuel Ruiz de Lopera abandona la presidencia en favor de Pepe León -el hombre de paja- (temporada 2005-2006); y el equipo despide a Javier Irureta y Luis Fernández una misma temporada en la que el equipo se salva del descenso en el último partido (2006-2007). No encontrarán una montaña rusa mejor equipada.
Esta campaña el panorama no es diferente. Vuelta de Lopera a la presidencia, contratación de Héctor Cúper para dirigir el barco, comienzo titubeante en el campeonato doméstico, destitución del entrenador argentino, pitos, pitos y más pitos. Los números explican la convulsión constante: 18º clasificado; 16 jornadas con 4 victorias, 5 empates y 7 derrotas; 17 goles a favor y 23 en contra; 17 puntos. Las estadísticas confirman la misma esperanza que con el Deportivo de la Coruña: el Betis está a sólo 4 puntos de la octava plaza ocupada por el Mallorca, un equipo en un estado de forma interesante.
El análisis del Deportivo y el Betis confirma la importancia de la regularidad en los partidos como local. El equipo sevillano ofrece menos alternativas en el juego, parece más espeso, le cuesta llevar la iniciativa en ataque, no genera ocasiones de gol, pero lleva tres puntos más que los chicos de Lotina. De ocho partidos en casa, 3 victorias, 2 empates y 3 derrotas. 6 puntos más que el equipo gallego. Por ahora, pese al juego más alegre y dinámico del Deportivo, el Real Betis está más cerca de la salvación que el club coruñés. De todas formas, a ambos les queda mucho camino por recorrer.
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