- Voy a desaparecer, las palabras que nunca escribo no merecen la pena. Y las que he escrito salen volando como las hojas del mísero otoño pasado... Ya ni me acuerdo si hubo un verano.
- ¿Como vas a desaparecer? Si aún te puedo ver...
Es que ya no soy yo. No sé qué soy porque no me miré esta mañana al espejo. Ahora voy por una autopista a toda velocidad, llevo puestas mis gafas de sol pero está nublado. Es una recta larga y piso aún más el acelerador, hasta que la punta de la suela se desgasta. Me gusta conducir, ella lo sabe, pero esta es mi última vez, voy a desaparecer. Así. Conduciendo. Lo que más me gusta después de escribir y hacer el amor... aunque para mí siempre han sido la misma cosa.
A menos de un kilómetro la carretera hace un giro a la izquierda, pero mi coche no lo va a hacer, hoy no. Acelero hasta que a la aguja del velocímetro le cuesta recordar si siempre ha sido recta o alguna vez fue torcida, como algunos años de mi existencia. Acelero y el asiento vacío del copiloto tiembla como un pliego de papel, uno cualquiera, el que más rabia te dé de los escritos que aún se guardan celosos en mis libretas.
500 metros.
Agarro con fuerza el volante con falsa funda de cuero. Han habido tantas cosas falsas en mi vida que cuando las sumo todas dan como resultado una resta.
400 metros.
Me estiro en el asiento como cuando conducía mi bicicleta de carreras y oponía poca oposición al viento. Entonces no le tenía miedo a nada, luego sí, pero ahora es distinto, los tiempos cambian y estar solo te hace más duro, ya no temo a nada.
300 metros.
Aquella chica me dijo que tenía unas manos maravillosamente desproporcionadas, como de mayor tamaño de lo habitual. Yo ya no sé qué meter en el saco de lo habitual.
Y sé que no hay nada que pueda decir para cambiar... *
200 metros.
¿Es difícil entender que estoy incompleto?*. El volante tiembla y la música retumba entre mis dientes, a todo volumen, mientras una botella de whisky vacía rueda por el suelo.
100 metros.
Me quito el cinturón, suelto el volante y espero el momento. Cierro los ojos.
cero.
Mi coche se sale de la carretera a toda velocidad y da unas vueltas de campana levantando arena, polvo y grava, ya no es del color del
champagne, ahora parece un gigantesco tronco de una chimenea envuelta en llamas. Pero estoy vivo, milagrosamente vivo. Si no lo estuviera no podría estar escribiendo esto.
No temo a nada.
No temo mantenerme vivo, no temo caminar por este mundo solo (o muerto)*.
De modo que me doy la vuelta...
... y nazco de nuevo.
* frases en cursiva con asterisco traducidas de la canción "Famous Last Words"