Por Juan F. Cía el 11-Nov-2007 |
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La Juventus de Turín ha conseguido finalmente un empate en su visita al Parma (2-2). El estadio Ennio Tardini ha vivido un día de luto por la muerte de un aficionado de tan sólo 26 años, Gabriele Sandri, en un área de servicio en la autopista A1, cerca de la localidad de Arezzo, por el enfrentamiento de aficionados laziales y juventinos antes del encuentro Inter de Milán-Lazio, partido suspendido al igual que el Atalanta-Milán AC y el Roma-Cagliari por los altercados con los violentos.
Violencia. Cuando esta llega al fútbol lo transforma todo. Lo pervierte todo. Un policía implicado en el enfrentamiento disparó fortuitamente su arma que impactó sobre este aficionado (fuentes policiales desmienten esa noticia). Resultado final: una persona que iba a ver el fútbol acaba en la morgue. ¿Ustedes le encuentran algún sentido? Además los energúmenos han asaltado el CONI (Comité Olímpico Nacional Italiano).
Tres partidos suspendidos y el resto atrasados 10 minutos por un luto negro, muy negro. Hasta aquí lo sucio, lo muy sucio, tan sucio que no merece la pena. Pero los violentos nunca pueden paralizarlo todo. No son tan grandes ni tan influyentes. En Italia seguirá habiendo fútbol por siempre, a pesar de la chusma. Sólo nos hace falta un desinfectante potente y eso es trabajo de presidentes, jugadores, autoridades, periodistas y afición.
¿Tienen los rivales del Inter de Milán suficiente entidad para competir por el Calcio? Si atendemos a lo visto en el Ennio Tardini, la Juventus no es un perseguidor fiable. Tiene dos problemas de inicio: 1) Claudio Ranieri: a pesar de los años y la experiencia sigue anclado en los mismos gestos perjudiciales y 2) Ni los dos centrales ni los dos mediocentros saben los que es una pelota.
El entrenador italiano de la Juventus no cede en sus ideas. Lo que sería una virtud, lo convierte en una desventaja casi insuperable. Sigue apostando por centrales duros en el marcaje, buen juego aéreo y rápidos en el corte, pero sin capacidad para sacar el balón jugado. Ni Nicola Legrottaglie (un gol) ni Giorgo Chiellini tienen esa característica en la salida del juego.
Los dos mediocentros tienen capacidad de sufrimiento, buenas virtudes defensivas, siempre están bien colocados y presentes para apoyar a sus centrales, pero ni Cristiano Zannetti ni Antonio Nocerino son creativos, imaginativos, despiertos para el último pase, dañinos, rápidos… Sin chispa en el centro del campo, el equipo queda en manos de la pólvora de los delanteros. Pero a veces el bizcocho no tiene levadura.
David Trezeguet, Alessandro Del Piero, Raffaele Palladino y Mauro Camoranesi no comparecieron ni en la primera parte ni tampoco en la segunda. Para ellos fue día de descanso. Y ahí está parte del problema: ni Tiago Cardoso, ni Hasan Salihamidzic ni Vicenzo Iaquinta (un gol) fueron titulares. Tal vez por falta de rendimiento durante todo el campeonato. Ellos le dieron oxígeno al equipo. Ellos fueron el plan B.
Al final, los juventinos casi noquean al Parma. Hasta el segundo gol del equipo local y la salida de Salihamidzic, el Parma mantuvo un dominio apabullante (en función de sus posibilidades). Bastaron un mediocentro titánico, Stefano Morrone (22 años), y varios delanteros de gran movilidad como Ferreira Da Silva Reginlado, Andrea Gasbarroni (un gol de penalty) y Andrea Pisanu (un gol) para desestabilizar la presunta estabilidad conseguida con dos mediocentros defensivos y dos centrales duros.
Y esto sí es fútbol. Los violentos no lo habrán disfrutado. Para ellos esto que nos anima, nos motiva, nos enamora a unos, es simplemente una excusa en sus vidas para odiar, asaltar, golpear, matar aún más. Ya digo que sólo es una cuestión de desinfectante, de matacucarachas. Voy a ver si encuentro algún bote en el armario.
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