Me hace gracia la ingenuidad de los pequeños. Como muchos sabéis hace ya casi seis meses dejé de fumar, ha sido este un proceso de ?desintoxicación?, que ha seguido mi hijo pequeño con mucho interés. Hay que tener en cuenta que desde que nació, siempre vio a un padre con un cigarro a cuestas, no me conoció de otro modo y por eso le extrañó tanto que yo dejara ese hábito. No ha parado de preguntar. Ahora, ya tiene mucha información sobre el tema. Sabe que, más que hábito es vicio y me dice que ni se me ocurra volver a fumar, es el primero que me anima a seguir adelante. . Sin embargo, todavía hay cosas que le ?chocan?. Desde que dejé de fumar he sufrido dos resfriados, leves pero sonoros, y con todas las molestias típicas?., estornudos, toses, profusión de kleenex, etc., etc., etc. En las dos ocasiones, la pregunta-afirmación de mi chaval, no se hizo esperar: ?Yo creía que al dejar de fumar, ya no ibas a toser, más?... Que es algo así como decir que, al dejar el tabaco, ya seré inmune, ya no estaré enfermo nunca, jajaja. ¡Que hermosa candidez! . Pues bien, dándole vuelta a esta experiencia de mi hijo, la quiero comparar, salvando todas las distancias, con la tremenda ingenuidad que sufren algunos adultos para los asuntos de la fé; porque muchos, aún conservan una percepción de la misma, demasiado infantil. Lo curioso del caso, es que muchos falsos tópicos que hoy circulan por nuestro mundo, son aceptados por ?el gran público- como verdades absolutas; y somos muchas veces, los creyentes los que nos encargamos de airearlos y confundirlos con la verdad; desvirtuando así, por esa mencionada inmadurez, la religión misma. . Extrapolemos pues, ese ?si dejas de fumar, no te vas a enfermar? de mi niño, por el de ?Solo por ser cristiano, estoy libre de pecado y por lo tanto, estoy automáticamente salvado.? que le oí hace poco a un amigo mío?.: Tan falso es una cosa, como otra, porque: ?fé sin obras es fé muerta?.
El creer en Dios o sentirse miembro de la Iglesia, no libra a nadie del pecado, ni de la tentación. Es más, todos los grandes santos fueron tentados, algunos de forma brutal y hasta su muerte, como el Padre Pío.
Y por supuesto, también hay que afirmar rotundamente, que la religión tampoco libra a nadie, del dolor, la enfermedad y la muerte. Ahí está el ejemplo más reciente de Juan Pablo II, uno de los amigos más fieles de Dios, que no se privó de nada: atentados, enfermedades, operaciones, y una larga y costosa agonía, hasta su final. Por eso, el que "esté en la religión", persiguiendo esas inmunidades, está tremendamente equivocado y además provocará la hilaridad y el desprecio de todos aquellos que alguna vez pretendimos convertir.
. Los creyentes adquirimos en Dios, la esperanza de un mundo mejor en el que reinará el Amor para siempre; y tenemos también la fuerza de la fé, la gracia, para soportar todos los envites de la enfermedad y la tentación, pero de nada estamos exentosy si no peleamos, si no cuidamos, si no maduramos nuestra fé?.., acabaremos perdiéndola irremisiblemente. . Una cosa es ser ingenuamente inocentes como las preciosas almas infantiles y otra muy distinta, permanecer ignorantes por pereza u omisión y elegir ser eternamente inmaduros; esas actitudes, ética, religiosa y humanamente no son válidas. Creer no nos exime de mantenernos en guardia, ni de procurarnos una fé mucho más adulta. La fé, como todo lo que está vivo, crece, avanza y prospera mediante el alimento diario y esa es una pre-ocupación que exige cierta voluntad y algún esfuerzo. Esos niños defraudados, esos mayores descreídos de hoy, son todos aquellos que se quedaron con la fe del catecismo de Primera Comunión. Los que todavía buscan respuestas complejas en aquellos conceptos básicos; los que no han crecido, los que, después de tantos años insisten en meterse en aquel precioso traje blanco de antaño? y eso ya es imposible. . Por supuesto, después de verme enfermo, todavía tuve que explicar a mi hijo, que aunque el dejar de fumar era muy bueno porque evitaba riesgos de contraer determinadas enfermedades, en ningún caso, me dejaba totalmente libre de poder contraerlas en algún otro momento de mi vida. El dejar el tabaco no me hace invulnerable, ¡como Superman!, jajaja., pero sí me hace, más dueño de mi vida...., como mi fé.