Por ARCENDO el 31-Dec-1969 | . Indudablemente, DIOS habla. Por supuesto lo hace a través de la misma vida, de su belleza, de la armonía de las cosas, de algunos gestos que nos muestran cariño y lo hace también, de manera clara, de algo mucho menos?. ?abstracto?, de algo que es más evidente y perogrullesco, de su Palabra misma, es decir de la Escritura, del Evangelio. Esa es mi experiencia y así la cuento. . Y es que últimamente, las lecturas de la Misa, que después de la misma, releo con delectación, están siendo para mí, en este tiempo pascual, una fuente inagotable de buenas inspiraciones y mejores propósitos. Hoy, quiero contaros, concretamente, dos de los ?soplos? más sugerentes que he tenido, y que en parte, están marcando mis pensamientos en estos últimos días. . La primera lectura a la que hago referencia creo que es la del domingo pasado (Jn 20, 24-29) Se trata de aquel pasaje en el que, Jesús le pide al incrédulo Tomás, que meta sus dedos en sus llagas para que acabe siendo partícipe de la resurrección, para que tenga lo que Él viene a traer: ?Paz a vosotros?. Pues esta sencilla historia, corta pero llena de profundidad y sentimiento, es la que hoy me hace reflexionar personalmente, sobre las ?llagas? que hoy tiene el Cuerpo de Cristo. Porque hoy, a más de 2000 años de aquello, Cristo sigue teniendo todas las heridas abiertas, y sufre?, en los que sufren, ya sean más lejanos o más cercanos, da igual porque todos son prójimos. Esa lectura también me hace reflexionar y reconocer que muchas veces, esas dolientes heridas, en el Cuerpo de Cristo de hoy, que es la Iglesia, las provoco?, yo mismo. Eso pasa cuando no soy fiel, cuando no ayudo a los demás, cuando paso de consolar, de echar una mano, de ser diligente, de regalar una sonrisa.; y por supuesto más lacerantemente cuando hago un mal gesto, cuando provoco un desencuentro, cuando hago, por voluntad propia, algo que sé que no está bien. Y el caso es?, que mientras no me atreva a reconocer esas llagas, a meter mi dedo en ellas para intentar sanarlas; mientras no llegue personalmente a creer, si quiera en la posibilidad de la resurrección, nunca voy a tener verdadera Paz. Una vez más, me empapo de la evidencia y me convenzo que de mi depende mucho, la curación de los males del mundo. De mi actitud, de mi fé. Aumenta pues, Señor mi fé, para que yo, como Tomás, pueda caer rendido a tus pies, recitando esas sinceras palabras de perdón y reconocimiento, ?Señor mío y Dios mío?. Esa es la primera de las meditaciones recurrentes que estos días me ando haciendo y que ahora comparto con vosotros. . La segunda lectura, es también muy pascual. Es la de los discípulos de Emaus. (Lucas 24, 13-35). Al margen de la ?ceguera? de aquellos dos desencantados, algo descreídos como Tomás; a mí, me anima mucho saber y constatar con este pasaje, aquello de que ?cuando dos o más se reúnen...? hablando de Él, aunque sea de forma invisible y misteriosa, Él se hace realmente presente entre ellos, aunque, en principio, no lo reconozcamos, -hasta que parta el pan para nosotros.- Probablemente por esa causa?, también, Santa Teresa, mujer recia y además doctora de la Iglesia, animaba asimismo -a los cristianos de toda condición y en todo momento-, a reunirse para hablar de Jesús, para que ?Él se hiciese presente entre ellos?? No es mala cosa, hacerlo y hacerlo con frecuencia. . Acogido pues, a esas inspiraciones, tanto del Evangelio como la de la Santa de Ávila, quiero enlazarlas directamente con la próxima reunión de blogueros, que ya anunciaba Angelo desde su blog hace unos días (Ver enlace) No quiero acabar sin hacer mención de mi deseo, que estoy seguro será el de todos los asistentes. La intención convertida en oración es, sin duda, tener a Jesús tan presente en ese inminente encuentro, como lo está cuando hablamos de Él, en cada uno de nuestros blogs. En definitiva.., ¡Que Dios nos siga hablando, también a través de nuestros amigos y que nosotros sepamos transmitir siempre, su amorosa voluntad! Espero de corazón, que así sea. . * * * . Y hoy acabo con esta música, porque a parte de gustarme mucho, para alguno de los asistentes y para mí, en particular, tiene alguna significación adicional. Abrazos a todos, en la emoción de la espera.
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