
Un revoleo de ojos gelatinosos
me conduce a una sensación
oblícua, casi de ensueño
y relajo total.
Entrego mi cuerpo al calor
y dejo que mis escasos pensamientos
se derritan frente a los poros
de esta pared amarilla que me mira
con ganas de pelearme.
Pero no le daré el gusto:
hoy me dejo ir, fluye mi
cuerpo libre de ataduras y
convencionalismos arbitrarios
impuestos por las redes sociales
y vago por el mar de mareas
donde las olas mezquinas y dientudas
buscan morderme y contagiarme
su rabia
¿me importa? No.
Y sigo acariciándome con las pestañas
ya largas y peinadas
causándome un placer indescriptible
dejando que tu imagen penetre mi
flotación y me invada hasta que
caiga rendida ante los ojos del hipnotizador.
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