Por José David López el 23-Jan-2008 |
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Hay días en los que uno levanta el sueño entre tristezas, en la sombra de haber perdido a uno de aquellos nombres que nos impulsan hacia la superación en cualquier ámbito diario. Uno de los iconos que, desde la infancia, despiertan el interés por algo más que la pelota sobre el césped, de los que te hacen disfrutar más allá del mundo futbolístico y pasar un rato agradable sentado (como en un estadio) sobre una butaca, aunque con las luces apagadas. Al igual que unos perdemos ese referente, hay quien gana cualquier otro en el momento menos esperado.
En las calles de El Cairo, entre los ruidos del mercado, los jóvenes egipcios se amontonaban desde la madrugada buscando una camiseta del que es, desde ayer, su particular ídolo, ése que ya no se les podrá quitar de la cabeza con sus faraónicas diabluras: Mohamed Zidan.
Y es que en el recuerdo de aquellos que gritaban su nombre, siempre quedará una lección de fútbol, de credibilidad y de fe en un trabajo constante que ya había dejado frutos hace dos años y que amenaza con repetir en una versión mejorada. Egipto mostró todo eso y más en su estreno dentro de la Copa África, donde defiende título y dignidad, ya que muchos (entre los que me incluyo en algunas cuestiones), vieron su victoria en 2006 inmerecida por varios factores que cayeron de su favor como a todo anfitrión.
Sin embargo, defenderé por siempre el desempeño de un gran profesional como Hassan Shehata, el único seleccionador que puede conseguir dos títulos consecutivos con la misma selección. Esa opción ya habla de la regularidad de un proyecto que, además, ha sabido esperar sus éxitos y prolongar el trabajo que ya se hizo años atrás. Y es que al contrario que la gran mayoría de selecciones presentes en esta CAN Ghana 2008, Egipto conserva el cuadro técnico. Sin ir más lejos, su rival (Camerún), hace apenas unos meses cambió de plan al contratar a Otto Pfister, un ejemplo más de una práctica (la de cesar a los seleccionadores que logran alcanzar las fases finales) que los países africanos suelen realizar en vísperas a grandes acontecimientos. Una ventaja que evidencia una buena organización federativa.
Dentro de ese paseo de los Faraones, destacó la aparición de Zidan, un jugador distinto del que ya habíamos avisado en las previas, pero del que podíamos esperar cualquier cosa también en el aspecto negativo, puesto que lleva un año bastante negro. El habilidoso atacante del Hamburgo no ha explotado en el AOL Arena, pero sí lo hizo en su cesión al Mainz, donde dejó una galería de jugadas en los que su velocidad, atrevimiento y verticalidad se aprecian al instante
El ídolo egipcio tiene una extraña trayectoria ya que comenzó con sólo 17 años en Dinamarca (tiene doble nacionalidad). Allí, durante cinco años defendió al Aalborg, para pasar un año al Midtjylland, donde terminó de explotar antes de que le llamaran del Bremen, su trampolín en Europa. Ayer, en su regreso a la selección, ya que tuvo serios problemas con Shehata que le tuvieron apartado, los volvió a plasmar sobre el césped para evidencia del mismísimo Eto´o.
Así pues, con Abu Treika (atentos a su zurda), Motaeb, Zaki, Fathallad y, por supuesto, Zidan, el andar faraónico ha cogido fuerza y amenaza con enloquecer, aún más, a sus seguidores, muchos de ellos buscando el reflejo del quien será su referente, su ídolo.
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