Por CAMINO MISIONERO el 11-Apr-2010 | Publicado por Entra y Verás
Foto 0 en Domingo II de Pascua: Tomás se explica: pega esta imagen en tú pagina, Foro, Myspace o Ebay con este código...
 Original texto el que se nos presenta para este domingo. Como bien dice el título "Tomás se explica". Lee lo que dice y luego saca tus conclusiones. En Tomás podemos vernos identificados muchos seguidores de Jesús. Tengo que hablar con esos ?evangelistas?, escribas de las predicaciones de mis colegas, flamantes catequistas de esas comunidades que van surgiendo por todo el orbe conocido, para pedirles, o darles mejor, alguna explicación sobre el bello arte de la literatura. Aparte de unas cuantas reiteraciones que deberían estudiar y repensar mejor, además de muchas faltas de estilo, y tantos otros fallos, eso de que nos propongan a los apóstoles como meros comparsas, que nos presenten ignorantes y estúpidos, para dejar bien en claro la maravilla de la doctrina del Señor, es algo que no llevo a bien. Al fin y al cabo somos los pilares, los que hicimos que el mensaje de aquél que no salió de su pequeño e insignificante terruño, fuese conocido en todo el orbe conocido.
Al fin y al cabo, ¿qué saben de mí?. Mi nombre aparece en las listas de los apóstoles, donde creo que se deduce que soy gemelo; creo que también me llaman Dídimo. Y creo que aparecen dos de mis frases, como si el resto del tiempo hubiese sido simplemente mudo. Al parecer una vez dije algo así como ?vamos también a Jerusalén y muramos con él? (lo dije para reírnos un poco, rebajar la tensión del ambiente? y ha dado lugar a ríos de tinta). Y también en la Cena ponen en mi boca una pregunta sobre el Reino? eso, que no recuerdo bien, lo debí decir los primeros días que estaba con Jesús, donde aún teníamos algunos sueños de grandeza y poder? Pero ¿decirlo en la Última Cena? ¿Acaso después de tres años de ver al Señor perseguido y acorralado por sus enemigos, después de haber visto tantos prodigios, podíamos seguir pensando en glorias y grandezas?. ¿No se dan cuenta de la mística que a todos nos impregnó en esa Cena?, ¿no piensan que sabíamos que no hubo profeta que no pagase con su vida su osadía y atrevimiento? ¡Tan estúpidos no éramos!
Y luego la duda, la famosa duda por la que se me recuerda en refranes, en galerías de pintura, en consejos espirituales de confesores?
¿Cómo no querían que dudase? Yo lo había visto, a distancia, sí, porque el miedo me hacía esconderme (no como Juan, ahí acompañando a María, ¡imprudente!, o como el imbécil de Pedro, que tanto se arrima al fuego la sardina?). Lo vi, llevando la cruz, lo vi expirar en el Calvario, lo vi reposando en el frío sepulcro? ¿y todavía querían que no dudase?. Histéricos como se encontraban mis compañeros, completamente idos por la brutal experiencia que habíamos vivido, ¿acaso yo los iba a creer cuando me vienen con historias de apariciones, de ángeles, de mujeres llorosas que van al sepulcro?
Si a lo largo de nuestra vida no hubiéramos puesto en duda tantas cosas que nos han contado, todavía estaríamos creyendo en caperucita roja y en el lobo feroz, en blancanieves o los siete enanitos. Todavía el hombre no habría descubierto la penicilina ni las técnicas de cultivo? y ¡tantas cosas más!.
Lo mío con Jesús no fue una duda, porque fui de los pocos que lo calé desde el principio. No era alguien más, no era un cualquiera. Tenía algo verdaderamente especial. Cuando me vinieron mis compañeros y me dijeron que estaba vivo, no lo creí porque tuviese dudas en que no fuese capaz de ser así, o dudas sobre las maravillas de Dios, yo que había visto tantas salir de las manos de Jesús; no era eso. No quería creer, porque temía que hasta en esos momentos me probase Jesús mi fe en él; que todavía esperase más de mí? Quería tanto que fuese verdad, que me dolía el temer que no lo fuese.
A ti que me lees ahora? no temas creer, aunque duela llevarse tantos chascos en esta vida, tan cargada de mentiras y mentirosos. Pero cree, poniendo toda tu vida en juego, que así son las cosas con Jesús. Creer en Él no es una historia antigua que me contaron y me creí. Creer es experimentar, creer es vivir, creer es soñar y empeñarme en construir un mundo diferente, creer es jugármela? sólo cuando creas así, poniéndote tú, y toda tu carne en el asador, podrás confesar conmigo y reconocer que Él es tu Señor y tu Dios.
Santiago Marcilla, agustino recoleto. Marcilla, Navarra.
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