Por El laber el 09-Jul-2011 | Mi señora me ha descubierto los relatos de un escritor argentino, Jorge Bucay. Son relatos cortos que ilustran verdades de la vida, utilizando metáforas. Es un poco rollo new age, autoayuda y pscicología aplicada; digo yo, vamos.La verdad es como leerse un capítulo de "El alquimista", exactamente lo mismo, pero sin tener que asimilar una historia sin pies ni cabeza.
Al leerlos (o oirlos) uno siempre dice "Pues es verdad!", y hasta invita un poco a la reflexión, lo cual ya es muy bueno. De hecho, este libro de relatos se titula "Cuentos para pensar".
Uno de estos relatos, "La tristeza y la furia", narrado y bellamente ilustrado con fotos bucólicas está en el siguiente video:
Lo bueno de esto es que, efectivamente, la ira y la tristeza se confunden y van unidas. En realidad, es algo parecido a esto, siguiendo con la metáfora de Bucay:
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Pero lo auténticamente fenomenal de este relato es que sirve para juntar dos conceptos, cualquier cosa que uno quiera, e ilustrarlo con esta historia. En vez de "Furia" y "Tristeza", puedes poner "Corrupción" y "Política", "Timo" y "Desarrollo sostenible", "Tertuliano" y "Vividor", etc etc etc. En muchos caso, basta con sustituir directamente con el procesador de textos, cuidando que coincidan los articulos en género y número, y puede unos dedicarse a hacer blog crítico en serie, "y con fundamento."
Digo más, según los dos conceptos que contraponga, hasta se puede ir más lejos que el mismo Bucay, casi como si fuese una tesis doctoral (que alguien me subvencione, por favor). Así como en el relato original sólo te cuenta que
[Spoilers] A veces ver por ahí furia que, en el fondo, es tristeza camuflada [Fin del spoiler],
pero no te dice qué le pasó a la furia cuando salió del agua y se puso la ropa de la tristeza. Y mirusté, que no es menos verdad que muchas veces la tristeza esconde una gran furia en el fondo. Pero, en fin, si a Bucay no se le ocurrió mencionarlo, por algo será, que para eso es psicólogo...
Y una de mis combinaciones favoritas, que voy a contar a mi manera, voy a narrarla a continuación, en el relato original que he dado en llamar:
El Auditor y el Gilipollas
Hace mucho tiempo, en una galaxia muy muy lejana...
Érase una vez...
Una piscina pública.
Era un agua cristalina, gracias a que le ponían bastante cloro, que te dejaba la piel como en escabeche y los ojos de varias tonalidades de rojo.
A esa piscina se acercaron a bañarse juntos el Auditor y el Gilipollas.
Los dos se quitaron sus ropas, y ambos se zambulleron a hacer unos largos.
El gilipollas (haciendo el gilipollas como siempre) dio un par de brazadas e inmediatamente, dando cualquier excusa gilipollas, se salió del agua. Por el borde, sin usar la escalerilla.
Se dirigió rápidamente a las taquillas y, como es gilipollas, pero no tonto, se vistió con la ropa del auditor, que era un traje de Giorgio Armani con corbata a juego, chaleco y un maletín de cuero. Así vestido, se largó del local.
El auditor, con bastante calma y sin ninguna prisa, porque cobra por horas, se quedó en la piscina un rato más. Hizo veinte largos, y después estuvo mirando la calidad del agua y si las medidas de la piscina estaban conformes a la legislación.
Cuando salió del agua, el auditor se encontró que su ropa ya no estaba, y que en su lugar quedaban unos calzoncillos CK, unos pantalones de ir enseñado la raya del culo y una camiseta de Eminem.
Como al auditor no le gusta quedarse desnudo (bueno, y en general a nadie, excepto tal vez a Boris Izaguirre), y a las 9 tenía que ir a un seminario, se puso la ropa de gilipollas, y con ella se marchó a su vida.
Cuentan que desde entonces, uno se encuentra muchas veces a auditores que tocan los huevos las pelotas los cojones (con perdón) de una manera disparatada e innecesaria, pero que si nos damos el tiempo de rascar un poco debajo de la corbata y la carpetita clip, uno se da cuenta de que en realidad, es un gilipollas el que te está haciendo una auditoría.
Y (ahora viene lo bueno) muchas veces ves gilipollas que, no se sabe muy bien como, resulta que son auditores...
Fuerte, ese aplauso.
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