CCOO SE RADICALIZA EN EL MOMENTO MAS INOPORTUNO
Las advertencias lanzadas por Ignacio Fernández Toxo al presidente Zapatero en su primer discurso como nuevo secretario general de CCOO hacen prever el inicio de una etapa más turbulenta entre el sindicato y el Gobierno . Toxo calificó de «pírrico» el incremento que el Ejecutivo se propone aplicar al salario mínimo interprofesional, exigió un mayor control de los expedientes de regulación de empleo y criticó la reforma de la Ley de Extranjería aprobada el viernes por el Consejo de Ministros. «Estaremos mucho más en la empresa y en la calle si esto es necesario», precisó.
Sus palabras recuerdan, inevitablemente, a las que pronunció hace una semana Cayo Lara también en su discurso de investidura como nuevo líder de IU, en las que apeló a la huelga general. En el fondo, los nombramientos de Lara y Toxo significan una radicalización de las organizaciones que están a la izquierda del PSOE, más preocupante en el caso de CCOO, dado que se trata del primer sindicato del país y sus decisiones pueden tener mayor trascendencia en la actual situación de grave crisis económica.
Es de suponer que en esta etapa conflictiva Zapatero podría haberse entendido mejor con el saliente José María Fidalgo, ferviente partidario de la moderación y del diálogo social, y protagonista de acuerdos decisivos con el Gobierno, la patronal y UGT. Es muy elocuente del talante constructivo de Fidalgo que no tuviera ningún reparo en llegar a pactos cuando quien gobernaba era José María Aznar.
Si ya advertimos tras el último Primero de Mayo que Zapatero podía haber vivido la última celebración tranquila del Día del Trabajo, la llegada de Toxo a la secretaría general de CCOO nos ratifica aún más en aquel pronóstico. No debe pasar desapercibido que entre los primeros mensajes de Toxo esté también el de la colaboración con UGT y la «unidad de acción».
El cambio en CCOO, que se ha decidido por sólo 28 votos de entre el millar de delegados, crea dudas en cuanto a que la organización tenga la flexibilidad suficiente para el diálogo social y no sea un obstáculo en los meses difíciles que se avecinan. Pese a las predicciones optimistas de Zapatero en el sentido de que a partir de abril se creará empleo, es muy probable que entonces la situación haya empeorado y ni siquiera la crisis haya tocado fondo.
La seriedad de las organizaciones sindicales españolas ha ayudado a la recuperación y al progreso económico del país en los últimos años de bonanza. Esa o mayor responsabilidad es la que habría que pedirles ahora en una situación adversa, porque el entendimiento con el Gobierno y el resto de agentes será necesario en una inevitable escalada de la conflictividad social. Más que nunca van a hacer falta líderes con altura de miras.
EL TOCOMOCHO GLOBAL DE MADOFF
A medida que se conocen nuevos datos sobre el caso Madoff, mayores son los indicios de que este tocomocho mundial pasará a la Historia como el paradigma de los defectos y lagunas del capitalismo financiero. Bernard Madoff se apoyó en estrechos colaboradores como Walter Noel para extender una red de sociedades gestoras de fondos destinadas a selectos inversores a los que ofrecía un producto financiero opaco, pero supuestamente susceptible de generar una rentabilidad del 10% con independencia de la evolución de las Bolsas. Ahora sabemos que el método Madoff era una versión planetaria del método Ponzi, una estafa piramidal que consiste en retribuir los beneficios de unos inversores con el dinero de otros.
¿Pero cómo es posible que ni los consejos de administración de las entidades engañadas, ni los supervisores, ni los auditores se percataran antes de un fraude mundial de al menos 37.000 millones de euros, que en España ha afectado a decenas de clientes del Santander -2.330 millones evaporados-, al BBVA -300 millones de su tesorería invertidos- y a inversores experimentados como Alicia Koplowitz, Juan Abelló, los Hohenlohe, la familia Súñer, o los Lladró? Más aún, ¿cómo es posible que nadie se apercibiera del engaño, a pesar de que la periodista Erin Arvelund ya denunció en 2001 que quien pasaba por ser uno de los financieros más respetados de Nueva York era un estafador, y a pesar de que Madoff fue denunciado en 1999 y en 2005 ante el regulador estadounidense?
La entrevista en exclusiva y el perfil que publicamos hoy en MERCADOS sobre Andrés Piedrahita, el hombre de Madoff en España, permite entrever hasta qué punto el boato, la apariencia y el falso prestigio constituyen a veces los puntales de la economía financiera. Piedrahita es uno de los cuatro yernos de Walter Noel. El y sus cuñados se repartieron el mundo como si se tratara de las divisiones de una multinacional dedicada a colocar fondos Madoff. Ahora, asegura que ha sido «una de las principales víctimas» de este timo de la estampita en versión Wall Street y, por tanto, que ignoraba cuál era la fórmula del éxito de un sistema de inversión que le ha permitido llevar un tren de vida por todo lo alto: avión privado, mansiones en Londres, Nueva York y Miami, una lujosa residencia en Puerta del Hierro, vacaciones en un yate de 50 metros y -lo que resultaba fundamental para su negocio- acceso a las élites financieras.
Piedrahita repartía confianza a base de opulencia y de una aparente rentabilidad que al final ha resultado humo. Su gestora, Fairfield, llegó a ganar 150 millones de euros anuales sólo por las comisiones de la venta de fondos contaminados. Víctima o victimario, «tan engañado como Botín» -según él- o compinche, una pregunta flota en el aire: ¿Es el caso Madoff una excepción en el sistema?
El 'caso Klar', paralelo al 'caso De Juana'
La liberación tras 26 años en la cárcel de Christian Klar, último líder de la banda Baader-Meinhof, ha generado una polémica en Alemania cuyos ecos son conocidos en nuestro país. Esta excarcelación recuerda a la de etarras sanguinarios que, como De Juana Chaos, han salido de prisión sin arrepentirse de sus crímenes. El caso Klar vuelve a poner sobre la mesa un debate no resuelto: ¿Pueden disfrutar los terroristas no reinsertables de las garantías que ofrece el mismo Estado de Derecho que han tratado de destruir? Sobre esta cuestión arroja luz hoy en nuestras páginas Edward Fitzgerald, uno de los mejores penalistas de Reino Unido y, paradójicamente, abogado de oficio de De Juana, que intenta impedir su extradición a España. Su opinión es taxativa: «Sólo deben tener posibilidad de salir [de prisión] si se arrepienten y han dejado de ser un peligro para la sociedad».
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